El término nutricionista no tiene el mismo valor en nuestra sociedad que en las sociedades anglosajonas. Aquí se refiere a un profesional de la salud con conocimientos sobre nutrición humana, sobre el valor de los alimentos, y que puede diseñar una dieta adecuada a unas necesidades individualizadas o colectivas. Puede evaluar un producto alimentario, sabe en qué alimentos hay qué, sabe que un mismo nutriente se absorbe en el organismo de formas diferentes según en qué alimento esté presente y en qué entorno se encuentra, etc. En resumen, un experto, que se basa en los conceptos científicos genuinos sobre nutrición, química de los alimentos y fisiología, iniciados por Liebig y otros investigadores en el siglo XIX.

En cambio el nutritionist es, en terminología anglosajona, poco más que un charlatán que, sin una preparación específica y sin conocimientos, pontifica sobre los alimentos. Aquí serían los que escriben en los suplementos publicitarios de los diarios sin que conste su titulación. En la literatura que publican, al servicio de la venta de productos, siempre creen detectar deficiencias nutricionales y aconsejan sin criterio suplementos alimentarios específicos. Como si, por arte de magia, la ingesta de una determinada cantidad de un nutriente (hierro, lisina, magnesio, taurina) tuviera efectos reparadores globales sobre el organismo. Fruto de esta visión sesgada y con una buena componente mágica, nuestras farmacias y centros de parafarmacia están llenas de suplementos vitamínicos, minerales, hierbas, extractos... no regulados como medicamentos. Y más que habrá. Que no quiere decir que en algún caso no funcionen, pero que se toman la mayoría de casos de forma no controlada, no sistemática y por consejo de no profesionales.

En San Francisco (California), ciudad creadora de tendencias y receptora de culturas de todo tipo, hay la tienda más grande que he visto sobre productos orgánicos, biológicos, hierbas, terapias alternativas, fórmulas ayurvédicas, homeopatía, vegetarianismo y veganismo, higiene no química, slow food , dieta paleolítica (eso existe), comida de kilómetro cero (allá la denominan local ), de comercio justo... La tienda, que es una cooperativa, se llama Rainbow Grocery, es como un hipermercado de aquí y tienen una increíble variedad de productos. Por ejemplo, casi más quesos y vinos catalanes que en la mayor parte de las tiendas de Barcelona; más de veinte variedades de arroz; centenares de especies, envasadas o en venta al por menor; docenas de cafés, tés... Cuesta más encontrar azúcar refinado, harina refinada, galletas "normales", helados, carne, pescado...

Toda la sección de suplementos alimentarios y minerales está clasificada por cuál sea el principio activo. Y podemos ver una enorme variedad de cajitas y botellitas clasificadas por elementos químicos. Me constan los siguientes: litio, silicio, fósforo, azufre, potasio, calcio, vanadio, cromo, manganeso, hierro, cobre, zinc, germanio, selenio, estroncio, molibdeno, plata, yodo. Total 18. ¡Ahí es nada! Algunos, en diferentes formas de presentación: hierro y hierro líquido; plata y plata coloïdal. Podríamos encontrar más, escondidos por entre los remedios homeopáticos, que incluyen mercurio y otros elementos nefastos , pero que, según los principios homeopáticos, curan aquello mismo que provocan si se toman en dosis homeopáticas.

No quiere decir que se vendan los elementos como tales sustancias, sino, en la mayor parte de casos, en forma de sales, y en todo tipo de dosis y formatos. Adjunto un fotomontaje, que no da ni remota idea de la magnitud y variedad de productos. Sólo vemos los carteles, pero no se aprecia la cantidad de cajitas que hay debajo de cada uno.

Del mismo modo que hace años propuse la tabla periódica de los alimentos (en catalán en la web; en castellano en el libro Tortilla quemada), que muchos centros de secundaria han asumido como propuesta de trabajo, pienso que ahora nos encontramos ante la Tabla Periódica de los Medicamentos .

Lástima que esta exuberancia sea una muestra del carácter hipocondríaco de la sociedad en que nos estamos instalando, y que busca un remedio inmediato para cada nuevo miedo.

 

Claudi Mans Teixidó
Claudi Mans Teixidó

Catedrático emérito de Ingeniería Química por la Universidad de Barcelona. Autor de los libros de divulgación científica: La truita cremada (2005, Ed. Col·legi de Químics de Catalunya, catalán) y Tortilla quemada (2005, Ed. Col·legi de Químics de Catalunya). Els secrets de les etiquetes (2007, Ed. Mina, catalán) y Los secretos de las etiquetas (2007, Ed. Ariel). La vaca esfèrica (2008, Rubes editorial, catalán). Sferificaciones y macarrones (2010, Ed. Ariel), La química de cada dia (2016, Publicacions de la Universitat de Barcelona, catalán) y La Química en la cocina: una inmersión rápida (2018, Tibidabo Ediciones).

Director científico del Comité Español de la Detergencia, Tensioactivos y Afines (CED). Vocal de la junta de la Associació Catalana de Ciències de l'Alimentació (ACCA) y del Colegio-Agrupación de Químicos de Catalunya.

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Sobre este blog

La naturaleza del ser humano es su artificialidad: la voluntad de adaptar el medio a sus necesidades. De ahí la tecnología y las ciencias aplicadas. Hablaremos de eso, especialmente de nuestra vida cotidiana. Y también de arte científico, de lenguaje científico-cotidiano... Nos lo pasaremos bien.

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