Acaba de cumplirse el centenario de la teoría de la relatividad general, aniversario ampliamente celebrado en esta revista y blogs asociados. Escribía yo hace justo un año como uno de los grandes objetivos pendientes de la física actuales es la detección de las ondas gravitatorias predichas por la teoría de la relatividad general, y repasaba los grandes esfuerzos realizados para conseguirlo. De finalmente detectarse abrirían una nueva ventana al Universo, proporcionándonos una información nueva que la radiación electromagnética, en la que está basada la astronomía tradicional, no nos puede proporcionar.

En el Instituto de Ciencias del Espacio (IEEC-CSIC) hay un grupo de investigación dedicado a la detección de ondas gravitatorias. Iniciado por José Alberto Lobo, que lamentablemente falleció hace tres años, ahora lo lidera Carlos F. Sopuerta (y yo no participo en él). Estos últimos meses este grupo, y todo el instituto por extensión, ha vivido con nervios y emoción la puesta en órbita con éxito del satélite llamado LISA Pathfinder. LISA Pathfinder es una misión de la Agencia Espacial Europea (ESA), que tiene como único objetivo comprobar la tecnología de la futura misión espacial llamada eLISA, que será un detector de ondas gravitatorias en el espacio. El grupo de investigación de mi instituto fue encargado de diseñar y construir la Unidad de Gestión de Datos (DMU) del satélite, el ordenador de a bordo que controla los experimentos científicos, así como los sensores de diagnóstico, y el software de control de ambos. En la mañana del 11 de enero la DMU empezó a funcionar con éxito. El 22 de enero se vivió otro momento crítico para la misión, al separarse con éxito el módulo de propulsión de la sección dedicada a la misión científica, al llegar a órbita. Se espera que a partir del 1 de marzo se puedan iniciar ya las pruebas científicas planificadas. También quisiera recordar aquí cómo los miembros de toda la colaboración han tenido una bonita forma de honrar la memoria de nuestro compañero José Alberto Lobo, que tanto se dedicó a este proyecto, inscribiendo una placa en su memoria en el satélite que ahora deambula por el espacio.

Satélite LISA Pathfinder. Imagen: ESA

Y justo durante este periodo tan emocionante del inicio de una misión espacial, cuando se ven en parte culminados los esfuerzos de mucho tiempo, las ondas gravitatorias vuelven a ser noticia. Por la red han circulando rumores (a través de Twiter, y en algunos blogs científicos, rumores recogidos hasta en El Pais) de que otro detector de ondas gravitatorias, el llamado Advanced LIGO (AdLIGO), habría detectado por primera vez ondas gravitatorias. 

Recordemos también acá como hace algo más de un año la colaboración americana BICEP2 anunció a través de una rueda de prensa, en una forma muy poca estándar, el descubrimiento de ondas gravitatorias provenientes de los primeros momentos iniciales del Big Bang. Poco después de dicha rueda de prensa surgieron las primeras dudas sobre los resultados, y meses más tarde, en un trabajo conjunto con la colaboración europea PLANCK, BICEP2 se retractó de su afirmación del que hubiera sido un formidable e impactante descubrimiento. En un post critiqué la política comunicativa de BICEP2. ¿Es posible otra manera de hacer? Parece que en las antípodas está la colaboración norteamericana AdLIGO, como podréis juzgar aquí. A los insistentes rumores que circulan por la comunidad, los miembros de la colaboración se han negado de forma rotunda a responder, diciendo que todavía hace falta un laborioso periodo de análisis de datos hasta poder hacer ninguna comunicación al respecto, que no se prevee antes del otoño.

Además los miembros de la colaboración LIGO, formados por unos 650 miembros, entre científicos y tecnólogos, tienen una forma de operar cuanto menos curiosa. La detección de ondas gravitatorias supone un reto tecnológico sin precedentes, y es difícil asegurarse que lo que el experimento mide se deba realmente a las ondas gravitatorias, y no a otro tipo de ruido con causas más locales. Para probar la eficiencia de la colaboración, tres de sus miembros pueden "crear" una señal, que potencialmente sea igual a la que daría el efecto real, y a la que llaman blind injection, o inyección ciega. En más de un par de ocasiones se ha puesto la colaboración a prueba, para calibrar el proceso de detección y análisis, y se ha llegado hasta el punto de hasta preparar el artículo científico, y estar a punto de hacer el anuncio oficial, antes de que se revelara que era una señal creada artificialmente. Supongo que es un método para mantener en constante estado de alerta a toda la colaboración. En el pasado ya se usaron estas inyecciones ciegas, y se sabe que la filosofía de la colaboración es mantener esta práctica en el futuro. Es por tanto pronto para saber si los rumores tienen algún viso de realidad, aunque algún miembro de la colaboración lo crea.

Sean ciertos o no los rumores que circulan por la red, mi impresión es que los avances tecnológicos recientes harán que muy pronto se pueda proclamar un descubrimiento que hará cambiar la forma en la que entendemos el universo.

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Cristina Manuel Hidalgo
Cristina Manuel Hidalgo

Investigadora científica del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Instituto de Ciencias del Espacio (ICE-IEEC).

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La física nos ayuda a comprender el universo que nos rodea: desde los constituyentes más ínfimos de la materia, hasta todo el cosmos que nos envuelve.

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