No había oído hablar nunca de Andy Goldsworthy hasta que vi de él un libro fascinante: Time. Es un artista que tiene pocas obras en museos e instituciones del mundo, porque la mayor parte de sus creaciones son efímeras.

Goldsworthy es el ejemplo paradigmático de que el arte es antinatural. Se dedica primordialmente a modificar la natura. No es el primero: desde los años 80 del siglo XX que el artista Christo Javacheff (1935), más conocido sólo por su nombre, se dedica a monumentales actuaciones como su conocida acción de envolver edificios. Fue muy famosa lo el empaquetamiento del Pont Neuf de Paris en 1985, o del edificio del Reichstag  en Berlin en 1995. En 1977 había intentado envolver el monumento a Colón en Barcelona pero no consiguió los permisos, después de una gran discusión ciudadana. Per ho hecho escuela, porque precisamente las escuelas del grupo escolar Pere Vila, junto al Arco de Triunfo de Barcelona, hacia el 2006 envolvieron sus dos edificios. Y el envoltorio ha durado mucho, porque hasta hace poco todavía había uno de los edificios envuelto.

Christo también ha ejecutado muchas acciones en plena naturaleza, por ejemplo el proyecto Valley Curtain, de 1970, que consistió en colgar una enorme cortina a través de un valle lateral del río Colorado, cerca de Rifle, Colorado. La instalación sólo duró dos días. Otro proyecto fue el Surrounded Islands (1983), donde colocó film de polipropileno de color de rosa alrededor de algunas pequeñas islas de Biscayne Bay, en Miami, durante dos semanas.
  
                  

                             

Andy Goldsworthy, artista británico nacido en 1956, también trabaja modificando la naturaleza, pero, a diferencia de Christo, para sus obras usa sólo elementos naturales del mismo entorno de la obra. Por ejemplo, en otoño recoge hojas caídas de los árboles, y las ordena sobre el suelo, sobre una roca o sobre un árbol, formando pautas regulares, muchas veces de formas sinuosas. El viento o la lluvia desmontarán la obra al cabo de pocos días, pero él ya habrá fotografiado y filmado el proceso de destrucción, que después publicará en forma de libro o de película. O toma pétalos de flores, y las pone sobre las piedras del río, que el agua se llevará cuando el caudal aumente. También enlaza hojas y flores con elementos de la naturaleza, las pone flotando sobre el agua y las deja correr a lo largo del río. Hace monolitos de piedras, ordenadas con gran precisión, cerca de la costa, cuando la marea está baja, y estudia el ritmo al que el agua cubre el montaje y cómo se va degradando con los días y los meses. O prolonga los árboles con raíces artificiales hechos de la misma tierra en que han arraigado.

                

                 


Uno de los elementos que más ha explotado Goldsworthy es el hielo y la nieve. En pleno invierno hace montajes y esculturas integradas al medio, con placas de hielo sacadas de estanques o de las orillas del río. Y a medida que el calor ambiental las va fundiendo, él estudia las variaciones de forma y de tamaño.

                    

                    

He visto un par de instalaciones estables de Goldsworthy. La primera, una gran valla sinuosa de tierra y piedras hecha en un hoyo, en terrenos del campus de la universidad de Stanford, California. Su nombre: Stone River, instalada el 2001. La segunda obra se llama Spire, y fue instalada el 2008 en el parque de The Presidio, de San Francisco. Consiste en un conjunto compacto de 35 troncos de cipreses, previamente descortezados, de unos 30 m de altura, situada en una zona desnuda de árboles, porque los talaron al acabar su ciclo de vida. En este caso, el objetivo del artista es que los nuevos árboles plantados alrededor de su obra vayan creciente y al cabp de unos cuantos años su árbol artificial, que habrá acumulado hiedras y lianas, se mimetice con los otros árboles naturales.

               

                


Volvemos a la idea inicial. El arte es antinatural, artificial. A pesar de que las obras de Goldsworthy están hechas con elementos naturales y están insertadas en la misma naturaleza y en su mismo lugar, las identificamos inequívocamente como perturbaciones humanas. Tienen un orden interno diferente del orden natural, cuando lo hay. En la naturaleza hay formas sinuosas como las serpientes, pero no formas sinuosas hechos con hojas de árbol. En la naturaleza hay hojas depositadas sobre los charcos de agua, pero no forman una gradación regular de colores. En la naturaleza hay sólidos estructurados ordenados, como los cristales, pero no espirales de hielo. Todos estos objetos y más los vemos como antinaturales.

El artista ha invertido tiempo y energía, hasta tener en un punto del espacio una acumulación de orden y de energía potencial. Una vez construidas, las obras son abandonadas a la lenta destrucción natural debida a los elementos meteorológicos. El tiempo, la lluvia, las olas, el calor del sol, el viento, la erosión van destruyendo la obra hasta llegar a un nuevo estado de equilibrio, con menos energía y más entropía global del universo: la evolución de las obras de Goldsworthy son una ilustración clara de la flecha del tiempo,  que sólo avanza. O, dicho de otro modo, del omnipresente Segundo Principio de la Termodinámica, que tantas expresiones poco científicas tiene: “no quedará piedra sobre piedra”, o “todo lo que ahora está arriba irá abajo”, que parecen expresiones de la Ley de Murphy.

Algunos libros de Goldsworthy: Leaves (1989), Stone (1994), Time (2000), Passage (2004), Enclosure (2007). Pueden encontrarse por Amazon o en alguna librería especializada en arte contemporáneo. Yo he comprado alguna en Loring (Barcelona) (http://www.loring-art.com/)

Claudi Mans Teixidó
Claudi Mans Teixidó

Catedrático emérito de Ingeniería Química por la Universidad de Barcelona. Autor de los libros de divulgación científica: La truita cremada (2005, Ed. Col·legi de Químics de Catalunya, catalán) y Tortilla quemada (2005, Ed. Col·legi de Químics de Catalunya). Els secrets de les etiquetes (2007, Ed. Mina, catalán) y Los secretos de las etiquetas (2007, Ed. Ariel). La vaca esfèrica (2008, Rubes editorial, catalán). Sferificaciones y macarrones (2010, Ed. Ariel), La química de cada dia (2016, Publicacions de la Universitat de Barcelona, catalán) y La Química en la cocina: una inmersión rápida (2018, Tibidabo Ediciones).

Director científico del Comité Español de la Detergencia, Tensioactivos y Afines (CED). Vocal de la junta de la Associació Catalana de Ciències de l'Alimentació (ACCA) y del Colegio-Agrupación de Químicos de Catalunya.

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La naturaleza del ser humano es su artificialidad: la voluntad de adaptar el medio a sus necesidades. De ahí la tecnología y las ciencias aplicadas. Hablaremos de eso, especialmente de nuestra vida cotidiana. Y también de arte científico, de lenguaje científico-cotidiano... Nos lo pasaremos bien.

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