La semana pasada tuve el honor de poder participar en un foro de discusión sobre mujeres científicas y tecnólogas, organizado a instancias de la presidenta del Parlament de Catalunya, la Sra. Núria de Gispert, y dirigido por la Sra. Anna Mercadé, directora del Observatorio de Mujer, Empresa y Economía de la Cámara de Comercio de Barcelona. Entre las asistentes había un amplio ábanico de científicas, ingenieras e informáticas, tanto del mundo académico como empresarial.

Me parece interesante trasladar algunas de las reflexiones que allá se lanzaron sobre la cuestión de la infrarrepresentación de la mujer en estos ámbitos profesionales. En el pasado casi todos los estudios tecnológicos y científicos estaban vedados a la mujer. La inercia histórica hace que aún la sociedad, y así nuestras jóvenes, asocie como femeninas o masculinas ciertas profesiones, lo que explica que en ciertas carreras el porcentaje de mujeres sea aún muy bajo. Eso es especialmente acusado en el caso de las ingenierías, tan asociadas aún hoy en día a ser una carrera para hombres. Un ejemplo muestra hasta que nivel llega esa asociación: en la Universidad Politécnica de Cataluña los estudios de informática pasaron de un 40 % a un 11 % de presencia femenina después que pasaran a denominarse de ingeniería informática. 

En nuestro país, debido probablemente a la crisis económica, el número de estudiantes en carreras científicas y tecnológicas está disminuyendo. Eso es grave, pues puede comprometer nuestro futuro en la sociedad del conocimiento en la que vivimos, tan basado en la innovación, investigación y desarrollo de esas disciplinas. Necesitamos más estudiantes que inicien estas carreras, y en especial, más mujeres. Esto es debido a que existe la convicción que en los grandes equipos profesionales son más creativos e innovadores cuando se fomenta la diversidad. Muchas empresas tecnológicas ya se han dado cuento de ello, y buscan presencia femenina en sus cuadros de dirección, no sin toparse con muchas dificultades para completarlos.

Por otra parte, somos todos conscientes que una sociedad que pretende basarse en la igualdad de oportunidades de todos sus individuos aún tenemos mucho que hacer para conseguir esa igualdad. En manos de familias, educadores, medios de comunicación está el intentar romper con los roles tradicionales que asocian un género a una profesión determinada. Hay mucho trabajo por delante en este campo.

Las mujeres que inician carreras científicas no acaban de tener una trayectoria fácil, y muchas la abandonan, mientras que las que continúan muy difícilmente alcanzan los puestos jerárquicos más altos de su profesión. Aunque en las carreras científicas hay más estudiantes que en las tecnológicas (en España, por ejemplo, hasta casi un 25 % en ciencias físicas), las estadísticas hablan por sí solas. El CSIC presenta desde hace unos años unas gráficas de tipo tijera que dan reflejo de lo que aquí comento. Hay más becarias que becarios, al primer nivel post-doctoral los porcentajes se igualan, y a medida que vamos subiendo en el escalafón jerárquico, el porcentaje femenino va bajando. 

grafico%202013.jpgEn mi especialidad, la física, sólo hay un 11,22 % de profesoras de investigación (el equivalente a catedrática en la universidad), cuando se debería esperar una cifra en el entorno del 20 %. Es justo enfatizar aquí que estas cifras han mejorado en la última década, gracias a la política de intentar formar tribunales de selección paritarios para todos los puestos de trabajo. Sin embargo, hay un problema de fondo más asociado al modelo de sociedad que tenemos que a una política de igualdad de oportunidades que se pueda impulsar desde una institución como el CSIC, o cualquier empresa pública o privada. Y es que es la mujer científica la que al tener hijos aún se hace cargo del cuidado de los hijos o personas mayores, lo que comporta una carga adicional de trabajo que sus compañeros no suelen tener. Puedo citar aquí la mayor encuesta realizada por el instituto de física americano (AIP) a unos 15.000 físicos y físicas de todo el mundo, que revelan las dificultades con las que se encuentran las científicas en su día a día. Además de señalar que las físicas tienen más dificultades en obtener financiación para llevar a cabo sus proyectos, muestra cómo en claro mayor porcentaje ellas se encargan de las tareas domésticas y cuidado de los hijos. Se muestra también cómo las físicas con hijos perciben cómo su progreso se ralentiza, mientras que contrariamente los físicos con hijos perciben que su progreso es más rápido que el de sus colegas.

En el foro que participé además de exponer éstas y otras problemáticas asociadas se debatieron toda una serie de ideas que permitieran que las carreras científicas y tecnológicas no fueran un coto cerrado a las mujeres. Las más esenciales pasan por la educación de nuestros hijos, tanto en la escuela como en el seno familiar. Otras pasan por la ayuda a las estudiantes de estas carreras, con programas de tipo tutoría o mentoring, donde una joven recibe consejos de otra profesional en un estadio de la carrera más avanzado. Continúan por medidas de conciliación familiar, o por el cambio en los horarios laborales que tenemos aquí, que hacen muy difícil esa conciliación. No es tarea fácil. 

Quizás el lector o lectora de este post tenga otras propuestas novedosas e interesantes de discutir.

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Cristina Manuel Hidalgo
Cristina Manuel Hidalgo

Investigadora científica del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Instituto de Ciencias del Espacio (ICE-IEEC).

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