Cientificismo

24/01/2018 12 comentarios
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O tal vez no.

Algunos lectores educados y también algunos trolls anónimos, me han "acusado" en ocasiones de "cientificismo". Esto me ha dejado siempre perplejo. 

El Diccionario de la Lengua Española incluye dos acepciones para la palabra cientificismo:

1- Teoría según la cual los únicos conocimientos válidos son los que se adquieren mediante las ciencias positivas

2- Tendencia a dar excesivo valor a las nociones científicas o pretendidamente científicas.

Bien, yo no soy cientificista en ninguna de estas dos acepciones, y de hecho, creo que estoy entre los menos cientificistas de mis colegas científicos. ¿Por qué entonces le doy esa impresión a algunos lectores? No creo que sea por citar a George Orwell, Umberto Eco, Woody Allen, Antonio Machado, Miguel de Unamuno etc. ¿no? Creo que es más bien porque aquí he defendido en muchas ocasiones la existencia de una realidad fáctica objetiva, que puede ser conocida por nosotros mediante el análisis de las pruebas disponibles. Por supuesto, esto se queda a unos pasos de los incognoscibles noúmenos kantianos, pero es suficiente para desmontar a los constructores de "relatos" (por decirlo en posmoderno). Si pienso así, ¡claro, entonces tengo que ser cientificista! Apuntenme en la lista, pero añadan también a Hannah Arendt:

"La búsqueda desinteresada de la verdad tiene una larga historia; su origen -algo muy característico- es previo a todas nuestras tradiciones teóricas y científicas, incluida la de pensamiento filosófico y político. Creo que se puede remontar al momento en que Homero decidió cantar las hazañas de los troyanos tanto como las de los aqueos, y exaltar la gloria de Héctor, el enemigo derrotado, tanto como la gloria de Aquiles, el héroe del pueblo al que el poeta pertenecía [...]

La imparcialidad homérica tiene ecos en la historia griega e inspiró al primer gran narrador de la verdad objetiva, que se convirtió en el padre de la historia: Heródoto nos dice en las primeras frases de su relato que lo escribe «para evitar que, con el tiempo, los hechos humanos queden en el olvido y que las notables y singulares empresas realizadas, respectivamente, por griegos y bárbaros, queden sin realce». Aquí está la raíz de la denominada objetividad, esta curiosa pasión, desconocida fuera de la civilización occidental, por la integridad intelectual a cualquier precio. Sin ella jamás habría nacido ninguna ciencia."

(Hannah Arendt, Verdad y mentira en la política. Página 78. Editorial Página Indómita. Traducción de Roberto Ramos Fontecoba).

La gran filósofa alemana-estadounidense Hannah Arendt (c.1930)