La científica que no pudo ser

13/04/2019 2 comentarios
Menear

Rosa Gil trabajó en varios laboratorios de la Barcelona de los años 60, hasta que tuvo que abandonar su carrera. Ésta es la historia de mi madre y de la científica que no pudo ser.

IMG_20181227_173338_813.jpg

Rosa Gil en un laboratorio de Barcelona, hacia el año 1964.

 

Cuando Rosa cumplió los catorce años sus padres decidieron enviarla a vivir a Barcelona. Hija de un guardia civil y de una ama de casa, la joven viajó, en un tren destartalado y durante unas catorce horas, desde un pueblo de Teruel hasta la urbe catalana, con un objetivo claro. Un tiempo más tarde, llegó el gran momento y Rosa expresó su deseo: quería estudiar farmacia. Sin embargo, ahí se cerró la primera puerta para Rosa. Los "adultos" decidieron que una formación profesional era suficiente para una "chica de la época". De este modo, Rosa empezó a estudiar en la Escuela Industrial de Barcelona una formación como asistente de laboratorio.

Pero la chica no se rindió, y su empeño no pasó desapercibido para sus profesores. Al cabo de poco, empezó a trabajar también para una empresa local de cosméticos llamada Búfalo. Más tarde, Rosa pasaría a otra empresa, una filial de la norteamericana Ucton. Su tarea consistía en preparar las fórmulas que sus jefes, todos hombres con estudios universitarios en química, se habían encargado de idear para nuevos productos de cosmética. Rosa disfrutaba de su trabajo en el laboratorio. Las cosas le iban bien.

Hasta que un día, el entusiasmo de la joven volvió a llamar la atención de sus supervisores, y empezó a trabajar en la sección de I+D de la empresa. Y fue en ese momento que, de nuevo, se le volvieron a abrir las puertas en la dirección a su anhelo: estudiar en la universidad. La empresa se encargaría de pagar la formación de Rosa mientras ésta siguiera trabajando en la misma. Por desgracia, tampoco esta vez, Rosa podría hacer realidad sus aspiraciones. Otros, de nuevo, elegirían por ella. Y decidieron que ésta, al haberse casado recientemente y tener intenciones de formar una familia, no iba solamente a renunciar a la universidad, sino también a su trabajo. En ese momento, Rosa se convertiría, definitivamente, en la científica que no pudo ser.

En los años que siguieron, Rosa tuvo varios hijos y se dedicó al trabajo en casa, dejando completamente de lado su carrera en los laboratorios. Hasta que un día, Rosa volvió a llamar a las puertas de uno de ellos. Allí, su antiguo jefe le explicó que el mercado laboral había cambiado tanto que, para reciclarse, necesitaría un par de años de formación. Por desgracia, ella ya no disponía de ese tiempo.

De este modo, Rosa volvió al mercado laboral, pero sin calificación reconocida. La historia que sigue me imagino que se parece al de muchas otras mujeres, personas que tuvieron que aparcar sus carreras y trabajar muchísimo, dentro y fuera de casa, para sacar adelante a sus familias.

Ésta es la historia de Rosa, la científica que no pudo ser. Es la historia de mi madre.

 rosa cient4.jpg