Emmanuelle Charpentier, microbióloga, bioquímica y genetista conocida por sus aportaciones al descubrimiento de CRISPR/Cas9, una de las herramientas de ingeniería genética que pueden cambiar el mundo. Fuente: wikipedia.

Tal vez consideren ustedes exagerado decir que Emmanuelle Charpentier sea una científica que vaya a cambiar el mundo. Es posible que estén en lo cierto, pero si hacemos caso a Lluis Montoliu, uno de los mayores expertos en biotecnología de nuestro país, no se podría descartar del todo: "CRISPR ha revolucionado la biología, la biomedicina y la biotecnología".

Si quieren juzgar por sí mismos la importancia de la técnica que Charpentier ha contribuído a hacer posible bajo en nombre CRISPR/Cas9, les invito a que escuchen a la propia Charpentier, o a que lean alguno de los artículos publicados al respecto en Investigación y Ciencia. Mi objetivo es otro: contarles mi encuentro con alguien que me recordó algo tan valioso como la propia ciencia.

Porque la historia de Charpentier se puede contar de muchas maneras: como un soplo de esperanza para millones de pacientes, como un triunfo de la ciencia global, o como la de la aventura de una mujer curiosa y perseverante que se convirtitó, casi sin quererlo, en una "superestrella científica". Pero para mí, la historia de Emmanuelle Charpentier se resume en un breve encuentro en Berlín con alguien que me abrió sus puertas y vivencias sin conocerme. Alguien de quien aprendí algo que cargar en mi mochila de experiencias. Empecemos.

Conocí a Charpentier en 2016 en la ciudad en que ambos vivíamos y trabajábamos por aquel entonces, Berlín. Pero lo que realmente hizo posible tal encuentro fue otro nexo de unión entre los dos: la Sociedad científica Max Planck. Yo había realizado mi tesis doctoral en colaboración con esa sociedad y había dirigido un grupo de trabajo en Nanotecnología en la misma, trabajando en cosas como "Nanobalones dulces para tratar infartos cerebrales".

Charpentier, por su parte, aterrizaba en Berlín tras haber trabajado en cinco países distintos, y de haber conseguido un hito en la historia de la ciencia al publicar, junto a otros autores, un artículo  en la revista Science sobre CRISPR/Cas9, una especie de corta-pega genético. Como todo descubrimiento, éste se basaba en el trabajo previo de varios científicos que, de forma escalonada y en paralelo, habían contribuído al descubrimiento CRISPR/Cas9. La revista Cell llamó a todos ellos "Los héroes de CRISPR", con mención especial al alicantino Francis Mójica.

Sea como sea, lo cierto es que ese artículo en Science sobre CRISPR/Cas9 catapultó a Charpentier y a otra investigadora, la norteamericana Jennifer Doudna, a la élite de la ciencia. Un par de años más tarde, la Sociedad Max Planck conseguía en 2015 un fichaje estrella con Charpentier, quien se encargaría de dirigir su Instituto de Biología de las Infecciones.    

Con Emmanuelle Charpentier durante la entrega de un premio en Berlín en 2016.

Con semejantes precedentes, llegaba yo a aquella entrega de premios en Berlín: sin demasiadas expectativas de poder conocer en profundidad a Charpentier. Pero, como ella misma me contaría después, la vida te trae sorpresas.

Asi resultó que tras la entrega del galardón, una o dos personas tuvimos la oportunidad de charlar durante un buen rato con Charpentier, quien mostró una sinceridad y proximidad admirables para alguien que, desde hacía muchos meses, vivía bajo el foco de los medios de comunicación y de la comunidad científica por sus descubrimientos, pero también por su candidatura a los premios Nobel.

Charpentier me habló poco de sus logros, sino más bien de sus fracasos y de las dificultades que tuvo para llegar hasta allí. Desde su condición de mujer, de extranjera, hasta de directora, Charpentier me contó como se había sentido al intentar superar todo tipo de obstáculos culturales, burocráticos o de género. Todavía más interesante fue cuando llegó la parte en que Charpentier me habló de sus momentos de flaqueza: "Llegué a pensar en dejarlo todo y a dedicarme a otro cosa, pero entonces llegó algo que llevaba 20 años buscando y mi vida dio un salto".

El mensaje de Charpentier no me sorprendió del todo, hacía unos meses había leído una entrevista que le había hecho el prestigioso diario Die Zeit, en que Charpentier confesaba que antes de lograr ese gran descubrimiento, pasó por momentos difíciles y llegó incluso a pensar en dejar la ciencia y abrir un negocio de Crepes. Por suerte, Charpentier no se rindió y contribuyó de forma extraordinaria a la ciencia. Esa fue la lección más importante que aprendí durante mi encuentro con Emmanuelle Charpentier: el éxito es el resultado de muchos fracasos pero, sobre todo, de nuestra capacidad de saber que todo puede cambiar, en un instante, si no nos rendimos. Esto, que probablemente se pueda aplicar en casi cualquier ámbito de la vida, es especialmente válido para profesionales como los científicos, que muchas veces trabajan con hipótesis, intangibles e ideas que no prospperan. El conocimiento, la creatividad o un entorno estimulante pueden ser claves en el avance científico, pero sin la capacidad de superar los fracasos, los científicos difícilmente habrían llegado tan lejos.

Dicho de otro modo: los grandes descubrimientos y éxitos de la ciencia son el fruto, también, de muchìsimas personas que aprendieron a fracasar y a seguir buceando por los océanos del conocimiento.

Eso fue lo más importante que me enseñó Charpentier, una de las científicas que puede cambiar el mundo.

Guillermo Orts-Gil
Guillermo Orts-Gil

El científico sin fórmulas. Barcelonés de nacimiento, berlinés de adopción. Doctor en química física. Investigador en Nanotecnología de la Sociedad Max Planck. Actualmente, Guillermo es coordinador científico internacional y colaborador habitual, entre otros, de Investigación y Ciencia y de El Huffington Post. Su especialidad es el "storytelling" y prepara su primer libro, un recopilatorio de sus mejores historias de ciencia, bajo el título "El científico sin fórmulas".

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Las nanopartículas son extremadamente pequeñas y, al mismo tiempo, extraordinariamente fascinantes, por eso las llamo: Big Nano. Desde este blog, intentaré explicar las propiedades y posibles aplicaciones de los materials nanoscópicos, por qué hay que tener paciencia con lo que se conoce como nanotecnología y muchas más cosas. ¡Espero que lo disfruten tanto como yo!

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