Escutoide, ¿el nuevo icono científico en la cultura pop del siglo XXI?

04/09/2018 0 comentarios
Menear

El pasado 1 de agosto los principales medios nacionales e internacionales se hacían eco del descubrimiento de un nuevo objeto geométrico, el escutoide (scutoid en inglés). El escutoide explica de manera adecuada cómo se empaquetan las células epiteliales, esas que recubren la superficie interna (órganos) y externa (piel) de los animales pluricelulares. Además de por su innegable valor científico, el escutoide está teniendo éxito social porque presenta un conjunto de rasgos que lo hacen firme candidato a convertirse en el nuevo icono científico en la cultura pop del siglo XXI.

Morfología y modo de empaquetamiento de los escutoides.

Dudo que el hallazgo del escutoide publicado en Nature Communications, cuyo artífice ha sido un equipo multidisciplinar de biólogos (Luis M. Escudero), físicos (Javier Buceta) y matemáticos (Alberto Márquez, Clara Grima), entre otros, sea la típica “serpiente de verano” que sólo sirve para rellenar huecos mediáticos, a falta de noticias más relevantes.

El escutoide representa un formidable descubrimiento científico que explica cómo se empaquetan las células para formar epitelio, de tal forma que se minimiza el gasto energético para el mantenimiento del tejido y se maximiza su estabilidad estructural. Esto de por sí ya es algo revolucionario. Y de seguro, la nueva estructura geométrica proporcionará fascinantes aplicaciones en biomedicina y biotecnología. Pero es que, además, el escutoide parece que se está instalando con inusitada rapidez como icono científico en la cultura popular del siglo XXI por obra y gracia de las redes sociales y las leyes del mercado. Su repercusión social, como intentaré mostrar, está de sobra justificada.

En 1995, las sociólogas de la ciencia Dorothy Nelkin y M. Susan Lindee escribieron al alimón The DNA Mystique. The Gene As A Cultural Icon. Allí describen con gran detalle cómo a partir de 1953 (año del descubrimiento de la doble hélice del ADN) en la sociedad se fue fraguando poco a poco la fascinación por el gen, llegando a convertirse en una de las imágenes más conspicuas de la cultura popular del siglo XX. Ahora parece tocarle el turno al escutoide. Y le toca en un ambiente cultural dominado por las redes sociales, capaces en cuestión de segundos de hacer viral cualquier imagen, idea o contenido. Si bien el gen tiene una enorme mutabilidad cultural y, por tanto, gran capacidad para ser invocado dentro de múltiples contextos, el escutoide no es cualquier cosa: presenta originalidad científica y un fuerte potencial creativo. Nos atrapa con sus retorcidas formas y su vocación de estructura básica de la vida.

Camiseta que enfatiza la fructífera unión de biología y matemáticas.

Solo en su primer mes de vida el escutoide ha copado los medios de comunicación más prestigiosos del planeta; protagonizado divertidas animaciones; aparecido en multitud de formatos (vídeos en YouTube, comentarios en Twitter, imágenes en Instagram o estampado en camisetas); inspirado objetos de diseño, tales como lapiceros-maceteros; y adornado anillos y pendientes con su retorcida arquitectura cuasi-prismática. 

No sólo ha captado la atención de los científicos, también ha logrado atraer la de los usuarios de las redes sociales y la de algunos avispados empresarios.

Diseño de lapiceros-maceteros basado en los escutoides.

Pero, ¿qué es lo que hace que el escutoide haya podido trascender las lindes de la academia y penetrar con éxito en los foros públicos? Hay varias razones:

1. Apela a nuestra íntima constitución material, a cómo estamos construidos en términos físicos y biológicos. El título del artículo de El País donde la matemática, divulgadora científica y copartícipe del hallazgo, Clara Grima, presenta en sociedad al escutoide, así lo sugiere: “Hemos descrito un nuevo objeto geométrico y lo llevas puesto”. O el titular de Alan Burdick, escritor de la revista norteamericana The New Yorker: “We Are All Scutoids: A Brand-New Shape, Explained”. La ubicuidad del escutoide también es destacada por los medios cuando se dice que “están en todas partes”

2. Presenta una imagen fácilmente reconocible, como en su día le ocurriera a la doble hélice del ADN; no es el caso, por ejemplo, del bosón de Higgs por su escurridiza materialidad a-morfa. La geometría ¿escutoidal, escutoidea? goza de elegancia, belleza y fuerza creativa. En definitiva, es una imagen potente y fácil de recordar.

3. Tiene también la fuerza evocadora de una palabra de nuevo cuño, de un neologismo inventado para la ocasión y cuya etimología hace justicia poética para con su principal descubridor, Luis M. Escudero: escu-toide guarda estrecha relación con la grafía y el sentido del apellido Escu-dero. La palabra “escudero” deriva del latín scutarius que significa “relativo al escudo, caballero, hombre noble”. Sus componentes léxicos son scutum (escudo grande), más el sufijo –ero (pertenencia). Sin embargo, como reconoce Clara Grima, al ver la dimensión del hallazgo buscaron una “justificación más formal” y optaron por la del escudo torácico de los escarabajos de la especie Protaetia speciosa, por su razonable parecido. Es una brillante analogía porque el escarabajo nos sitúa en una naturaleza compartida que trasciende las especies: es la Naturaleza la que habla ahora al sugerirse que el escutoide ya estaba ahí y sólo había que tener la necesaria paciencia para descubrirlo “mirándole a los ojos a nuestro universo.”

No hay que olvidar, como nos recuerda la lingüista Susana Guerrero, la querencia que tienen los medios de comunicación por los neologismos sonoros: “[…] el lenguaje periodístico cuenta, entre sus características más sobresalientes, con el afán de innovación, de recoger lo nuevo que surge, bien en la lengua común o bien en un lenguaje especializado y difundirlo.” (p. 12).

 La analogía escutoide-escudo del tórax del escarabajo <em>Protaetia speciosa</em>.

4. Es cómodo de comunicar en distintos tipos de formatos, ya sean (audio)-visuales o escritos. Asimismo, se presta a ser transmutado en objetos decorativos o artísticos, adoptando así nuevas funcionalidades (como, por ejemplo, de utilidad, de belleza, de entretenimiento, de educación).

5. Y por último, aunque no menos importante, es fruto de la colaboración activa entre científicos, ingenieros y matemáticos. Aquí las matemáticas juegan un papel crucial porque vuelven a recordarnos el viejo adagio galileano de que el libro de la Naturaleza está escrito en lenguaje matemático. La propia Clara Grima lo explica con gran acierto: “Hay matemáticas que se crearon como parte de un proceso deductivo lógico y que luego fueron aplicadas con éxito a explicar la naturaleza, como las geometrías no euclídeas, y matemáticas que se descubren mirándole a los ojos a nuestro universo.” En efecto, aquí las matemáticas dejan de ser un juego formal de la imaginación para convertirse en una suerte de “esencia” de lo que está fuera de la imaginación, de lo que hemos venido en llamar la realidad

También conviene recordar que el hecho de que este hallazgo se haya dado en un ambiente académico (y no tanto como el producto de una empresa biotecnológica, pongamos por caso) puede otorgarle una cierta aura de épica a la hazaña. De entrada, el investigador principal (Luis M. Escudero) está adscrito a la Universidad de Sevilla, una modesta institución científica en el panorama internacional y, por tanto, podría entenderse que el tipo de trabajo que se desarrolla ahí está menos sujeto a la presión mercantilista y sí más inspirado por la curiosidad y por un minucioso gusto por la observación científica. 

El mensaje público es claro: aunando fuerzas, aunque estas sean limitadas, es posible alcanzar grandes logros. Este es un mensaje muy esperanzador y atractivo para la gente porque apela a la humildad del esfuerzo y al triunfo de la perseverancia y la imaginación. Significa que, a pesar de estar inmersos en estos tiempos en los que todo está ligado a los envites del mercado, aún es posible abrir veredas, aunque sean angostas, por las que anónimos investigadores de pequeñas universidades puedan transitar y contribuir de manera significativa al acervo de conocimientos científicos, como es el caso de la descripción de un objeto aún no imaginado que da cuenta de nuestra organización corporal. Todo esto es posible cuando lo que infunde el deseo de descubrir es el ansia de conocimiento y no el beneficio económico inmediato.

En resumen, habrá que esperar para comprobar si estas primeras manifestaciones pop son el reflejo de una verdadera apropiación cultural del fenómeno escutoide. Si esta tendencia no decae, la entrada del escutoide por la puerta grande de la cultura popular estará garantizada. Es posible que gracias a las peculiaridades que he descrito mucha gente se apropie de la imagen del escutoide para satisfacer sus propias necesidades, que pueden ir desde promover sus productos o proclamar su solidaridad hasta criticar una proclama socio-política o justificar una causa. El tiempo lo dirá.