Este es mi primer artículo en el blog de Investigación y Ciencia. Ante todo quiero agradecer a IyC la oportunidad de pertenecer a la familia de autores y lectores de esta publicación. Soy consciente del privilegio que representa poder establecer un diálogo directo y periódico con los excepcionales lectores de IyC. Gracias a IyC por la oportunidad y a los lectores por su atención y comentarios.

 

La ciencia es apasionante. Permite dedicar esfuerzos y creatividad a una frontera real, que separa lo conocido de lo nunca explorado, importante para la Humanidad. Es bello hablar de ciencia y de sus límites y compartir impresiones con otras personas interesadas. Aprovecharé el blog para hacerlo de vez en cuando. 

 

Un aspecto del tema, aparentemente colateral pero que en la práctica resulta absolutamente central, es la compleja relación entre ciencia e innovación, o dicho de otro modo, entre ciencia y creación de riqueza material.  En este primer artículo me gustaría compartir algunas ideas especialmente dirigidas a jóvenes interesados en la investigación científica. Este relato particular sigue en lo principal unas reflexiones que me pidió La Vanguardia en otoño de 2005.

 

Los científicos afirmamos con insistencia que nuestra labor es importante para la sociedad desde diversos puntos de vista, como la curación de enfermedades o la creación de utensilios que aumentar el bienestar. También afirmamos que nuestra labor es esencial para asegurar un provenir mejor a los contribuyentes que financian nuestros proyectos de investigación con sus impuestos. Afirmamos con vehemencia que nuestra labor es clave para la generación de riqueza material mediante la creación de empleo y puestos de trabajo bien remunerados en empresas tecnológicas.

 

Sin embargo, esta expectativa no siempre se ve cumplida. No se cumplió, porque no se daban las condiciones adecuadas para ello, en la China del XIV, en la España del XVI, o en la Unión Soviética del XX, sociedades que fueron también poco innovadoras, en el sentido mencionado anteriormente, a pesar de disponer de los mejores recursos económicos y de acceso a la tecnología mas avanzada de su época.

 

Repasemos los ingredientes de una sociedad innovadora ideal. La lista empieza con instrumentos de producción adecuados, que incluyen factorías, mercados, bancos fiables,  créditos, inversores, así como sistemas de protección de la propiedad privada e industrial, explotación de patentes, capital riesgo, etc. Otros ingredientes son la selección de personal a partir de mérito y capacidad; la promoción de las actitudes emprendedoras y de riesgo empresarial; la tolerancia ante el fracaso; y la celebración del éxito propio y ajeno. Todo ello inmerso en un sistema político y social justo, que asegure la igualad de oportunidades y los derechos individuales y colectivos sin discriminación por origen social o inclinación política, y que permita disfrutar de los premios del esfuerzo. Todos estos ingredientes ya están presentes en nuestro país  en la actualidad en grados muy elevados, pero lo están desde fechas recientes.

 

La lista también incluye ciencia y tecnología punta, y un sistema eficaz de transmisión de los conocimientos a las generaciones jóvenes. Es necesario transmitir no solamente los conocimientos bien establecidos, generados hace un siglo o una década, sino aquellos que se encuentran al límite de lo conocido por la humanidad, en la frontera de lo que los humanos saben hacer, hoy.

 

La mayoría de estos conocimientos de frontera no son de interés para las empresas e inversores a corto plazo. Pero sí lo son, las aptitudes, las habilidades y las actitudes que los jóvenes adquieren mientras completan su formación trabajando, durante un tiempo, en esa frontera. Empujando con tesón la frontera, a veces compitiendo en solitario con los mejores del mundo para llevarla un poco mas lejos, con frecuencia colaborando en equipo para conseguirlo. Jóvenes que pasan el relevo, que abandonan las instituciones públicas al graduarse, que dejan la frontera científica al terminar su formación para pasar a la frontera empresarial. Una frontera distinta, con retos e objetivos diferentes, pero para la cual su formación y actitud pueden ser de la máxima utilidad.

 

La receta de las sociedades innovadoras modernas se basa, entre otras cosas,  en ciencia punta como fin en sí mismo y como método educativo de formación de jóvenes con habilidades únicas. Jóvenes que se forman en instituciones que son lugares de frontera, y también lugares de paso. Lugares de paso para individuos con temple, visión y ambición.

 

No se me ocurren mejores compañeros de viaje que tales individuos  para épocas de incertidumbres económicas y pesimismo latente como las actuales.

 

 

 

 

Lluis Torner
Lluis Torner

Catedrático de la Universidad Politécnica de Cataluña, Director del Instituto de Ciencias Fotónicas (ICFO) y Fellow de la Optical Society of America.

Sobre este blog

La investigación de frontera, al límite de lo conocido por la Humanidad, separa lo conocido de lo nunca explorado, ofrece desafíos formidables y crea entornos muy especiales, nidos de talento y de innovación.

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