¿Has estado alguna vez en un laboratorio de robótica? Yo sí, los he visitado en diversos lugares del mundo, gracias a dos factores a) mi fascinación por las máquinas, b) el interés de los creadores de tales máquinas por mejorarlas (aunque siendo sincero, y c) a las becas de investigación que permiten semejantes encuentros). Pero algo no encaja en todo esto: soy un filósofo ('pepito filosofillo', como me llama un amigo investigador computacional), un tipo de especialista que normalmente nadie asociaría con robots. Bueno, no es del todo cierto: con frecuencia ciclotímica algún filósofo enarbola una bandera anti-tecnológica alertando de los peligros de la robótica, las máquinas y la tecnología con respecto a la supervivencia de la especie humana. Y siempre se añade la manida apostilla "la técnica deshumaniza al ser humano". Ese es el papel clásico de los filósofos con respecto a estos temas. Patético y desinformado, sin lugar a dudas. Pero ese no es mi caso. Yo amo la robótica y las disciplinas que están involucradas en su desarrollo. No es una parafilia, es algo que puedo argumentar. Pero volviendo al tema que me ocupa hoy, los robots, propongo consideraros desde dos perspectivas complementarias.

Robots i Vallverdú

En primer lugar, los robots son el campo de pruebas de lo que sabemos sobre el ser humano. Cuando se defendía erróneamente que los humanos eran mentes pensantes que funcionaban mejor si se aislaban de sus emociones descubrimos que somos máquinas emocionales en las que mente y corazón, por usar dos términos metafóricos clásicos, son indisociables. Mr. Spock no puede existir, no sobreviviría a la infancia, pero tampoco se reproduciría, ni sería social. De manera que no tendría lenguaje. Lo mismo sucedió con la inteligencia, incluso la más formalizable: en el Darmouth College de 1953, donde nació la Inteligencia Artificial (IA), se creía que en pocos años una máquina sería capaz de ganar al ajedrez al mejor experto; lo hizo, sí...pero en 1997 (Deep Blue vs. Gary Kasparov). También se pensó que la visión artificial sería algo relativamente asumible, y a pesar de ciertos éxitos todavía andamos tras ello. Incluso aspectos más mecánicos, como el caminar o el agarrar objetos, se han demostrado realmente complejos (me remito al escape nuclear del 2011 de Fukushima donde los robots no podían operar, y menos los humanos con garantías de supervivencia) e inabastables con los sistemas actuales. En fin, todo lo que pensábamos sobre el funcionamiento del cuerpo y mente humana era falso y además mucho más simplista de lo que encontramos en el mundo real. Los robots, por tanto, han puesto aprueba nuestras ideas de los humanos e incluso de lo vivo. Esto explica la expansión de aproximaciones nuevas a lo cognitivo aunando lo corporal, lo técnico y lo social: cognición situada, cimentada, aumentada, extendida, morfológica, epigenética, colectiva...

En segundo lugar, los robots son el horizonte sobre el que proyectamos nuestros sueños y aspiraciones. Es decir: en su diseño aspiramos a alcanzar nuestras metas prohibidas: la exploración espacial, por ejemplo, tiene un grandísimo coste corporal además de ético. Pero los robots la pueden hacer por nosotros. También las investigaciones en robótica están permitiendo que los humanos puedan diseñas recambios o ampliaciones de sus propias estructuras biológicas: me remito a las prótesis inteligentes (¡¡¡¡¡realmente lo son!!!!!), a los exoesqueletos, a los complementos tecnológicos que permiten que veamos mejor, rendimos más o seamos más resistentes. Hablo de transhumanos, de cyborgs, de nuevas posibilidades para los cuerpos y las mentes extendidas de los humanos.

Por todo ello me dedico a la robótica: a su teorización, a su modelización emocional, a los retos cognitivos y filosóficos de la misma. Todo está por hacer, por descubrir, por desarrollar. Un mundo nuevo donde humanos híbridos y máquinas inteligentes van a coexistir. De hecho, ya lo hacen. Hay agoreros de la apoclasipsis de la singularidad, algunos insignes como Stephen Hawking o Elon Musk, neoluditas selectivos que viven plenamente en entornos altamente tecnologizados. Una contradicción penosa.

Y finalizando mi reflexión, te propongo una pregunta: ¿sabes dónde fabrican algunos de los robots humanoides de tamaño real más completos del mercado? No en Japón, ni Estados Unidos o Corea... sino en Barcelona. Fue grande mi sorpresa cuando descubrí una pequeña pero ingeniosa y activa empresa de robótica en esta ciudad: Pal Robotics. En estos momentos tienen tres grandes productos, dos humanoides (Reem y Reem-C) y un sistema de control 3D (Stockbot). Ante tanta especulación y exceso de ladrillo, la corrupción, el politiqueo barato y el dinero negro encontramos un proyecto audaz fundamentado en el trabajo duro, la inteligencia y el apasionamiento empresarial. Esta empresa es el ejemplo de cómo se levanta un país: con talento y trabajo, sin esperar a que vengan o no turistas a gastar sus ahorros en nuestros bares. Esto es generar conocimiento. Tan sólo les deseo lo mejor en un entorno hostil a la innovación y a la creatividad. Porque además, mientras hacen sus robots, el intento por conocernos mejor perdura y se torna un reto activo. Los robots son nuestra propia lección hecha metal de humildad. Te dejo, que tengo que trabajar en otro artículo.

Enlaces recomendados:
• Pal robotics: http://pal-robotics.com/es/
• La competición más avanzada de robótica multitarea: DRC challenge, http://www.theroboticschallenge.org/teams
• Los datos más actuales y completos sobre robótica en el mundo: http://www.worldrobotics.org/

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Jordi Vallverdú
Jordi Vallverdú

Profesor del Departamento de Filosofía de la Universitat Autònoma de Barcelona.

Especialista en Filosofía de la Ciencia y de la Computación, Sistemas cognitivos y Emociones.

Publicaciones: 

https://www.researchgate.net/profile/Jordi_Vallverdu

https://uab.academia.edu/JordiVallverdu

Sobre este blog

La ciencia no tiene secretos, somos nosotros los que no entendemos la realidad. Lo demás son confusiones interesadas o pocas ganas de saber. Este filósofo de la ciencia y la computación te llevará a lugares absurdos, fascinantes, hilarantes y tal vez descorazonadores de nuestro mundo actual, salpicado de máquinas y números. No apto para personas demasiado seguras de sí mismas o apegadas a algun "-ismo" mágico.

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