En las últimas semanas ha sido noticia, al menos en Cataluña, el conflicto laboral entre la empresa Ercros y su personal de la fábrica de Flix. Por cierto, Flix se pronuncia como en inglés se pronuncia pescado: fish. Es decir, flish. Antes todo el mundo, menos los flixancos -los habitantes de Flix-, decían "flicks"...


Desgraciadamente, Flix está ya en el mapa, y por noticias negativas. Primero fue el "descubrimiento" de que la fábrica había tirado grandes cantidades de residuos y lodos directamente al río, frente a la fábrica. Después, por todas las informaciones del proceso de tratamiento de estos lodos. Y, finalmente, ahora, por todo el tema del despido de buena parte de la plantilla actual, a quien en el momento de escribir esta entrada se le ha encontrado una cierta salida, que no una solución.

¿Qué hace una industria química en una comarca tan apartada de los grandes centros industriales como la Ribera d'Ebre, al sur de Tarragona, lejos del mar y de los grandes centros urbanos e industriales? ¿Por qué se instaló allí y, ahora, por qué la quieren cerrar?

A finales del siglo XIX se conocía la electricidad y sus efectos sobre la materia. En particular, se sabía que sometiendo determinadas sustancias a una corriente eléctrica continua, se podían obtener productos que antes era imposible de fabricar con los procedimientos tradicionales de calentar, destilar, tostar, etc. La electrolisis permitía, en particular, separar los componentes de ciertas sales. De la sal común se puede obtener directamente por electrólisis cloro, sodio, o hidróxido de sodio. Los grupos industriales se lanzaron a buscar ubicaciones donde instalar industrias electrolíticas, en unos momentos en que no había transporte por carretera, ni líneas eléctricas por el territorio.

Flix satisfacía muchas de las condiciones requeridas para una industria electroquímica:
• le pasaba el tren, que permitía transportar maquinaria, materias primas y productos acabados
• había cerca minas de carbón (Mequinensa y Faió) para generar energía térmica para fabricar vapor y calentar las instalaciones
• por ahí pasa el río, que permite la refrigeración, suministro de agua como materia prima, y como vía de evacuación de residuos. También se usaba como sistema de transporte fluvial.
• la sal, materia prima del proceso, no estaba lejos porque había salinas en el delta del Ebro
• y, sobre todo, se podía obtener energía eléctrica allí mismo aprovechando que el río hace un meandro muy ancho, que permitía diseñar un salto de agua de un cierto desnivel para obtener la electricidad. Desde el tiempo de los árabes había en aquel punto un azud que permitía elevar agua hacia el pueblo. Unos kilómetros al sur y aguas abajo de la planta química se erigió la central nuclear de Ascó, muy discutida en su momento y hasta la actualidad. Véase en el mapa adjunto la ubicación de ambas instalaciones industriales.

Flix y Ascó sobre el Ebro

 

Con todas estas condiciones, en 1897 se fundó Electroquímica de Flix, empresa con capital alemán, para electrolizar cloruro de sodio y obtener los productos comerciales útiles, que pueden ser muchos y que a lo largo del tiempo han ido variando: cloro, sosa cáustica, ácido clorhídrico, sodio, amoníaco, cianuro de sodio, derivados clorados de muchos tipos como tricloroetileno o cloroformo, o fosfato bicálcico para aprovechar el ácido clorhídrico residual de la misma fábrica. Se abrían y cerraban las plantas químicas según las oportunidades comerciales del momento. La empresa pasó a manos de S.A.Cros, una parte se vendió y se recompró a Hoechst, se cambió a Ercros (derivada de Cros), a Erkimia y nuevamente a Ercros.

En el Ebro hay también otra planta electroquímica, en La Zaida (Zaragoza), actualmente de FMC Foret y con conflictos laborales también.

La tecnología básica de electrólisis de Flix es la de celdas de cátodo de mercurio. Esta tecnología tiene que desaparecer en pocos años de Europa, por la dificultad de eliminar el mercurio residual de los productos finales y de los residuos efluentes. Las modernizaciones que a lo largo de los veinte últimos años se han llevado a cabo no han sido suficientes. La compra por parte de Ercros de la empresa Energía e Industrias Aragonesas, que era propietaria de una planta electroquímica de cloruro de sodio en Tarragona, pero de tecnología de membranas, hace que Ercros tenga ya una planta de cloro más moderna, y no tenga interés en mantener la antigua, que además tiene fecha de caducidad. La automatización de las instalaciones, la competencia de plantas de países terceros y la crisis económica europea han hecho plantear a la empresa Ercros el ERE actual. Todo ello ha provocado una progresiva reducción de la ocupación en la empresa, que ha pasado desde los 1500 en las épocas más brillantes, a los poco más de 200 actuales.

Otra cuestión, en principio independiente del anterior, es la contaminación del río. La empresa ha generado residuos de dos tipos: los vertidos sistemáticos de agua residual, que está muy minimizada desde hace tiempo, y no tiene actualmente una importancia especial, creo. En cambio, el aspecto más importante han sido los vertidos de lodos y barros procedentes del proceso de fosfato bicálcico.

El fosfato bicálcico es un importante ingrediente de nutrición animal y humana. Lo hay en preparados de cacao, bebidas de cacao, galletas, etc., y sobre todo en piensos. Se obtiene a partir de la fosforita, que es una roca fosfática con fosfato tricálcico, que se compra en BuCraa, Sahara. La roca se muele y se ataca con un ácido, en este caso un ácido clorhídrico residual procedente, inicialmente, de las cloraciones orgánicas de la propia empresa. Actualmente estas cloraciones se han reducido y las plantas se han cerrado, por lo que el clorhídrico se compra a otras empresas que lo obtienen como residuo. Del proceso se obtiene un fosfato bicálcico que se lava y se seca, y unos lodos que contienen roca fosfática no atacada, minerales que acompañan la fosforita como los fluoruros, y cloruro de calcio. Son lodos mínimamente radioactivos, procedentes de la fosforita original. Hay también algunos metales pesados, además del mercurio: cromo, níquel, arsénico, cadmio, plomo y zinc; y también componentes organoclorados de los vertidos de las diversas plantas antiguas.

Hay unas 300.000 toneladas de lodos, inmovilizados en el fondo del río. Los análisis del agua del río no muestra contaminantes importantes, y aguas abajo todos los huertos y plantaciones del delta del Ebro no presentan ningún problema. Por lo que se ha publicado, el principal problema es la acumulación de metales en algunas especies de peces, y -para mí, el principal problema- la posibilidad remota de que un día los lodos se movilizaran por alguna causa -cambio de régimen hidrográfico, algún movimiento sísmico, ...- y el río Ebro quedara contaminado en su tramo final, reproduciendo una situación como la de la empresa Boliden en las proximidades de Doñana hace unos años.

Para evitar ese riesgo, la propuesta aprobada hace unos años fue construir un cajón que rodeara los lodos, y que aislara los lodos del río. De este modo la retirada de los lodos no pondría en peligro el agua. Los municipios aguas abajo han pedido garantías y acceso a otros suministros de agua alternativos, pero el hecho de que las ayudas europeas para contribuir a la descontaminación tenían fecha de caducidad ha impedido satisfacer los requerimientos de los ayuntamientos, y el proceso está a punto de empezar (final de marzo de 2013). Véase la foto de satélite adjunta, en que se ha eliminado buena parte del agua del cajón de los lodos. La planta industrial es mayor que lo mostrado en la foto, pues se extiende más a la izquierda y al sur.

Ercros y los lodos sobre el Ebro

La empresa había decidido cerrar la planta de electrólisis, despedir a más de las dos terceras partes de la plantilla, y mantener solo la fabricación de fosfato bicálcico. Los trabajadores y el pueblo en conjunto quieren que esta medida no se tome, y han respondido con acciones de fuerza, como huelgas, huelgas de hambre, manifestaciones frente a la sede de Ercros, campaña mediática importante, etc. Al final parece que se mantendrá parte de la producción de cloro, y los despidos se han reducido respecto a los que se debatían a comienzos de la negociación.

Comprendamos a los flixancos. Toda la vida conviviendo con la fábrica y trabajando en la fábrica, para acabar cerrándola. La fábrica era el puntal de la mayor parte de personas del pueblo. No es tan fácil para una industria química tener el apoyo de la población para que se mantenga la producción. Todos los trabajadores despedidos entierran así su práctica, su experiencia y sus valores industriales, muy diferentes de los valores de la sociedad rural del entorno de la planta química.

Comprendamos a la empresa. Una empresa de productos básicos como Ercros depende de que pueda vender sus productos a otras empresas, y la crisis de éstas la afecta considerablemente. Las grandes empresas químicas tienen muy poca flexibilidad de producción: las plantas están preparadas para fabricar una gama limitada de productos. El endurecimiento de las normativas de medio ambiente, de residuos, y otros, han generado incrementos de costes o bien, simplemente, la necesidad de cerrar las plantas, porque tienen que satisfacer el compromiso de usar las mejores tecnologías disponibles. Las campañas contra determinados productos, como el cloro, los derivados clorados o el PVC generan sobrecapacidad de producción de cloro y sus derivados. Todos estos factores llevan a Ercros a la propuesta de ERE y cierre de plantas.

¿Quién tiene razón? Las dos partes. Hablan de temas diferentes. Desde los tiempos de mayor esplendor de la fábrica, más de 1200 operarios han dejado de trabajar en Flix. Pero en esta ocasión parece que la reducción afectaba el corazón central de la fábrica: la electrolisis. La cultura del trabajo industrial que tiene el pueblo no se tendría que dejar caer, y la dificultad de encontrar emplazamientos para industrias químicas o de proceso tendría que facilitar la sustitución de las plantas de Ercros por otras, si no fuera que ahora con la crisis parece imposible encontrar inversiones industriales. Pero, por su parte, Ercros no puede mantener plantas condenadas a la desaparición, porque su supervivencia como empresa depende de la obtención de rendimientos y beneficios de sus fábricas.

Personalmente me duele el conflicto, por mis amigos y colegas de Ercros y por los de Flix...

Claudi Mans Teixidó
Claudi Mans Teixidó

Catedrático emérito de Ingeniería Química por la Universidad de Barcelona. Autor de los libros de divulgación científica: La truita cremada (2005, Ed. Col·legi de Químics de Catalunya, catalán) y Tortilla quemada (2005, Ed. Col·legi de Químics de Catalunya). Els secrets de les etiquetes (2007, Ed. Mina, catalán) y Los secretos de las etiquetas (2007, Ed. Ariel). La vaca esfèrica (2008, Rubes editorial, catalán). Sferificaciones y macarrones (2010, Ed. Ariel), La química de cada dia (2016, Publicacions de la Universitat de Barcelona, catalán) y La Química en la cocina: una inmersión rápida (2018, Tibidabo Ediciones).

Director científico del Comité Español de la Detergencia, Tensioactivos y Afines (CED). Vocal de la junta de la Associació Catalana de Ciències de l'Alimentació (ACCA) y del Colegio-Agrupación de Químicos de Catalunya.

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La naturaleza del ser humano es su artificialidad: la voluntad de adaptar el medio a sus necesidades. De ahí la tecnología y las ciencias aplicadas. Hablaremos de eso, especialmente de nuestra vida cotidiana. Y también de arte científico, de lenguaje científico-cotidiano... Nos lo pasaremos bien.

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