Los métodos de identificación movilizan procedimientos muy variados, ampliamente extendidos en la sociedad y en muchos casos invisibles o difíciles de percibir. Han desempeñado una gran variedad de funciones, desde la persecución del delito hasta la gestión de transacciones comerciales o el control de migraciones. También provocan reacciones variopintas por parte de los diversos grupos que los crean, aplican o padecen. En definitiva, se puede afirmar que las tecnologías de identificación han servido para vigilar y castigar, pero también para acceder a derechos o para negarlos. 

Estas son algunas de las conclusiones del ciclo de conferencias que se ha estado impartiendo en febrero de 2016 en el Instituto de Historia de la Medicina y de la Ciencia “López Piñero” y que ahora se editan en forma de una colección de vídeos y audios a través de los enlaces que se ofrecen más adelante. El ciclo fue abierto por Vincent Denis, autor junto con Ilsen About de una de las mejores obras de síntesis sobre el tema. Desde la perspectiva que ofrece la larga duración, el profesor Denis ofreció una visión de los múltiples espacios, protagonistas y técnicas empleadas en la identificación desde la Edad Media. El avance de los registros escritos permitió otorgar un mayor papel a las firmas, los sellos y las descripciones corporales, dentro de las cuales fueron muy importantes las marcas en la piel (tatuajes, cicatrices, etc.) o los rasgos del rostro (ojos, nariz, orejas, etc.). Todas estas técnicas mantuvieron su relevancia incluso después del siglo XIX, cuando se produjo la llegada de la fotografía, la descripción biométrica (particularmente del “bertillonage”) y de las huellas dactilares. Vicent Denis insistió en los cambios importantes que tuvieron lugar anteriormente, impulsados en Francia por diversos intereses de identificación: el control de las deserciones en el ejército, la recaudación de impuestos, la creciente vigilancia policial o el control de flujos migratorios. Todo ello produjo la creación de pasaportes, permisos, cédulas, visados y otras formas de identificación en papel. Se crearon también nuevas formas de impostura y falsas identidades, así como grupos de “sin papeles” con sus derechos limitados. Su conferencia puede seguirse en este enlace.

El tema de esta conferencia fue continuada por Mercedes García Ferrari que presentó los trabajos de Juan Vucetich sobre las huellas dactilares en el contexto latinomericano a principios del siglo XX. Además de presentar la sorprendente biografía de Vucetich, García Ferrari describió las diferentes vías que permitieron la circulación de la nueva tecnología de las huellas dactilares a otros territorios latinoamericanos, con diversas recepciones, resistencias y adaptaciones. Insistió también en los nuevos usos que desempeñaron, más allá del control policial de disidentes, delincuentes y emigrantes. También se hicieron propuestas para su inclusión en los documentos nacionales de identidad que permitían acceder a derechos de ciudadanía y, más en general, a las nuevas medidas de protección social, educación y salud pública. De este modo, García Ferrari señaló la necesidad de superar la visión anglocéntrica (demasiado obsesionada por las limitaciones de las libertades individuales y mucho menos por los derechos colectivos) para ampliar los estudios con otros escenarios en los que la identificación cumplió una función clave en el acceso a la ciudadanía. Su conferencia puede seguirse en este audio y también en el texto de este artículo.

La tercera conferencia en orden cronológico estuvo centrada en la España de finales del siglo XX y en la llegada de una nueva tecnología de identificación: las huellas de ADN. Estuvo a cargo de Francisco Etxeberria, médico forense del País Vasco, que presentó su experiencia en las campañas de identificación de las víctimas del franquismo. Como apuntaban las intervenciones de los dos historiadores anteriores, Etxeberria mostró los diversos usos de una nueva tecnología de identificación que permite dar nombres y apellidos a cadáveres que resultaría prácticamente imposible identificar por otros medios, por haber transcurrido tantos años después de su muerte. Estas identificaciones permiten ofrecer una mínima reparación a las familias (que pueden enterrar, si así lo desean, a sus antepasados), al mismo tiempo que sirven para reconstruir una memoria histórica sesgada por las violencias de la dictadura franquista y los olvidos de la transición. Se trata de otro ejemplo de las diferentes connotaciones sociales y culturales de las que pueden rodearse las nuevas tecnologías de identificación. Las iniciativas para la reparación de las víctimas del franquismo han sido fragmentarias, discontinuas y con escaso apoyo por parte de los poderes del estado, por lo que los esfuerzos han recaído casi siempre en iniciativas individuales o en colectivos de activistas y voluntarios. Las ventajas de la nueva tecnología de ADN (mucho más efectiva, pero también más compleja y más cara) no han sido explotadas plenamente, tal y como ha ocurrido en otros ámbitos (la investigación criminal o el control migratorio). Etxeberria mostró que han sido muchas las ocasiones en las que se ha negado la posibilidad de realizar estas investigaciones, muchas veces con argumentos más o menos peregrinos, que enmascaraban así las verdaderes razones que, en no pocas ocasiones, han comportado humillaciones para las familias de las víctimas. La conferencia de Francisco Etxeberria puede seguirse en este vídeo.  

En contraste con estas dificultades y carencia de recursos, las huellas de ADN han sido ampliamente utilizadas en la investigación criminal y en el control migratorio. La creación de grandes bases de datos con información genética resulta inquietante, como en su momento lo fue los intentos de construir grandes ficheros de huellas dactilares. No obstante, la nueva tecnología del ADN también ha permitido en otros países como Estados Unidos la acción de activistas como el Innocence Project  que han conseguido rescatar del corredor de la muerte a personas falsamente acusadas, en ocasiones gracias a técnicas de identificación como las huellas dactilares, consideradas como infalibles hasta épocas recientes. Todos estos ejemplos muestran que la llegada de la tecnología de huellas de ADN en las dos últimas décadas del siglo XX ha permitido nuevos usos identificatorios, tanto para vigilar y castigar, como para defender derechos o reparar a víctimas. También es evidente que los estados y las grandes corporaciones han dedicado muchos más esfuerzos para la primera cuestión que para la segunda. Cuando se habla de los múltiples usos de las tecnologías de identificación resulta importante tener en cuenta estos desequilibrios y desigualdades, que introducen sesgos en las propias tecnologías, hasta guiarlas en una determinada dirección, sin que por ello se elimine completamente la capacidad de resistir y crear nuevos usos en direcciones opuestas o imprevistas. Esta conclusión podría extraerse de buena parte de las historias de la identificación que se revisaron en los seminarios de febrero de 2016 en el Instituto de Historia de la Medicina y de la Ciencia de Valencia.

José Ramón Bertomeu Sánchez
José Ramón Bertomeu Sánchez

Director del Instituto Interuniversitario López Piñero y profesor de historia de la ciencia en la Universidad de Valencia. Ha realizado numerosas publicaciones en torno a las relaciones entre ciencia y ley a través de la historia. 

Sobre este blog

Recorridos por las fronteras entre la ciencia y la ley a través de casos judiciales relacionados con venenos, infanticidios, patentes, adulteraciones, identificaciones, hipnotismo, manchas de sangre, etc.

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