Las redes sociales pueden alimentar la controversia

La facilidad comunicativa que proporcionan las redes sociales, tan beneficiosa en tantos casos, no contribuye en cambio a apaciguar la controversia entre tecnología y salud. Muy frecuentemente ciertos portales de noticias, blogs, páginas de Facebook, tweets, etc... advierten de potenciales peligros de los nuevos, o no tan nuevos, gadgets tecnológicos. Un reciente caso, advirtiendo de los peligros del microondas, al cocinar los alimentos, fue el detonante para tratar este tema en el presente artículo.

Desde finales del siglo XIX, los dispositivos basados en la electricidad nos rodean y, ciertamente, nos permiten disfrutar, como poco, de mayores comodidades. Es fácil citar un buen número de ellos: luz eléctrica, radio, televisión, automóviles, radiadores, aire acondicionado, microondas, lavadoras, neveras, cocinas eléctricas, alarmas domésticas, teléfonos, teléfonos móviles, ordenadores, tabletas, redes inalámbricas... y pararemos aquí, puesto que es obvio que la lista se haría fácilmente interminable. Estos aparatos pueblan nuestros domicilios y, por tanto, conviven con nosotros y nuestras familias, en muchos casos las veinticuatro horas del día.

Los electrodomésticos utilizan o emiten radiación electromagnética, como es sabido. El inconveniente es que esta forma de energía es casi siempre invisible, lo que genera no poca aprensión. De ahí que exista un cierto temor a sus peligros potenciales, puesto que no es del todo conocido cómo la radiación afecta a nuestra salud.

En numerosas ocasiones ese temor se manifiesta en forma de quejas directas de los usuarios. Recordemos, en este sentido, las quejas por la instalación de antenas de telefonía móvil, en los tejados de edificios de viviendas.

En otras ocasiones, el temor crece al hacerse públicos estudios que proclaman determinados efectos nocivos. Así, de vez en cuando se nos advierte que las radiaciones del microondas pueden escapar del aparato, y dañar a aquellos que se encuentren cerca.

Es ésta una situación compleja, pues por mucho que se escriba, se explique, se debata o se afirme, puede más un agorero que mil expertos. Una vez se instala el miedo en la población, cuesta una barbaridad contrarrestar sus efectos, si es que se puede. Aun así, lo cierto es que las reacciones de aprensión o miedo sólo pueden curarse con información.

En este artículo os propongo, entonces, proporcionar información sobre la radiación que utilizan estos dispositivos. Aunque, para ser concretos, lo centraremos sobre las características de los móviles y los hornos a microondas. La razón es que ambos dispositivos utilizan radiación parecida —aunque no igual— y por tanto los análisis tienen bastantes puntos en común.

¿Qué causa radiaciones?

Por supuesto, la comprensión de sus efectos sólo es posible situándolos en el adecuado contexto, que no es otro que el de la radiación electromagnética en general, los diferentes tipos de aparatos que la generan, y los efectos que cada tipo de radiación causa sobre el cuerpo humano.

Se distinguen diferentes tipos de radiaciones, en función de su energía. En orden decreciente, distinguimos los rayos cósmicos, los rayos gamma, los rayos X, ultravioleta, visible, infrarrojo, microondas y radio. Los más energéticos, los cósmicos, gamma, X y ultravioleta, son conocidos como las radiaciones ionizantes, y su exposición es muy perjudicial, como es bien sabido. La radiación visible e infrarroja nos rodea permanentemente, mientras que las microondas y las ondas de radio son las menos energéticas, y el objeto del presente artículo.

Por sorprendente que parezca, todos los cuerpos emiten radiaciones. Todos. La energía en forma de radiación, y la energía en forma de movimiento microscópico, en el interior de cualquier cuerpo, se intercambian continuamente. Veamos algunos ejemplos.

Los cuerpos materiales emiten radiación infrarroja, debido a la temperatura a la que se encuentran, de forma que cuanto mayor es la temperatura, más radiación emiten. Nuestro cuerpo, debido al calor interior que genera nuestro metabolismo, emite radiación infrarroja, a razón de unos 100 vatios. Es por este motivo que las cámaras de infrarrojos pueden "vernos" en el interior de nuestros domicilios.

El Sol nos proporciona energía gracias a la radiación que nos llega a través del espacio. La mayor parte de esta radiación es visible, aunque del Sol también nos llega radiación que no podemos ver, tanto infrarroja como de microondas. En realidad, la radiación que podemos ver es una fracción diminuta del total de radiación que puede existir.

Por otro lado, cualquier dispositivo eléctrico, por el hecho de utilizar electricidad, tanto de la red como de baterías, emite radiaciones. Os adjunto aquí una tabla, en la que se menciona los diversos tipos de radiación que utilizan o emiten diferentes aparatos, así como los efectos que causa cada tipo de radiación sobre el cuerpo humano. 

 Tipos de radiación de baja energía, dispositivos que los generan o utilizan, y efectos sobre el cuerpo humano

En los casos que nos conciernen, vemos que tanto los hornos de microondas como los teléfonos móviles funcionan en la región de microondas. Concretamente, los hornos funcionan a 2,45 GHz, mientras que la telefonía móvil opera a 0,9 y 1,8 GHz.

Balas, bolas de béisbol y pelotas de ping-pong

Estos datos, que corresponden a frecuencia, nos dan también una idea de la energía, puesto que a mayor frecuencia, mayor energía. Aun así, ¿qué significan las cifras que se asocian a las diferentes radiaciones? ¿Qué implicaciones tiene que la frecuencia de la radiación sea más o menos elevada? ¿Es suficiente conocer la frecuencia, o se necesitan más datos?

Entramos en un terreno pantanoso, el de la comprensión detallada de este tipo de fenómenos físicos. En estas situaciones, es muy útil recorrer a un símil. Nos permite adquirir intuición, sin tener que recurrir a complejos datos o a matemáticas superiores.

El símil lo construiremos aquí comparando el comportamiento de objetos que sí podemos ver, y conocemos bien. Visualizaremos entonces la radiación como proyectiles viajando a través del espacio. Los diferentes tipos de radiación corresponden, entonces, a diferentes proyectiles. Tres de éstos nos serán especialmente útiles: balas disparadas por un fusil, bolas de béisbol, lanzadas por un potente "pitcher" y, finalmente, pelotas de ping-pong, impulsadas por un jugador mediante una raqueta.

Los tres proyectiles son de diferente tamaño y peso, y viajan a diferentes velocidades. Una bala nos puede herir mortalmente, una bola de béisbol nos puede doler, y mucho, pero sólo en alguna ocasión puntual causará algún daño importante. Finalmente, una pelota de ping-pong no causa, en ningún caso, mayor problema que un ligero enrojecimiento de la piel, en el punto de impacto.

A nadie extrañará que afirme que la energía que transporta una bala disparada por un rifle es elevada. Permitidme entonces que os haga la siguiente pregunta: ¿cuántas bolas de béisbol transportan la misma energía que la bala? Un sencillo cálculo, que requiere conocer los pesos y las velocidades de los proyectiles, nos dice que 8 bolas de béisbol, lanzadas a las mayores velocidades observadas en las "Major Leagues" estadounidenses, contienen la misma energía. ¿Y cuántas pelotas de ping-pong? Unas 2000.

Nuestro objetivo es esclarecer el efecto que causa un proyectil sobre nuestro cuerpo. Así, el impacto de una bala sobre nuestro cuerpo causa problemas mucho mayores, que si nos lanzan ocho bolas de béisbol.  Por tanto, recibimos la misma cantidad de energía, pero no el mismo daño. Esta diferencia se verá más clara si comparamos el efecto de la bala del fusil, con la "lluvia" de 2000 pelotas de ping-pong. Éstas suponen un simple cosquilleo.  La conclusión es que, a la hora de evaluar el daño que nos pueden causar, conocer la energía de los proyectiles no es suficiente.

Los teléfonos móviles son, probablemente, el dispositivo tecnológico de más rápida implementación, en la historia de la tecnología.  Actualmente, existen tantos contratos de telefonía móvil como habitantes en el planeta.

Para que un proyectil sea dañino, la energía debe ser elevada, y además transferirse a gran velocidad, así como concentrarse en una superficie pequeña. Cuando la energía se comunica a gran velocidad, decimos que la potencia (que suele expresarse en vatios) es elevada, y si se concentra en una superficie pequeña, que la intensidad (que suele expresarse en vatios entre metros cuadrados) es elevada.

Los daños mayores los causan, entonces, proyectiles que transportan mucha energía, potencia e intensidad. Lo mismo sucederá con las radiaciones. Continuando con el símil, el caso de las balas de rifle se corresponde a la radiación de rayos ultravioleta, gamma o X. Si la potencia o la intensidad disminuyen, que es lo que ocurre al pasar a lanzar las ocho bolas de béisbol, el daño causado disminuye notablemente. Esta situación correspondería a la radiación visible. Finalmente, si la disminución de potencia e intensidad es muy marcada, como ocurre con la "lluvia" de pelotas de ping-pong, los daños causados son prácticamente despreciables. Esta situación se corresponde con la radiación de microondas o de radio.

¿Entonces, qué nos debe preocupar de la radiación de microondas?

Sin embargo, el cuerpo humano es tan complejo, que no puede descartarse nada. Aun utilizando microondas, si la "lluvia" de proyectiles asociada se prolonga durante mucho tiempo, o la fuente las emite con mucha intensidad, la energía total comunicada puede ser muy elevada. Es lo que ocurriría, por ejemplo, si se utiliza el móvil durante mucho tiempo, o lo que ocurre en el interior del microondas. La elevada intensidad de la radiación, en este último, es lo que permite calentar los alimentos rápidamente.

¿Qué efecto causan sobre la materia las microondas, las pelotas de ping-pong de la radiación? A nivel microscópico, esta radiación provoca que las moléculas más pequeñas, como el agua, giren sobre sí mismas a mayor velocidad. Este giro más veloz provoca que diferentes moléculas choquen entre sí con mayor frecuencia, y este efecto acaba provocando un incremento de la temperatura del agua, y de todo lo que está en contacto con el agua.

Este efecto se conoce como calentamiento dieléctrico causado por las microondas. Exposiciones cortas a este tipo de radiaciones son indistinguibles, entonces, de cualquier otro calentamiento. De hecho, son más suaves que cualquier otra forma de calentamiento habitual, como la de las resistencias eléctricas, los hornos tradicionales o los fogones, tanto de combustión como de inducción.

¿Entonces, por qué existe controversia?

El principio de precaución, tan importante en las sociedades modernas, reclama no presuponer nada y aplicar el método científico. Ello implica estudiar bajo condiciones controladas los efectos de cualquier fuente de radiación, reproduciendo todas la situaciones de uso que se puedan imaginar. Por poca que sea la energía que transporta la radiación.

Sin embargo, es precisamente el principio de precaución, mal entendido, lo que permite que, con cierta asiduidad, algunas publicaciones realicen afirmaciones casi apocalípticas, sobre los peligros potenciales de móviles y microondas. En caso de crítica, suelen escudarse tras frases como "si no hubieran sospechas, los científicos no lo estarían estudiando con tanto empeño", o bien "no se ha probado la inocuidad de las microondas".

Un horno a microondas, dispositivo desarrollado gracias a la investigación sobre el Radar, durante la Segunda Guerra Mundial.  La fabricación de magnetrones asequibles y fiables permitió popularizar el electrodoméstico, imprescindible en cualquier hogar hoy en día.

Por ejemplo, se afirma que las microondas provocan una cocción de los alimentos a temperaturas tan elevadas que los desnaturaliza. Nada más alejado de la realidad, puesto que sólo el agua de los alimentos responde a las microondas, por lo que la cocción es mucho más suave que el horno tradicional o la encimera.

También se afirma que los alimentos cocinados con el microondas emiten "partículas de microondas" al sacarlos del horno, o que incluso que las microondas se escapan del aparato. Es todo ello incorrecto.

Sobre los móviles, se considera que la radiación es peligrosa, y se recomienda no llevarlo en los bolsillos de la camisa o del pantalón, puesto que las radiaciones pueden provocar una alteración del ritmo cardíaco o incluso cáncer. No existe ninguna prueba de ello.

Aun así, la radiación de microondas ha sido clasificada por la organización mundial de la salud (OMS), en 2011, como "posiblemente carcinogénica".

¿Cómo puede ser? ¿Cómo me atrevo a afirmar que las microondas no causan cáncer, en contra de lo que afirma toda una organización mundial como la OMS?

La razón está en el significado preciso de "posiblemente carcinogénica". Estrictamente, la publicación del panel de expertos (podeis ver la monografía aquí) justifica que para un tipo muy concreto de cánceres (glioma y neuroma acústico), no se puede descartar una correlación que describe un muy ligero incremento en su incidencia, para usuarios intensivos de móvil. Este incremento, basado en un estudio epidemiológico, requiere un mayor estudio, y de ahí la aplicación del principio de prudencia y la clasificación mencionada.

Correlación, causalidad y mecanismo causal. Los tres niveles de relación científica entre causa y efecto

Hay quien ha utilizado esta clasificación como el disparo de salida para un cambio revolucionario en la percepción de los peligros potenciales de las microondas. Un ejemplo es el libro de Martin Blank "Overpowered". El autor recomienda prácticamente prescindir de los aparatos que las utilizan, según innumerables pruebas basadas en no menos innumerables estudios científicos de rigor inapelable.

Debo reconocer que el análisis y la discusión del profesor Blank es exhaustivo y, a ojos de un no experto, riguroso hasta niveles desbordantes.

Pero...

... tengo una importante objeción.

Absolutamente todos los razonamientos que presenta Blank se basan en correlaciones, entre episodios concretos de un buen número de enfermedades, y la presencia de radiaciones en el ambiente. Pero en ningún caso se demuestra causalidad, y por supuesto no se describe ningún mecanismo causal.

Es más, todas las correlaciones presentadas se basan en estudios aislados, muy localizados geográficamente. En cambio, las causas se atribuyen a hechos generales, las radiaciones, que existen siempre y por doquier. Por tanto, en caso de ser cierta la relación entre las enfermedades descritas, y la exposición a radiaciones de microondas, los episodios deberían manifestarse con mucha mayor frecuencia.

Por tanto, desde un punto de vista científico, no estoy de acuerdo con la inmensa mayoría de las conclusiones a las que llega Blank.

Es más, los mismos artículos que cita Blank, para demostrar sus argumentos, son utilizados por el panel de expertos de la OMS, para demostrar la ausencia de efectos, excepto en los casos de glioma y neuroma citados más arriba.

¿Es este desacuerdo una demostración de que las radiaciones no causan ningún efecto? Por supuesto que no, faltaría más. Pero tan grave es ignorar posibles efectos, como dejarse llevar por el alarmismo. Están en marcha actualmente un sinfín de estudios, que permitirán incrementar gradualmente el grado de certidumbre sobre el tema.

Mientras tanto, una buena estrategia es confiar en nuestros médicos de cabecera. Ellos son los verdaderos guardianes del estado de salud general de la población. Teniendo en cuenta la masiva implantación de las tecnologías que utilizan microondas, de existir algún efecto generalizado lo habrían detectado.

¿Entonces, los móviles y los microondas, son peligrosos o no?

Ante una pregunta como ésta, uno debería a responder con un sí o un no, partiendo de un uso correcto de la lógica. Si, además, uno intenta ser honesto, e intenta a la vez hablar con el máximo rigor, la respuesta tendría que ser siempre "sí". ¿Por qué? La razón es que un "no" corresponde a la ausencia total y absoluta de peligro. Por tanto, si en alguna situación, por exótica que sea, existe algún tipo de peligro, por ínfimo que pudiera ser, la simplicidad de una pregunta dual descarta el no y por tanto obliga a un forzadísimo sí.

Este análisis quizá recordará al lector tantas y tantas películas de juicios, en las que el abogado obliga a la respuesta que necesita su estrategia, simplemente forzando que la pregunta se responda con un sí o un no.

Una pregunta mejor formulada sería: ¿Cuál es la probabilidad que las microondas causen un determinado perjuicio?

¿La respuesta? Hasta donde he podido esclarecer, muy, muy pequeña. Los estudios en marcha permitirán afinar los argumentos, en breve.

Nota adicional

El pasado 30 de Septiembre de 2015, la cadena de televisión TV3, a través de su Canal 33, emitió un programa de la serie "Quequicom" dedicado a las antenas de radiación de la telefonía móvil.  Fuí entrevistado por Pere Renom para explicar el símil de proyectiles que he presentado en este artículo.  Aquí tenéis el enlace. (Programa en catalán). 

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Xavier Giménez Font
Xavier Giménez Font

Profesor titular del Departamento de Ciencia de Materiales y Química Física, y miembro del Instituto de Quimica Teórica y Computacional, Universidad de Barcelona. Docente en química ambiental y química física de materiales, e investigador en simulación computacional de reacciones químicas con aplicación a I+D, y en innovación docente.  Divulgador científico, autor del libro El aire que respiramos (UB Edicions, 2018). 

Sobre este blog

La química de nuestro entorno desde una perspectiva global, que incluye su relación con las demás ramas de la ciencia, la tecnología, e incluso las disciplinas humanísticas. También se harán pequeñas incursiones en el mundo de la educación universitaria. Siempre al alcance de todos. Verás que la química es compleja, su mundo también, pero no tanto como pudiera parecer...

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