Como no podía ser de otra manera, en las últimas semanas y a causa de la incidencia de la COVID-19, se ha multiplicado el número de predicciones sobre el futuro de las economías locales, regionales y globales por parte de toda clase de especialistas más o menos reputados y de organismos de toda índole, como si la economía fuera una ciencia exacta. A estas predicciones se han añadido las equivalentes sobre el futuro de la pandemia, tema en el que parece que de la noche a la mañana todos nos hemos convertido en expertos.

Los físicos sabemos cuán difícil es hacer predicciones en nuestros campos, que son relativamente sencillos. A la mayoría de fenómenos físicos los intentamos encajar en teorías establecidas a partir de hechos experimentales comprobados, lo que nos da un marco en el que, en los casos más sencillos, poder hacer predicciones sobre nuevos sucesos. Y digo "en los casos más sencillos" porqué ya sabemos que, por ejemplo, no las podemos hacer en un caso aparentemente tan sencillo como el movimiento de tres cuerpos puntuales sometidos a la gravitación, un problema matemático que está demostrado que solo tiene solución exacta en contados casos particulares. Las cosas se complican un poco cuando las medidas experimentales sobre las que se construyen las teorías se han medido, como no puede ser de otra manera, con un cierto error. La precisión infinita no existe. A partir de ello, las predicciones de la física se dan siempre con un margen de error.

Siempre me ha sorprendido que las predicciones referentes a la economía se den como cifras exactas, sin error, en vez de hacer predicciones con una banda de incertidumbre. Una buena predicción es aquella en la que, pasado un tiempo, se comprueba que la realidad ha caído dentro de la banda, tanto mejor cuanto más cerca haya sido del valor central. Un buen historial de predicciones acertadas es lo único que hace que un autor, o una entidad, sea creíble y que sus predicciones tengan ciertas garantías. Y aquí viene el otro problema. Casi nunca he visto que cuando alguien hace una predicción se indique cuál es su historial de aciertos en sus anteriores predicciones. Y por descontado que no es de recibo andar modificando las predicciones cada tres meses o a veces antes.

Sería deseable que se exigiera a quienes predicen algo, ya sea el comportamiento de la economía o el desarrollo de la pandemia, que nos indiquen su historial de aciertos, no un acierto esporádico fruto quizá del azar, y que sus predicciones indicaran su margen de incertidumbre. Así aumentarían su fiabilidad.

Ramón Pascual de Sans
Ramón Pascual de Sans

Profesor emérito de física teórica de la Universidad Autónoma de Barcelona, presidente honorario de la fuente de luz de sincrotrón ALBA y miembro de la Real Academia de Ciencias y Artes de Barcelona.

Sobre este blog

«Al contrario de los tertulianos, me abstendré de comentar aquello de lo que no sé lo suficiente.»

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