Los valores externos, aunque su denominación es bastante elocuente, son los también conocidos como factores no epistémicos o valores contextuales. La distinción entre valores constitutivos y valores contextuales se refiere respectivamente, por un lado, a los valores que determinan los métodos y prácticas científicas aceptables (“la observación, la experimentación y el razonamiento inductivo y deductivo” en palabras de Ramón y Cajal), y, por otro, los valores relativos al entorno cultural y social donde se desarrolla la ciencia (y relacionados por ejemplo con el condicionamiento económico o la orientación política de la investigación, sobre la base de la localización de recursos y determinación de áreas prioritarias). Por su parte, la incertidumbre, que se refleja por ejemplo en la necesidad de hacer uso de enunciados probabilísticos en la formulación de conclusiones, resulta de la complejidad de los problemas estudiados o de limitaciones en la evidencia disponible. Un magnífico libro que desarrolla estas ideas es el de Helen Longino: The Fate of Knowledge, de 2002, en Princeton Univ. Press.

Valores externos e incertidumbre afectan a la objetividad en el sentido de que condicionan nuestra representación de los hechos no de que la entorpecen o imposibilitan. Para entender esta afirmación es útil un ejemplo de Ian Hacking sobre el carácter de los hechos científicos.

Comparemos dos oraciones aparentemente iguales, donde m y n están por números concretos:

“El número de personas en esta sala en este momento es m”.

“La población de París en 1800 era n”.

La primera oración corresponde a un hecho, que es el que convierte a la oración en verdadera o falsa. Para la segunda oración no hay un hecho tal, con existencia previa a los métodos para contar la población: la residencia puede ser una categoría legal o social, los límites de la ciudad son producto de una convención, la población en París fluctúa entre el comienzo y el final del recuento (hay que estimarla). Es decir, la oración sobre la población de París no es verdadera o falsa por su correspondencia con un hecho preexistente. Su adecuación depende de estar o no de acuerdo con los procedimientos (socialmente) aceptados para la verificación de esta clase de oraciones: criterios de residencia, criterios para determinar los límites de la ciudad, o estrategias para el cálculo a pesar del flujo poblacional constante.

No obstante, si bien la segunda oración no puede ser ni verdadera ni falsa puesto que no hay un hecho con el que confrontarla, tampoco es una mera fabricación arbitraria. La oración es ambigua y puede tener tantos significados como procedimientos de verificación contemplemos (por incluir elementos estipulativos como la definición de “residente”). Pero, una vez adaptado un procedimiento de verificación (sobre la base en este caso de los objetivos de los funcionarios que promueven el cálculo), la oración será verdadera o falsa.

Los hechos de la ciencia con alcance social suelen ser de este segundo tipo: incluyen elementos estipulativos que responden a los valores (internos y externos) de quienes promueven y llevan a cabo la investigación, y, por tanto, pueden ser objeto de distintas interpretaciones. En este sentido los valores condicionan la objetividad.

La condicionan sin comprometerla. Primero porque no son arbitrarios, pues responden a las razones que pueda tener una comunidad científica o un colectivo social para proceder de un modo en lugar de otro en el estudio de cierto ámbito fenoménico (como el censo poblacional o la deriva genética). Y segundo porque esos valores son necesarios: constituyen condición de posibilidad para nuestra representación del mundo externo, en el mismo sentido en que la observación de fenómenos microscópicos está condicionada por la disponibilidad y utilización de técnicas de preparación de especímenes y sofisticados instrumentos de observación como los microscopios electrónicos. La dependencia teórica de esas técnicas e instrumentos no constituye un hándicap ni compromete la objetividad de los informes de observación, sino que son su condición de posibilidad y garante de fiabilidad.

S_early microbiologists (FSP).jpg

Lee también en SciLogs

José Antonio López Cerezo
José Antonio López Cerezo

Catedrático de lógica y filosofía de la ciencia en la Universidad de Oviedo. Unidad de Investigación en Cultura Científica de CIEMAT. Red temática CTS de la Organización de Estados Iberoamericanos. Autor de Ciencia y política del riesgo (Alianza Editorial, 2000), Políticas del bosque (Cambridge University Press, 2002), El triunfo de la antisepsia (Fondo de Cultura Económica, 2008), El canal de Panamá (Libros de la Catarata, 2014).

Sobre este blog

El foro pretende ofrecer un espacio de reflexión crítica e intercambio de ideas, un espacio no para la certidumbre sino para la duda y la pregunta inteligente sobre cómo poner las relaciones entre ciencia, tecnología y sociedad al servicio del progreso social.

Ver todos los artículos