La Organización Mundial de la Salud define la osteoporosis como la enfermedad caracterizada por tener "una densidad mineral ósea 2,5 desviaciones estándar por debajo de la masa ósea máxima, que es la media en la mujer sana de 20 años". Lo que significa una definición tan técnica es que se tiene osteoporosis cuando tienes una cantidad de calcio en los huesos bastante menor que la que tienen las jóvenes: los huesos se fragilizan por carencia de sales de calcio, básicamente fosfatos en forma de cristales de hidroxiapatita Ca10(OH)2(PO4)6. También suelen perderse proteínas óseas. Una fase menos grave de pérdida de mineral es la osteopenia. La técnica clásica de identificar una osteopenia o una osteoporosis es la tomodensitometria ósea, que es una técnica derivada de los rayos X.

La osteoporosis es una enfermedad muy común y muy extendida, especialmente en mujeres postmenopausicas. Además de las medidas farmacológicas para reducirla o frenarla, hay estrategias para prevenirla: un aporte suficiente de calcio en la dieta, optimizar la absorción y la fijación del calcio al hueso, con un aporte suficiente de vitamina D y baños de sol, y hacer ejercicio físico moderado.

La cantidad diaria recomendada de calcio para un adulto varía entre 800 y 1000 mg, y entre 1200 y 1300 mg después de la menopausia. La leche, los derivados lácteos, algunos vegetales, y los pescados de los que se ingiere la espina (sardinas de lata, anchoas rebozadas, pescaíto frito) son las mejores vías de ingesta de sales de calcio. Las leches envasadas suelen contener unos 120 mg de calcio por cada 100 ml de leche, tanto la leche entera como la semi o la desnatada. Se pueden añadir sales de calcio a la leche, y pasa a ser leche enriquecida en calcio, que suele tener 160 mg, un 33 % más que la leche no enriquecida. Y tanto da que sea "calcio procedente de la leche" como procedente de sales minerales, el organismo no lo distingue, ni el químico que lo analiza: esta frase es publicidad con voluntad de confundir.

Los yogures son productos lácteos que tienen diferentes virtudes desde el punto de vista nutricional. Contienen bacterias beneficiosas para la digestión, no contienen lactosa sino ácido láctico, y contienen calcio. Las marcas usan los yogures como vehículo de suministro de principios activos y nutricionales, convirtiéndolos en alimentos funcionales. Lo hemos visto con el Danacol [+] , y en cierto modo con el Actimel[+].

Densia ingredients.jpgDanone y otras empresas fabrican yogures enriquecidos en calcio. En concreto Danone propone dos: el Densia y el Densia Forte, del que afirma que "contiene Calciforte" Se presentan en dos formatos, el clásico de yogur, con textura de gel, y las botellitas de líquido.

¿Qué es el Calciforte? En algunos países existe un medicamento denominado así , que es una mezcla de sales de calcio (gluconato, lactato, glucoheptonato, cloruro) y salvado de cerveza, con edulcorantes, aromas, ácido láctico y agua, que se presenta en botellitas de 100 ml para beber. También existe un chicle Calciforte, que contiene carbonato de calcio, vitamina D3, y levadura. Finalmente, encontramos un Calciforte Gold con vitaminas A, D3, B12, H, E, sales de calcio, de fósforo, de cobre, manganeso, zinc, cobalto y L-lisina. Todos esos productos son suplementos de calcio.

Ninguno de estos Calcifortes es el Calciforte del yogur Densia Forte. Mirando los ingredientes de dicho yogur se observa que no hay ningún ingrediente denominado Calciforte. El Densia normal tiene solo citrato de calcio. Lo que diferencia al Densia Forte es que contiene una mezcla de sales, que debe ser lo que Danone denomina Calciforte. Lo debe de tener registrado, y, por lo tanto, exclusivo: son el citrato de calcio, el lactato de magnesio y el citrato de cinc.Densia nutrició.jpg

Esta práctica de registrar una mezcla, darle un nombre y destacar después de que el alimento contiene este producto "de forma exclusiva" no es nueva. Otras marcas y productos también lo hacen. La misma Danone anunciaban hace un tiempo determinados yogures que contenían SaciActiv, que no es más que una fibra bastante común que otras marcas también añadían, sin publicitarlo como exclusivo. Son marrullerías publicitarias legales, pero que generan confusión.

Comparando la cantidad de calcio de diferentes productos, veamos la pequeña lista siguiente, en base a 100 g o 100 mL de producto:

  • leche de cualquier tipo (entera, semi o desnatada): 120
  • leche enriquecida con sales de calcio: 160
  • yogur natural: 120
  • leche fermentada tipo Activia y similares: 120
  • yogur Vitalinea: 120
  • yogur Densia: 320
  • yogur Densia Forte: 500

¿Se asimila todo el calcio ingerido? No. De una dieta normal sólo se absorbe de un 30 a un 40 %. La biodisponibilidad del calcio dependerá del alimento con que se toma, de si hay simultáneamente presente vitamina D, que es imprescindible para asimilar el calcio, y de las características individuales de cada persona. Hay gran cantidad de webs y libros que destacan las elevadas cantidades de calcio de determinadas verduras, algas y semillas, pero parece demostrado que se asimila una pequeña parte del calcio de los mismos. En términos generales —y con excepciones—, el calcio de los lácteos se asimila mucho mejor que el procedente de vegetales.

El calcio que se toma en exceso se excreta, pero también puede acumularse. De hecho, este es un tema controvertido porque hay algunos estudios que relacionan una ingesta excesiva de calcio (más de 1500 mg/día durante un largo periodo) con un incremento de ataques cardíacos. El tema está todavía abierto. Pero así como se desaconseja un consumo superior a dos unidades de Danacol, no hay por ahora una limitación para tomar un exceso de yogures o lácteos, en términos generales.

En resumen, los yogures, como todos los lácteos, son una de las mejores fuentes de calcio, y el Densia y el Densia Forte más. Pero es perfectamente posible diseñar una dieta cotidiana que satisfaga las necesidades de calcio sin que haya que ingerir productos tan enriquecidos en calcio como estos. Son, a mi entender, una opción más.

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Claudi Mans Teixidó
Claudi Mans Teixidó

Catedrático emérito de Ingeniería Química por la Universidad de Barcelona. Autor de los libros de divulgación científica: La truita cremada (2005, Ed. Col·legi de Químics de Catalunya, catalán) y Tortilla quemada (2005, Ed. Col·legi de Químics de Catalunya). Els secrets de les etiquetes (2007, Ed. Mina, catalán) y Los secretos de las etiquetas (2007, Ed. Ariel). La vaca esfèrica (2008, Rubes editorial, catalán). Sferificaciones y macarrones (2010, Ed. Ariel), La química de cada dia (2016, Publicacions de la Universitat de Barcelona, catalán) y La Química en la cocina: una inmersión rápida (2018, Tibidabo Ediciones).

Director científico del Comité Español de la Detergencia, Tensioactivos y Afines (CED). Vocal de la junta de la Associació Catalana de Ciències de l'Alimentació (ACCA) y del Colegio-Agrupación de Químicos de Catalunya.

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