¡Bienvenido el Ministerio de Ciencia!

04/07/2018 0 comentarios
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El ministro de Ciencia, Innovación y Universidades, Pedro Duque, a su llegada a la primera reunión del Consejo de Ministras y Ministros. [Flickr La Moncloa- Gobierno de España, CC BY-NC-ND 2.0]

No todos los países organizan sus gobiernos de manera uniforme. En particular, por lo que se refiere a las universidades y la investigación existen modelos diversos. A veces se engloba todo en un ministerio de educación; otras veces la investigación (y el desarrollo e innovación) tienen un ministerio específico, a veces asociado con la industria y la competitividad; otras veces las universidades se asocian a uno u otro. De todo hemos visto por nuestros lugares en los últimos años. Y el éxito suele depender más de las capacidades de los responsables y su peso en los gobiernos que de la estructura.

Dicho esto, es bueno que en los máximas órganos de gobierno haya un responsable de la investigación, la que se desarrolla en las universidades, en otras entidades públicas o en el sector empresarial. Un responsable cuya prioridad no se vea mezclada con algo tan importante como pueda ser la educación y la sanidad.

En este sentido, bienvenido sea el nuevo Ministerio de Ciencia, Universidades e Investigación! Y bienvenido sea un titular "viajado", más que nadie, incluso por alturas superiores a los 10 kilómetros; con experiencia en organismos internacionales. Características que le hacen ser consciente de los grandes déficits que tenemos en estos aspectos y que en la mesa del Consejo de Ministros tendrá éstas como sus prioridades exclusivas la lucha por unos presupuestos adecuados, en eterna lucha con unas administraciones encorsetadas e incapaces de entender los procedimientos de la ciencia y con los responsables de una hacienda sólo preocupada de que no se apuren las partidas presupuestarias ya asignadas.

Por lo que se refiere a las universidades hay que reconocer que es admirable que, a pesar de sus comparativamente escasos recursos, algunas de ellas se encuentren entre las quinientas mejores universidades del mundo y algunas en posiciones avanzadas. Con las actuales legislaciones las universidades han mejorado muchísimo, pero hay que reconocer que difícilmente mejorarán más si no se modifican las estructuras de sus gobiernos. Si no de todas, al menos las de algunas, ni que sea en plan experimental. Hay que huir de la idea de que las más de setenta universidades españolas (si fueran más diversas, no son muchas en relación a la población) van a estar todas en los primeros puestos de los ránkings internacionales. Es algo que no lo puede permitir ninguna economía. Hay que establecer diferencias. En la dirección de aquellos "campus de excelencia internacional" que quedaron en poca cosa.

Además, y creo que esto vale para todas las universidades, las restricciones presupuestarias les están condenando a un futuro trágico. Su profesorado está envejeciendo rápidamente y las jubilaciones no se están cubriendo con los mejores candidatos de nuevas generaciones, porque los puestos que se les ofrecen no son aceptables ni comparables con las ofertas que reciben de otros países. Es un empobrecimiento cuyos lamentables resultados se verán en pocos años a no ser que se tomen medidas correctoras urgentes.

Por lo que se refiere a la investigación la situación también es muy preocupante. Es cierto que tenemos los tradicionales Organismos Públicos de Investigación, los más importantes el Consejo Superior de Investigaciones Científicas o el Centro de Investigaciones Energéticas, Medioambientales y Tecnológicas, muy desiguales y que deberían revisarse a fondo. También tenemos las más recientes Instalaciones Científico Técnicas Singulares, también muy desiguales y que precisan de revisión. Y también participamos, a veces de manera insuficiente o poco relevante, en grandes proyectos internacionales. Pero estamos aún lejos de dónde están nuestros vecinos europeos avanzados. Basta asistir a alguna conferencia científica en casi cualquier campo, para apreciar las ausencias de grupos españoles.

Es necesario que los presupuestos de ciencia crezcan de manera paulatina y sostenida principalmente en dos direcciones. Una es incrementar la investigación libre, el Plan Nacional de Investigación, y la otra es más dirigida hacia objetivos más concretos, como la participación en los organismos internacionales y el aumento de los presupuestos de infraestructuras nacionales, para que puedan ser más competitivas y puedan aprovechar el esfuerzo y los resultados obtenidos hasta ahora.