Quisiera dar unas opiniones personales en este post, seguro que no compartidas por muchos de mis colegas, sobre cómo evolucionan los canales de la comunicación de los resultados científicos hoy en día. Cada vez es más patente que el progreso en ciertas ramas de la ciencia (y eso es ciertamente así en astronomía, cosmología, física de partículas y nuclear, por ejemplo) requiere de esfuerzos mayúsculos. Grandes proyectos, en colaboraciones que agrupan a centenares, incluso a veces a millares de científicos e ingenieros. Son proyectos en los que cada miembro de la colaboración trabaja y domina sólo una parte muy pequeña del proyecto, y realmente son muy pocos los que tienen una visión completa, general y profunda del conjunto. Estos grandes proyectos van parejos a abultados presupuestos, que suelen financiar agencias estatales de uno o varios países. A veces a este tipo de ciencia se la llama Big Science. Hay muchos científicos contrarios a este tipo de ciencia, que creen que va en detrimento de la Small Science, o la investigación que se pueda hacer de forma individual o en colaboraciones pequeñas. Personalmente, creo que es un error oponerse a que el esfuerzo colectivo de muchos científicos nos pueda permitir ahondar en el conocimiento de la Naturaleza, pues ese progreso sería de otra manera imposible. Los grandes retos de hoy en día requieren de grandes esfuerzos. Pero sí tengo otro tipo de crítica que hacer aquí, relacionada con la comunicación científica y la Big Science.

Sea por la presión originada por los patrocinadores de estos grandes proyectos científicos, que quieren ver y entender los resultados de sus inversiones, o por la competitividad extrema asociada a la investigación puntera, el caso es que últimamente lo común en estos proyectos de Big Science es comunicar de forma urgente sus resultados científicos a través de comunicados y ruedas de prensa. Si el descubrimiento es más o menos relevante, la noticia aparecerá en los principales medios de comunicación de forma inmediata. Aunque en principio esta manera de proceder parezca correcta, e incluso adecuada para hacer divulgación, puede ser contraproducente, e incluso es contraria a las procederes estándares en ciencia, y a su inherente espíritu autocrítico. Así, los resultados se propagan antes de que se hayan publicado en una revista científica, o se hayan presentado en alguna conferencia especializada, y así hayan pasado ya por un filtro de criticismo, y por una revisión por al menos otros expertos en su temática. Uno puede objetar aquí que el haber pasado por esos filtros no garantiza siempre que los resultados de la investigación sean correctos. Eso es cierto, como cierto es que si antes han pasado por ciertos filtros, evaluaciones y críticas, al menos se debería garantizar la ausencia de los fallos más triviales.

Cuando escribo estas líneas tengo presente el caso de la noticia del descubrimiento de los neutrinos supralumínicos, del que ya escribí hace tiempo. Pero también pienso en el caso más reciente del anuncio por la colaboración americana BICEP2 de la detección de ondas gravitacionales provenientes de los primeros instantes del Big Bang, La noticia saltó enseguida a todos los medios de comunicación. Mi amigo y colega Juan García Bellido ha escrito en estos blogs sobre este descubrimiento, y cómo, de confirmarse, podrían dar el espaldarazo definitivo a la teoría de la inflación cosmológica. De ser cierto sería sin duda uno de los descubrimientos en física más importantes en esta década. Sin embargo hay que decir que sólo mes y medio después de la rueda de prensa de la colaboración BICEP2 (en la que se sugería que el descubrimiento les conduciría a Estocolmo, en una clara alusión a los Premio Nobel) varios expertos en la temática están apuntando que su análisis no ha considerado de forma convincente la señal proveniente del polvo galáctico, y que éste podría ser el responsable de buena parte de la señal en los modos de polarización B captados, que BICEP2 atribuía a las ondas gravitacionales. Ha habido mucha especulación en diferentes blogs científicos, y entre la comunidad de cosmólogos. La edición americana de esta revista (véase  http://www.scientificamerican.com/article/backlash-to-big-bang-discovery-gathers-steam/ ) recogía hace unos días toda la polémica generada después del anuncio de BICEP2.

En estos momentos lo único que se puede apuntar es que más estudios y análisis son necesarios, y probablemente también será necesario que otras colaboraciones, en especial la de Planck, de la Agencia Espacial Europea, pueda confirmar o rebatir estos resultados.

Queda patente de nuevo que ha habido cierta precipitación en el seno de la colaboración BICEP2, y que la manera de presentar sus resultados no ha sido la más adecuada. Eso podría perjudicar al largo y duro trabajo de varios años de observaciones y análisis de datos de muchos de sus miembros de la colaboración. Pero, como me dijo un colega británico experto en ondas gravitacionales... si uno vive de ruedas de prensa, puede morir también por una de ellas.

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Cristina Manuel Hidalgo
Cristina Manuel Hidalgo

Investigadora científica del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Instituto de Ciencias del Espacio (ICE-IEEC).

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La física nos ayuda a comprender el universo que nos rodea: desde los constituyentes más ínfimos de la materia, hasta todo el cosmos que nos envuelve.

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