Creo honestamente que una de las sensaciones más especiales que puede experimentar una persona es el instante de descubrir o comprender profundamente un hecho. Es un instante de epifanía difícil de transcribir en palabras llanas. La mejor analogía que encuentro es la de sentir que un abismo se abre y el vértigo invade la mente.

Es frecuente encontrar el relato que hacen algunos científicos de los instantes en que percibieron la profundidad de una idea. Por ejemplo, Einstein habla de la comprensión del que ahora llamamos Principio de Equivalencia, sentado en su oficina de patentes. Heisenberg, tomando un respiro del apabullante Bohr, dio con las ideas de Incertidumbre en el campo danés y se fue a lo alto de una roca. Dirac comprendió la necesidad de linealizar su ecuación (de Dirac) mirando el chispear del fuego. Roetgen entró en un estado de exaltación enloquecida de la que hacía partícipe a su esposa. Todos son ejemplos de instantes mágicos, diferentes de la abstracción que normalmente caracteriza a un científico. No es introspección, si no exaltación.

Invito a cualquiera que lea estas líneas y sepa de relatos curiosos similares a éstos a que los comparta con todos nosotros.
José Ignacio Latorre
José Ignacio Latorre

Catedrático de física teórica de la Universidad de Barcelona y Director Gerente del Centro de Ciencias de Benasque Pedro Pascual

Sobre este blog

Vivir en el límite del conocimiento es un privilegio.

Ver todos los artículos