Como este es mi primer post, toca presentarse y hacer declaración de intenciones. Me llamo Miguel y desde hace diez años vengo investigando la historia de la ciencia, concretamente la genómica y otras ciencias biomédicas recientes. Mi formación inicial es en periodismo, así que estoy encantado de participar en un blog divulgativo y, sobre todo, de ofrecer un ángulo histórico que permita ver la actualidad científica de otra forma. Actualmente trabajo como investigador en el Departamento de Estudios de la Ciencia, la Tecnología y la Innovación de la Universidad de Edimburgo, que fue un centro pionero en aproximarse a la actividad científica desde las humanidades y las ciencias sociales.

Muchos pensaréis en la historia de la ciencia como una manera de ensalzar grandes nombres o evocar el pasado glorioso de una disciplina. También se recurre a la historia para rescatar figuras olvidadas e incluso para resolver disputas sobre la autoría de un descubrimiento o la propiedad de patentes. Todos estos usos, bien realizados, pueden resultar apasionantes y entretener a la vez que enseñar. No voy a ser yo el que los cuestione, pero la manera en que practico la historia de la ciencia intenta ir más allá: manteniendo el apasionamiento y divertimento implícito en el estudio del pasado, intento iluminar debates sobre el presente y el futuro de la investigación científica.

Para ilustrar este punto, os contaré cómo empecé en la investigación histórica y qué he aprendido de ella en estos años. Mis primeros estudios fueron en periodismo y, al acabar la carrera, empecé a enviar currículos de forma compulsiva. Por cosas del azar acabé en el área de ciencia de una agencia de noticias y allí descubrí la fascinación de descifrar enigmas. Corría el año 2002 y el Proyecto Genoma Humano estaba a punto de concluir. Era un campo completamente nuevo para mí y la satisfacción de entenderlo era (creo) equivalente a la de los científicos que estaban realizando los descubrimientos.

Imagen tomada de una exposición en el Smithsonian National Museum of Natural History

Pese a mi entusiasmo, tenía la impresión de que necesitaba ampliar mi bagaje científico. Fue ahí cuando emigré al Reino Unido para cursar un máster en historia de la ciencia y entrar en contacto con una materia —las ciencias naturales— que no había tocado desde la educación secundaria. A lo largo del máster y en un posterior doctorado desarrollé mi segunda gran pasión: la investigación histórica y social de las ciencias biomédicas. Y, lo que es más importante para este blog, entendí que no había uno, sino varios, proyectos genoma humano.

Los proyectos genoma humano y las decisiones científicas

Una de las ventajas de investigar la historia del Proyecto Genoma Humano es el acceso a materiales elaborados en el momento en que se desarrolló el trabajo científico, no después. La mayor parte de los relatos disponibles para el gran público vieron la luz una vez que el Proyecto se completó, entre los años 2000 y 2003. Presentan por ello un mega-proyecto científico unificado y casi predestinado a concluir con éxito. Sin embargo, cuando se revisan documentos elaborados diez o veinte años antes puede apreciarse un enorme grado de incertidumbre sobre la utilidad científica del Proyecto y la mejor manera de desarrollarlo.

Cuando comencé a investigar este tema acababa de publicarse la secuencia del genoma humano y prácticamente toda la documentación era confidencial. El paso del tiempo ha convertido el Proyecto en historia y han aparecido una serie de archivos en los que pueden consultarse las primeras propuestas científicas, los debates que se generaron en torno a ellas y cómo la iniciativa progresó, desde los primeros trabajos a finales de los 80 hasta su conclusión veinticinco años después. La imagen del Proyecto que arrojan estos materiales es mucho menos consensual o coherente que las declaraciones publicadas al calor del éxito.

En primer lugar, se aprecia que nunca existió —o al menos no existió desde un principio— una entidad administrativa llamada "Proyecto Genoma Humano". La mayor parte de las historias publicadas después sitúan los orígenes del Proyecto en 1990 y lo definen como una iniciativa internacional. Sin embargo, un estudio detallado de las propuestas científicas demuestra que lo que arrancó en 1990 fue el proyecto genoma humano estadounidense y desde mucho antes existían iniciativas nacionales en Francia, Reino Unido, Italia y otros países.

Y además, la filosofía de cada proyecto nacional era muy dispar. Algunos de los países querían un proyecto descentralizado, en el que laboratorios trabajando en distintas enfermedades genéticas compartiesen sus resultados y recopilasen gradualmente un mapa y secuencia de nuestro genoma. Otros países abogaban por un esfuerzo más jerárquico en el que la secuencia genómica sería completada por una única institución.

Izquierda, el boletín del proyecto genoma humano británico. Derecha, informe estadounidense con las opciones para desarrollar el proyecto. Ambos de finales de los 80

Ahora la pregunta del millón: ¿qué nos ilustra esta historia sobre la actualidad científica? Si comparamos los proyectos genoma humano nacionales que se aprobaron durante la segunda mitad de los 80 con el proyecto internacional que, supuestamente, arrancó en 1990 y concluyó con éxito diez años después vemos que el abanico de posibilidades era mucho más amplio.

Cuando en la ceremonia donde se presentó el primer borrador del genoma humano en 2000 leemos las declaraciones de participantes y políticos implicados en el Proyecto, parece que no quedaba más remedio que abordar todo el genoma humano. Sin embargo, algunas propuestas tempranas como la del Reino Unido defendían un proyecto a menor escala, en el que se elaboraría un mapa y secuencia parcial del genoma en función de los resultados que compartiesen los laboratorios que investigaban distintos genes humanos.

Creo que esta distinción resulta relevante cuando, diez años después, diversas instituciones buscan estrategias que maximicen los beneficios de la genómica para la salud. Lo que hoy conocemos como Proyecto Genoma Humano no es más que una serie de iniciativas nacionales que arrancaron de forma indpendiente y confluyeron durante la década de los 90. Esta confluencia priorizó las iniciativas centralizadas, que buscaban obtener sistemáticamente un mapa y secuencia de todo el genoma. Pero existían otras en las que los resultados se adecuarían a las necesidades de laboratorios trabajando en enfermedades genéticas.

Con esto no quiero caer en el revisionismo, sino resaltar la importancia de iniciativas excluidas de la historia. Una manera de afrontar el Proyecto Genoma Humano que se descartó y olvidó puede ayudarnos a superar problemas actuales de la genómica. Y también puede mostrarnos que los grandes proyectos científicos no vienen ya dados, son el resultado de decisiones que se modifican y modulan a lo largo del tiempo.

En entregas posteriores del blog desarrollaré esta idea con otros ejemplos. De momento lo dejo aquí, y pido disculpas por el ladrillo...

Miguel García-Sancho
Miguel García-Sancho

Investigador del Departamento de Estudios de Ciencia, Tecnología e Innovación de la Universidad de Edimburgo.

Sobre este blog

Un foro en el que se demuestra cómo la historia puede iluminar debates sobre el futuro de las nuevas biociencias.

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