No, no es un chiste aunque hace años que me lo parece: hoy les voy a hablar de la ciencia china. Y el motivo de tal jocosidad, por no decir decepción escondida en ironía, es el siguiente: a los especialistas occidentales les importa un rábano la ciencia no occidental. Por ejemplo, en mi área de estudios. Hasta hace pocos años, yo enseñaba historia del pensamiento filosófico y científico, desde la antigüedad hasta nuestros días. No sé los alumnos, pero realmente yo sí que disfrutaba enseñando los rudimentos de la matemática babilónica, la astronomía hindú o la ingeniería china... hasta que a alguna mente privilegiada le pareció que el pensamiento científico empezaba en el Renacimiento europeo y borró la posibilidad de entender realmente cómo se gestaron los pensamientos científicos en la antigüedad. Es decir, entender realmente cómo funcionan las ciencias a través de su génesis y evolución. Parece un chiste malo, pero no lo es. Nuestras facultades y carreras son eurocentristas en todos los niveles (filosófico, literario, científico, artístico, social), no dejando lugar para discursos transculturales. Platón y Aristóteles, el dúo fantástico, con su legión de versiones post, neo y refundacionalistas dominan el panorama intelectual académico.

Pero bueno, no es de esto de lo que quería hablarles hoy, si bien queda apuntada la denuncia, sino más bien de algo relacionado con el pensamiento chino. Les remitiré a una pregunta fascinante: ¿por qué motivo la civilización china no experimentó un evento de cambio similar al del Renacimiento europeo? La primera autoridad que se planteó este problema fue un excepcional bioquímico y sinólogo llamado Joseph Needham (1900-1995). Sus excepcionales obras, especialmente la monumental Science and Civilisation in China (15 volúmenes, iniciada en 1954), son todavía de obligada consulta para aquellas personas interesadas en este tópico.

La pregunta que les he propuesto lleva justamente el nombre del problema de Needham. La pregunta no es baladí, puesto que objetivamente, China superó enormemente durante siglos a Europa en numerosos ámbitos tecnocientíficos.

Distancia entre Europa y China

Needham, a pesar de ser un comunista desencantado, tampoco defendía un evolucionismo historicista semejante a un determinismo hegeliano del espíritu humano. Simplemente, se preguntó por qué motivos la China tuvo la posibilidad de dar un salto cualitativo a su ya impresionante conocimiento tecnocientifico pero no lo hizo, y acabó perdiendo una lucha de civilizaciones ante una Europa mucho más retrasada y débil en numerosos aspectos. Por ejemplo, los estribos son creados en la China en el siglo III de nuestra era, si bien llegan a Europa en el VIII. Disponían de la pólvora, de la imprenta, de brújulas magnéticas, mapas celestiales detallados, de cartografía cuantitativa, de tecnología del hierro fundido y el acero, relojería y mecánica, arneses, papel moneda, ábacos, y un sinfín de cosas que les habrían permitido emprender el salto exploratorio de los mares y los cielos, e iniciar una revolución científica sin parangón alguno. Pero no lo hicieron.

Que podrían haber invadido Europa, está más allá de cualquier duda. Si los españoles enviaron tres minúsculas naves en 1492 para surcar temerariamente los mares, el Gran Eunuco «Zheng He» realizó entre 1405 y 1433 siete expediciones navales financiado por el gobierno Ming. Pongamos números a su primera expedición: 317 barcos y 28.000 hombres surcaron diversos mares en el afán de la dinastía Ming de impresionar a sus vecinos, y de paso limpiar los mares de piratas y disidentes escapados.

 

avances chinos

Viajes Zheng He

Interés cero por lo que podrían encontrar en sus visitas. Tenían todos los mejores y más avanzados medios para navegar en alta mar, además de barcos inmensos y bien equipados. Pero no hicieron como Colón ni Magallanes. Disponían con siglos de antelación de lo necesario para iniciar la revolución que los podría llevar al dominio mundial. ¿Se durmieron en los laureles? ¿Fue prepotencia?

Hay muchas co-causas que explican este problema:

Funcionariado: la base del sistema político y gestor residía en el mandarinato, en el acceso a cargos mediante oposición funcionarial. La rigidez de los exámenes y el control estatal permitió por un lado disponer de muchas plazas para la investigación, lo que conllevó muchos avances, pero al mismo tiempo controló con mano férrea la posibilidad de salirse del programa e intentar cosas nuevas.
Autarquía y gran Estado: la disponibilidad de lo necesario en el gran territorio de la China junto con un control estatal de los recursos básicos para impedir la acumulación de capital por parte de gobernadores regionales, impidió inestabilidades internas durante muchos siglos. Al mismo tiempo, ello implicó la no necesidad de viajar para encontrar recursos o materiales en carestía. Y los viajes son la fuente de entrada de ideas, conocimiento, objetos, cosas que transforman las sociedades. El ejemplo más fuerte de autarquía y clausura de fronteras lo tiene el Japón durante la era Tokugawa (1600-1868), cuando tan sólo los mercaderes holandeses podían entrar en un puerto japonés y nada más.
Sistema económico con dominancia de la agricultura, opuesto al sistema comercial europeo, lo que llevó a una dominancia de funcionarios sobre mercaderes.
El dominio de los clásicos: cuando una cultura decide que ya tiene respuestas para todo en sus textos y autores clásicos se cierra la posibilidad a las preguntas nuevas. Y bien, Confucio fue un enamorado de los clásicos, al tiempo que posibilitó un marco teórico de refuerzo filosófico del sistema imperial entonces vigente (hasta el siglo XX).
La no migración: los flujos de personas traen aires nuevos. A pesar del grandísimo territorio, la mayor parte de la población es de la misma etnia, Han. Nuevas gentes, novedades, cambios, estructuras sociales dinámicas.
No avances en la industria del vidrio decorativo, lo que impidió disponer de las herramientas necesarias para la creación de telescopios.
La falta de un sistema matemático sistemático (el chino estaba orientado eminentemente hacia los usos del calendario astronómico, símbolo de poder imperial). La imposibilidad de discretizar el mundo, unida a una visión holista del mundo, no les llevó a la necesidad de crear leyes universales que rigieran los numerosos eventos del universo.
Abandono y destrucción por motivos políticos de la relojería mecánica a partir del siglo XIV.
Abandono de la idea de máquina accionada por agua (molinos).
Control político de la navegación en alta mar, totalmente prohibida a partir de cierto momento histórico.

En resumen, la pequeña, retrasada, descontrolada y hasta cierto punto caótica Europa (o más bien, Italia de pequeñas ciudades-Estado... lo que nos remite a las colonias griegas dispersas por todo el Mediterráneo, fuente de diversidad y el nacimiento de la filosofía occidental) fue el mejor caldo de cultivo para la discusión de ideas nuevas, de implementación alocada de técnicas, estilos de pensamiento y prácticas que sumadas deberían llevar a la civilización occidental al control (imperialista) del mundo. Y al final con la creencia incluso en su derecho natural a hacerlo (pienso en el Lebensraum del Tercer Reich). A veces el caos es mejor que el orden para crear. Recuérdenselo a sus respectivas parejas y familiares cuando se aproximen con pavor a sus despachos desordenados. O más bien, en un desorden controladamente creativo. Los caminos de la innovación siempre implican la diferencia. Otra cosa sería discutir si el cambio es de por sí bueno, algo que los occidentales parecemos tener muy claro. Pero esto lo dejo para otro artículo.

Artículos relacionados

Jordi Vallverdú
Jordi Vallverdú

Profesor del Departamento de Filosofía de la Universitat Autònoma de Barcelona.

Especialista en Filosofía de la Ciencia y de la Computación, Sistemas cognitivos y Emociones.

Publicaciones: 

https://www.researchgate.net/profile/Jordi_Vallverdu

https://uab.academia.edu/JordiVallverdu

Sobre este blog

La ciencia no tiene secretos, somos nosotros los que no entendemos la realidad. Lo demás son confusiones interesadas o pocas ganas de saber. Este filósofo de la ciencia y la computación te llevará a lugares absurdos, fascinantes, hilarantes y tal vez descorazonadores de nuestro mundo actual, salpicado de máquinas y números. No apto para personas demasiado seguras de sí mismas o apegadas a algun "-ismo" mágico.

Ver todos los artículos (13)