En una entrada reciente, nos lamentábamos de la facilidad con que se propaga la desinformación en el siglo XXI. Como ejemplos, mencionábamos "la enorme cantidad de datos falsos sobre los que se construye la oposición a las vacunas o los alimentos transgénicos". Pero en los últimos días hemos comprobado con tristeza que existía un ejemplo aún mejor: el movimiento anti-wifi. Han leído bien: en el año 2015 existen personas que quieren restringir el acceso inalámbrico a Internet. 

Según informa "El Correo", el 25 de Septiembre de 2015 el pleno municipal de Vitoria aprobó por unanimidad, a propuesta de la marca local de Podemos, "delimitar la señal wifi en centros cívicos y edificios municipales, señalizando las zonas en las que exista", "dejar libre de wifi los espacios propiamente infantiles", señalizando éstos como "zonas libres de wifi". A pesar del escaso eco que ha tenido esta noticia, no sería bueno que pasara completamente inadvertida.

Las ondas electromagnéticas son cuánticas, es decir, llevan la energía en paquetes ("cuantos") llamados fotones. La energía de estos paquetes sólo depende de la frecuencia de oscilación de la onda: cuanta más frecuencia, más energía. A frecuencias suficientemente altas, estos paquetitos pueden ser usados por un electrón para escapar de los átomos que crean la materia. Hablamos entonces de radiación ionizante (porque transforma átomos électricamente neutros en iones) y en estos casos (por ejemplo, las ondas emitidas por algunos núcleos atómicos radiactivos) tiene sentido preguntarse por sus efectos en la salud humana. ¿Es ionizante la frecuencia de las ondas que me permiten conectarme a Internet sin cables y escribir esto? La respuesta es no. Las ondas del wifi tienen una frecuencia de unos pocos gigahercios: un poco más que las inofensivas ondas de radio, más o menos la misma que las de nuestro microondas y un millón de veces menos que la luz visible. Si el wifi causara cáncer, ¿qué no habrían hecho las bombillas? Por no hacer, los inofensivos fotoncitos del wifi no serían capaces ni de calentar la comida, a pesar de que tienen la misma frecuencia que las microondas. Esto se debe a que son muy pocos: la potencia (energía por unidad de tiempo) de un microondas es de entre 500 y 1000 vatios, mientras que la del wifi es de mucho menos que un vatio. Cada paquete lleva la misma energía, pero en el microondas hay muchos más paquetes que en la señal wifi, por lo que el wifi es incapaz de hacer vibrar las moléculas de agua lo suficiente como para calentar comida.  

 Espectro de las ondas electromagnéticas, donde podemos ver que las microondas y las ondas de radio son millones de veces menos energéticas que la luz visible.

Las ondas electromagnéticas de baja frecuencia son completamente inocuas para la salud humana. En cambio, restringir el wifi invocando el "principio de precaución" dista mucho de ser inocuo, pues contribuye a propagar el analfabetismo científico y el miedo irracional a la tecnología.

 

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Carlos Sabín
Carlos Sabín

Físico teórico. Investigador "Junior Leader" en el Instituto de Física Fundamental del CSIC.

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