Pedralta es una curiosidad natural que consta de una roca de unas 101 toneladas de peso y 34 m3 de volumen situada sobre otra que le sirve de base, en una disposición denominada piedra caballera. Es de granito de biotita situada en el macizo de Cadiretes (Girona), en el municipio de Santa Cristina d'Aro, si bien el acceso más cómodo se realiza por una carrretera asfaltada en mal estado desde Sant Feliu de Guíxols.

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En la postal antigua de A.Toldrà (de la colección del autor) reproducida aquí se ve el aspecto que tenía en 1918, y en la foto de color el aspecto que tiene hoy. La primera cruz de la piedra se instaló el 24 de junio de 1890. También había una cadena que ayudaba a subir a la cúspide.

Pero, entre una foto y la otra, ha ocurrido un acontecimiento importante. Entre el 9 y el 10 de diciembre de 1996 la piedra superior cayó, por causas naturales meteorológicas y erosivas, no sísmicas, y quedó a 15 m de distancia.

La restauración, dirigida por el ingeniero Josep Amat, requirió reparar la roca de la base, y se tuvo que desplazar la piedra superior unos cuarenta centímetros, para asegurar su estabilidad. Antes de caer, la roca superior basculaba ligeramente, propiedad que se perdió con la restauración. Se terminó el trabajo en la madrugada de 26 de mayo de 1999, después de bastantes días de trabajo y modificaciones de la base de la piedra.

Pedralta en la actualidad

Tanto el proceso de caída de la piedra como su reubicación y todas las discusiones que generó están muy bien descritas en dos separatas de 1997 y 2000 redactadas por Lluís Pallí y Carles Roqué, de la Universitat de Girona, de 1997 y 2000, que pueden consultarse aquí: [+], [+]. Discusiones entre municipios, referéndums en Santa Cristina, donde de 2115 censados sólo votaron 118, descalificaciones de concejales a Josep Amat, que es un prestigioso ingeniero y profesor de la UPC y que hizo el trabajo gratuitamente, colectas entre los Amigos de la Pedralta que inicialmente obtenían cantidades irrisorias: en el proceso de restauración se dio de todo. La reposición costó 5 millones de pesetas, y requirió hacer llegar grúas potentes al lugar, ampliar la pista de acceso, cortar encinas para poder ubicar las máquinas...

Inicialmente la piedra era oscilante, y algunos visitantes colocaban botellas de vidrio en la rendija, y empujando la piedra la oscilación las rompía. En la reposición intentaron mantener esta excepcional propiedad, pero un pequeño incidente en una de las grúas en el último momento de la colocación lo impidió, y ahora no baila.

No es el único monumento natural que con el tiempo ha evolucionado en el sentido natural de su destrucción. Por hablar solo de curiosidades geológicas que he visto, el 28 de noviembre de 2005 una fuerte tormenta tropical hizo caer la parte más significativa de la roca conocida como El Dedo de Dios, en Gran Canaria. Se ha renunciado a su reerección, por la gran dificultad de la operación. En el parque nacional Arches, en Utah (EEUU) hay más de 2000 arcos de arenisca, que con el tiempo van cayendo y arruinándose. Las cataratas del Niagara van retrocediendo con el tiempo por la erosión. Y, obviamente, casi todos los glaciares de casi todo el mundo van retrocediendo.

Afloran dos preguntas. ¿Hay que luchar contra la naturaleza? ¿Hay que mejorar la naturaleza? Es decir, por razones turísticas o paisajísticas, ¿hay que tomar medidas para mantener una determinada situación de un espacio natural? Por ejemplo, para mantener la Pedralta, ¿habría que haber evitado que la gente rompiera botellas en ella? Para mantener el Dedo de Dios, ¿habría que haber puesto barreras contra las tormentas?

Con otro nivel de protección, ¿habría que haber asegurado la Pedralta con algún procedimiento para evitar que se hubiera ido erosionando, como hacen con la portada del monasterio románico de Ripoll? Y, todavía en otro orden de cosas, ¿hay que hacer parques temáticos, como la Neocueva de Altamira, con reproducciones de las pinturas originales? ¿Podemos considerar que la Pedralta ahora es un monumento artificial?

En el fondo, ¿por qué hacemos - o no hacemos- todo ello? Por la Naturaleza, o para nosotros disfrutar de la misma, aunque sea prohibiendo el acceso, lo que sería disfrutar intelectualment de que aquello no se malogrará, aunque no lo pueda visitar nadie?

¿Es la naturaleza cercana, ahora y aquí, una producción artificial fruto de nuestras decisiones?

Claudi Mans Teixidó
Claudi Mans Teixidó

Catedrático emérito de Ingeniería Química por la Universidad de Barcelona. Autor de los libros de divulgación científica: La truita cremada (2005, Ed. Col·legi de Químics de Catalunya, catalán) y Tortilla quemada (2005, Ed. Col·legi de Químics de Catalunya). Els secrets de les etiquetes (2007, Ed. Mina, catalán) y Los secretos de las etiquetas (2007, Ed. Ariel). La vaca esfèrica (2008, Rubes editorial, catalán). Sferificaciones y macarrones (2010, Ed. Ariel), La química de cada dia (2016, Publicacions de la Universitat de Barcelona, catalán) y La Química en la cocina: una inmersión rápida (2018, Tibidabo Ediciones).

Director científico del Comité Español de la Detergencia, Tensioactivos y Afines (CED). Vocal de la junta de la Associació Catalana de Ciències de l'Alimentació (ACCA) y del Colegio-Agrupación de Químicos de Catalunya.

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Sobre este blog

La naturaleza del ser humano es su artificialidad: la voluntad de adaptar el medio a sus necesidades. De ahí la tecnología y las ciencias aplicadas. Hablaremos de eso, especialmente de nuestra vida cotidiana. Y también de arte científico, de lenguaje científico-cotidiano... Nos lo pasaremos bien.

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