«There is no planet B»

22/09/2014 1 comentario
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Manifestación en Nueva York para demandar acción política sobre el clima terrestre

Este pasado domingo tomé el autobús de Philadelphia a Nueva York para participar en una gran manifestación en defensa del clima, que se repitió en miles de ciudades alrededor del mundo (http://peoplesclimate.org/). Yo pensaba que un tema tan polémico no levantaría a tanta gente, especialmente en Estados Unidos. Pero me equivoqué. Estaba absolutamente lleno de gente, 400.000 personas según el último recuento, que es mucho por un tema tan complejo como es el cambio climático. Se escogió este día porque el martes 23 de septiembre se reúnen altos mandatarios de las Naciones Unidas para intentar llegar a un nuevo pacto internacional sobre emisiones de carbono. Es más, el día antes acudí a una obra de teatro donde 100 personas escogidas aleatoriamente (pero representando estadísticas demográficas) en Philadelphia debatían sobre distintas cuestiones. A la pregunta «¿Crees que el cambio climático se nota ya en Estados Unidos?» casi todos respondieron que sí, lo cual no me esperaba para nada. Sea como sea, la «percepción» real de cambio climático en la Tierra va llegando a países ricos.

pissarra

Normalmente, el trabajo de un científico culmina con la publicación de resultados en revistas internacionales, resultados previamente evaluados por otros científicos. Obviamente hay errores continuamente, pero en general, lo publicado se acepta en la comunidad científica. En el caso del clima, hace bastante tiempo que se sabe que hay gases que absorben la radiación infraroja emitida por la Tierra y la reemiten. Esta radiación proviene originalmente del Sol pero en forma ultravioleta. Al llegar a la superficie terrestre, se absorbe y reemite hacia la atmósfera a más baja frecuencia. Estos gases, llamados gases de efecto invernadero, absorben la radiación infraroja y la reemiten otra vez hacia la Tierra, razón por la cual estamos más calentitos aquí. El gas invernadero más famoso es el dióxido de carbono, CO2, que pasó de 300 ppm a 400 ppm en los últimos 100 años con la emisión de gases originados en combustión de fósiles (ppm: partes por millón en moles del total de gases).

Parece mentira que una cantidad tan pequeña de gas pueda cambiar el clima de la Tierra. Pero así es. De hecho, cambios en CO2 también son fundamentales en los cambios entre periodos glaciares y interglaciares. Si el CO2 aumenta, la Tierra se acerca lentamente a un nuevo equilibrio con una temperatura más alta, así que los glaciares se deshielan, el ciclo hidrológico se intensifica (más lluvias y más sequías), el nivel del mar sube, el mar se acidifica, etc.

Todo lo que refiere a cambio climático se convirtió en un tema social y humano el día que nos dimos cuenta que estamos modificando el clima terrestre demasiado deprisa y que las consecuencias podrían ser peores que los beneficios. Y se convirtió en político el día que descubrimos que el petróleo es una energía fácil, muy eficiente, que mueve mucho dinero, y muy difícil de sustituir completamente, aunque no imposible.

En definitiva, no hay debate científico sobre si existe o no existe el cambio climático. Esto ya se sabe. Lo que hay es incertidumbre. Incertidumbre por saber qué y (cuándo) pasará exactamente en el futuro, o cómo va a reaccionar la Tierra exactamente. Además, la incertidumbre se puede cuantificar, así que aunque no sepamos cuántos metros subirá el nivel del mar para finales de siglo, sabemos seguro que subirá.

Parece entonces que la acción política es urgente, porque no hay un planeta B.

 

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