El ambiente de su ciudad natal, Mahón, plagado de exiliados y sometido a diversas potencias, fue decisivo para que Mateu Orfila adquiriera un buen conocimiento de lenguas modernas como el francés, el castellano y el inglés. También en sus primeros años en Menorca consiguió una formación musical que sería crucial para su carrera. Al parecer tuvo su origen en un tartamudeo repentino, provocado por un enfrentamiento con su padre, que se consiguió solucionar con su asistencia como cantante a un coro de iglesia. Recibió también en Mahón las primeras clases de ciencias con instrumentos y demostraciones experimentales, gracias particularmente al profesor de origen germánico Carl E. Cook. Orfila también dio también sus primeras lecciones particulares en esta isla y también aquí tuvo sus primeros contactos con la medicina con la ayuda del médico del hospital de Mahón, Antonio Hernández Morejón, famoso posteriormente por sus trabajos de historia de la medicina.

 Menorca en el siglo XVIII

Al no haber estudios de medicina en la isla, Hernández Morejón recomendó a la familia de Orfila que llevara a su hijo a la Universidad de Valencia donde existía una de las mejores facultades de medicina, con un programa recientemente reformado, en el que se habían incorporado enseñanzas de física experimental y química, con sus respectivos laboratorios y demostraciones experimentales. Sin embargo, el ambiente de la Facultad de Medicina de València fue muy decepcionante para Orfila: disputas académicas interminables, enseñanza dirigida a la memorización sin comprensión, manuales obsoletos y sin actualizar, pocas actividades prácticas y demostraciones experimentales, carencia de interés de profesores y estudiantes, etc. A pesar de ello, Orfila pudo estudiar por su cuenta hasta ganar un premio de química después de un concurso público muy elogiosamente descrito a la prensa valenciana. En agosto de 1805, Orfila escribía a su padre que prefería “morir” antes de permanecer más días en una Universidad que calificaba como “la madre de la barbarie”.

Tabla de afinidad y laboratorio del siglo XVIII

 

Decidió continuar la formación en Barcelona, donde asistió probablemente en las clases del Colegio de Cirugía (no había Facultad de Medicina en Barcelona tras las medidas represivas que siguieron al fin de la guerra borbónica de 1714). Orfila participó a los cursos de química organizado por Francesc Carbonell i Bravo a la Junta de Comercio de Barcelona. Fueron decisivos para reforzar el interés de Orfila por la química, y le permitieron publicar su primer trabajo de cariz científico en el Diario de Valencia en 1806. Meses después, y mediante un informe favorable de su profesor Carbonell, Orfila obtuvo una beca (o “pensión” según el nombre de la época) que le permitieron formar parte del selecto grupo de “pensionados” que viajaron a París y otras capitales europeas para continuar su formación durante los años de la Ilustración. Al contrario que los primeros viajeros de la década anterior, la mayor parte de los “pensionados” de la generación de Orfila no pudieron desarrollar una carrera científica a su país por varias razones, fundamentalmente por la crisis económica de las instituciones que fomentaron los viajes, donde habían supuestamente de integrarse a la vuelta. A esta situación desfavorable se añadieron el efecto destructivo de las guerras napoleónicas y, todavía mucho más devastadoras, las medidas de represión hacia liberales y afrancesados del régimen de Fernando VII. Esta situación ha hecho que, en ocasiones, la biografía de Orfila se haya empleado como un ejemplo de fuga de cerebros.

Francesc Carbonell
No parece que Orfila fuera afectado directamente por esta represión sufrida por muchos de los pensionados de su generación. La guerra del francés supuso la cancelación de su beca en París, cuando estaba al segundo año de los estudios en la prestigiosa Facultad de Medicina. Con la ayuda económica de su familia, y con el apoyo del círculo de nuevos amigos establecido en Francia, Orfila decidió continuar en París y finalizar la carrera de medicina con una tesis respecto al análisis químico de la orina defendida en diciembre de 1811. Al mismo tiempo, Orfila inició dos actividades que serían decisivas para la continuidad de su carrera: las veladas musicales en los salones parisienses (donde se transformó en un cantante famoso) y sus cursos privados de ciencias. Sus excelentes destrezas musicales le permitieron contactar con notables influyentes de la sociedad francesa que más adelante fueron clave en momentos decisivos de su vida. Las clases privadas serían también importantes tanto para el prestigio académico como para sus recursos económicos, particularmente durante los años más complicados, una vez cancelada definitivamente su beca. Según afirma Orfila en su autobiografía, estos cursos privados también fueron un punto de partida de sus investigaciones toxicológicas y le permitieron realizar una gran cantidad de demostraciones experimentales, experimentos con animales y ensayos químicos, todo lo cual le permitió adquirir gran destreza con las técnicas del laboratorio.

ClasesLibroTraité

Combinando su formación médica y sus habilidades por la química junto con una gran cantidad de experimentos con animales, y con los recursos de la extraordinaria biblioteca de la Facultad de Medicina de París, Orfila pudo escribir durante el año 1813 el tratado de los venenos que le haría famoso: Traité des poisons (París, 1814-1815). Con una gran cantidad de ediciones y traducciones, este texto aconteció una herramienta fundamental de referencia para el desarrollo de la toxicología del siglo XIX. En los años siguientes, y también inspirado por sus cursos privados, apareció la segunda de sus obras importantes: los Éléments de chimie (París, 1817) reeditada durante casi cuatro décadas y traducida a buena parte de los idiomas europeos. Estas publicaciones comportaron un reconocimiento académico creciente, así como también una nueva fuente de ingresos. Estos dos aspectos condujeron a Orfila a la publicación de un pequeño manual de divulgación de primeros auxilios en caso de envenenamiento (Secours à donner aux personnes empoisonnées et asphyxiées, París, 1818), la edición del cual obtuvo el apoyo del gobierno francés. También obtuvo, con la ayuda de las amistades de los salones, una lucrativa plaza de médico real. Todo este contexto favorable explica que Orfila pudiera rechazar una oferta del gobierno español para ocupar una cátedra de química en Madrid. “España no tiene un quarto”, escribió en noviembre de 1815 a su padre, “si no me pagan como conviene, yo no saldré de este país [Francia], donde estaré perfectamente de aquí en tres o cuatro años”.

La permanencia definitiva de Orfila en París se confirmó con dos acciones igualmente relevantes: su matrimonio con Gabrielle Lesueur, una joven procedente de una familia de artistas franceses, y la adquisición de la nacionalidad francesa, condición necesaria para presentarse a un concurso por una plaza de profesor en la Facultad de Medicina de París, el cual ganó a principios de marzo del año 1819. Al día siguiente escribió con orgullo a su hermana: “Ayer a las cuatro me nombraron profesor de medicina legal... A la edad de 31 años y 10 meses me veo profesor de la primera escuela [de medicina] del mundo, es decir, ya me es imposible ser más”. No era una exageración. La Facultad de Medicina de París atraía estudiantes de todo el mundo y fue el escenario de las principales innovaciones médicas de la época.

Faculté médecineOrfila

Mientras desarrollaba su carrera en la Facultad de Medicina, Orfila siguió participando en veladas musicales y comenzó a organizar sus propias reuniones en su salón, que se transformó en un lugar de encuentro de políticos, médicos, abogados y jóvenes artistas con intenciones de hacer carrera dentro del competitivo mundo musical parisiense. En los últimos años de su vida, Orfila afirmó que muchos avances relevantes de su carrera habían sido logrados con conversaciones informales en los salones, no tanto en las academias o en los despachos oficiales. Solo con este entorno favorable resulta comprensible que Orfila pudiera vivir sin problemas importantes durante los años más duros de la represión absolutista de Charles X en Francia. No fue afectado por la depuración de los liberales de la Facultad de Medicina de París en otoño de 1822. Más bien al contrario, la destitución de su maestro y protector Nicolas Vauquelin permitió que Orfila obtuviera la cátedra de química que mantendría hasta su muerte.

Mateu Orfila

Durante la década de 1820, Orfila inició también su ascendente carrera en los tribunales como perito, particularmente en los casos de envenenamiento por arsénico, para los cuales refinó varios métodos de análisis químico. También trabajó en la elaboración de su manual de medicina legal (fruto de las primeras clases en la Facultad de Medicina), la detección de manchas de sangre y de semen (indicios muy importantes para las investigaciones criminales) y la identificación de los cadáveres enterrados durante muchos meses (con la ayuda de su cuñado Octave Lesueur, un colaborador habitual también en los tribunales). Como profesor de la Facultad de Medicina, se encargó de la gestión de los jurados médicos que examinaban a los candidatos para obtener diferentes títulos de ocupaciones sanitarias y también colaboró activamente en la edición de varias obras colectivas y revistas médicas. La más importante fue Annales de Hygiène Publique et de Médecine Légale, que comenzó a editarse en 1829 para transformarse en la revista internacional de referencia en estos campos durante el siglo XIX.

Cadáver estudiado por Orfila y Lesueur en su obra de medicina forense
La carrera de Orfila llegaría a su momento culminante durante el gobierno de Louis-Philippe, cuando fue designado decano de la Facultad de Medicina de París, al mismo tiempo que, siguiendo una práctica muy habitual en la Francia de esta época, acumulaba una gran cantidad de cargos dentro de la administración. Se convirtió así en un personaje clave dentro de la medicina francesa durante los años de 1830 a 1848. Aprovechando esta posición predominante, Orfila desarrolló muchas reformas importantes: la ampliación de los espacios para la enseñanza práctica de la Facultad de Medicina, la creación de nuevos museos de anatomía, la organización de laboratorios de química, la gestión de los cursos privados ofrecidos por profesores externos, la limitación del acceso a los estudiantes con la exigencia de más formación científica, y la reforma de las escuelas secundarias de medicina, donde se formaban los farmacéuticos y los “officiers de santé”, una titulación médica particularmente importante al mundo rural, que Orfila trató de eliminar. A lo largo de estos años, Orfila se ganó la confianza de los gobiernos monárquicos y recibió encargos delicados tal y como demuestran dos episodios muy controvertidos: el retorno de la duquesa de Berry y el control de las revueltas estudiantiles. La primera misión estaba relacionada con las conspiraciones de cariz absolutista que pretendían la restauración de la antigua dinastía borbónica derrocada por la revolución de 1830. Por el contrario, las revueltas estudiantiles, muy virulentas en los años centrales de la década de los treinta, estaban animadas por la oposición republicana, el otro grupo que se oponía radicalmente a los gobiernos de Louis-Philippe. Todas estas gestiones, añadidas al lugar destacado que ocupaba dentro de las instituciones médicas y educativas, explican la identificación de Orfila con el régimen monárquico. También permiten comprender su fulminante destitución tras la revolución de 1848 que instauró la II República Francesa.

Una representación de la detención de la duquesa de Berry

A lo largo de la monarquía de Louis-Philippe, Orfila ganó también un gran protagonismo y popularidad en los tribunales como perito durante juicios de envenenamiento. Llegaría a su apogeo alrededor de 1840, cuando la llegada de nuevas técnicas toxicológicas de alta sensibilidad, junto con la oleada creciente de envenenamientos y su participación en juicios muy mediáticos, transformaron a Orfila en el toxicólogo más famoso en Francia, conocido en toda Europa. Al mismo tiempo que su fama aumentaba, también crecía la oposición a sus métodos y las controversias en torno a los resultados obtenidos. Muchas personas lo acusaron de ser un colaborador de la acusación, de modo que sus informes periciales, casi siempre incriminatorios, eran el paso intermedio entre el fiscal y la guillotina. Envuelto en debates públicos cada vez más virulentos, Orfila decidió abandonar su colaboración con los tribunales en 1843. Fue una  decisión fue temporal porque Orfila volvería en los últimos años de su vida a participar en juicios, a pesar de que nunca más con la autoridad del periodo anterior.

Orfila en la última década de su vida, un grabado realizado a partir de un daguerrotipo
La revolución de febrero de 1848 supuso la destitución inmediata de Orfila como decano de la Facultad de Medicina y el inicio de una investigación, dirigida por el nuevo decano (el médico republicano Jean Baptiste Bouillaud), que formuló sospechas respecto a la gestión económica anterior. A pesar de que la investigación se cerró sin más consecuencias, Orfila no recobraría su posición prevalente dentro de la comunidad médica francesa. A pesar de sus muestras públicas de lealtad con los gobiernos más conservadores de la II República, y también hacia al posterior régimen autoritario de Louis Napoléon, Orfila fue apartado de las comisiones gubernamentales y órganos educativos. Sus últimos años de su vida, marcados por dolencias y estancias en balnearios, los dedicó a la revisión de sus grandes tratados de toxicología y de química y a impartir sus clases de química que continuó hasta pocas semanas antes de su muerte en París el 12 de marzo de 1853. A los actos funerarios participaron una gran multitud de estudiantes, profesores y músicos, que acompañaron sus restos mortales a la iglesia de Saint-Sulpice, donde se interpretaron varias obras musicales por parte de antiguos amigos de Orfila. De allí se trasladaron al cementerio de Montparnasse donde se encuentra enterrado.

Entre el fiscal y el verdugo

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José Ramón Bertomeu Sánchez
José Ramón Bertomeu Sánchez

Director del Instituto Interuniversitario López Piñero y profesor de historia de la ciencia en la Universidad de Valencia. Ha realizado numerosas publicaciones en torno a las relaciones entre ciencia y ley a través de la historia. 

Sobre este blog

Recorridos por las fronteras entre la ciencia y la ley a través de casos judiciales relacionados con venenos, infanticidios, patentes, adulteraciones, identificaciones, hipnotismo, manchas de sangre, etc.

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