Es lógico cuantificar a la ciencia, que todo lo cuantifica. Tras siglos de subjetivismo y mucha libertad académica, si nos ceñimos a los modos de evaluar a los buenos y malos investigadores, a lo largo del siglo XX se diseñaron diversos mecanismos para evaluar la calidad investigadora (la docencia nunca ha contado demasiado...). Antes de seguir con el texto recomiendo a cualquier historiadora/historiador de la ciencia con acidez estomacal que no continúe leyendo. Bueno, pues en pleno fervor cuantificador pareció normal poner números a la producción científica. Pareció lógico pensar que una idea era buena en cuanto la comunidad a la cual se dirigía la aceptaba como tal y la retransmitía de forma sistemática. De este modo las publicaciones devinieron moneda de cambio en la economía epistemológica. A mayor número de publicaciones aparecidas en mejores revistas y con un mayor número de citaciones, el investigador era considerado mejor profesional. Pero bueno, es fácil ver que alguien puede ser citado por sus amigos, por estar equivocado o simplemente porque está de moda y es algo así como un elemento de cortesía/respeto citarlo. También puedes verte obligado a citar a alguien simplemente porque un revisor de una revista exige (perdón, quería decir sugiere...) al autor que lo haga. Sea cual sea la casuística, lo cierto es que publicar es lo más importante para los académicos hoy en día. Consecuentemente hay toda una taxonomía de revistas físicas o virtuales y editoriales que dan fe de la frenética de la academia. Todo queda perfectamente explicado por el lema publish or perish, que los miembros de la academia llevamos tatuado por hierro candente en nuestros lóbulos frontales. El sistema límbico sufre lo suyo.

Claro está, esta locura 'publiquil' ha conducido a la academia a numerosos callejones sin salida, siendo el más importante la avalancha de textos que se generan por millones de investigadores necesitados de afecto institucional. Para dar cuenta de tanta publicación han aparecido múltiples editoriales, tanto físicas como virtuales que dan cobijo a esta furia de prosa académica. Han aparecido al mismo tiempo muchas nuevas revistas que se especializan en lo que la especialidad propia deja de lado, o cubren necesidades institucionales tales como "¿y nuestro departamento no va a tener una revista para enchufar nuestras publicaciones y las de nuestros amigos?". Pero dejando de lado las menos agraciadas, los grupos editoriales viven de

1. Pedir a los autores que cedan sus textos e investigaciones gratuitamente
2. Pedir a los revisores que realicen su peer review de forma altruista
3. Pedir a los editores que ejezcan por amor al arte su autoridad
4. Vender las revistas y el acceso a los artículos a las universidades y/o empresas que han generado 'gratuitamente'
5. Para evitar el punto 4, algunos gobiernos cortos de miras exigieron alegremente que toda investigación financiada públicamente tuviera acceso universal gratuito... lo que ha provocado que ahora tanto las revistas clásicas como las de open access cobren cuotas fijas a los autores del punto 1, los cuales ahora para publicar ¡¡¡deben además pagar!!!!

Evidentemente, esto tan sólo es viable para investigadores con buena financiación y que además dominen bien la lengua universal, el inglés (los demás gastarán además pequeñas fortunas buscando traductores y correctores especializados).

¿Quién ha resultado beneficiado de todo esto? Pues las empresas editoriales, es obvio. Las cuotas de acceso son tan elevadas que universidades como Harvard, realmente bien financiadas, se encontraron ante el problemas de no poder hacer frente a los cada vez más elevados costes relacionados con el acceso a las publicaciones. E incluso se ha planteado el boicot a algunas plataformas editoriales por los mismos motivos. Bueno, los beneficios de las grandes empresas del sector son descomunales: Elsevier, según The Economist, tiene unos beneficios netos del 36 % (casi 924 millones de euros)... pero Wiley los tiene del 40 % y Springer del 34 %. Es decir, la merecida plusvalía por servicios editoriales prestados es en realidad un abuso en toda regla. Evidentemente ha habido fuertes críticas al sector editorial....

Pero bueno, las hormiguitas del conocimiento publican, opositan y mueren felices en su lucha por mantener a las reinas madres editoriales bien lozanas. Bueno, me despido ya, que tengo que mover unas palabrillas de aquí para allá para llegar a fin de mes y de CV. 

Unos enlaces para leer más:

[1] Lo de este tipo de revistas es ya demencial por lo agresivo e inmoral: http://blog.scielo.org/en/2013/11/05/controversial-article-in-the-journal-science-exposes-the-weaknesses-of-peer-review-in-a-set-of-open-access-journals/#.VC7Yp_l_tDA. Puro mercado camuflado bajo fraternidad universal del concimiento.

[2] http://www.theguardian.com/science/2012/apr/24/harvard-university-journal-publishers-prices

[3] http://blog.biblioteca.unizar.es/investigacion/la-rebelion-de-los-investigadores-sobre-el-boicot-a-elsevier

[4] http://pages.cmns.sfu.ca/heather-morrison/chapter-two-scholarly-communication-in-crisis/ y http://libraries.mit.edu/scholarly/mit-open-access/open-access-at-mit/mit-open-access-policy/publishers-and-the-mit-faculty-open-access-policy/elsevier-fact-sheet/

[5] http://www.economist.com/node/21545974

[6] http://www.ascb.org/dora-old/files/SFDeclarationFINAL.pdf (agradezco a Víctor Cantero García que  me hiciera partícipe de esta información). Una declaración a favor de evaluar realmente la investigación, no ciertos números.

Jordi Vallverdú
Jordi Vallverdú

Profesor del Departamento de Filosofía de la Universitat Autònoma de Barcelona.

Especialista en Filosofía de la Ciencia y de la Computación, Sistemas cognitivos y Emociones.

Publicaciones: 

https://www.researchgate.net/profile/Jordi_Vallverdu

https://uab.academia.edu/JordiVallverdu

Sobre este blog

La ciencia no tiene secretos, somos nosotros los que no entendemos la realidad. Lo demás son confusiones interesadas o pocas ganas de saber. Este filósofo de la ciencia y la computación te llevará a lugares absurdos, fascinantes, hilarantes y tal vez descorazonadores de nuestro mundo actual, salpicado de máquinas y números. No apto para personas demasiado seguras de sí mismas o apegadas a algun "-ismo" mágico.

Ver todos los artículos