Los ordenadores cuánticos del futuro serán capaces de realizar tareas hasta ahora imposibles y resolverán de manera mucho más rápida problemas intratables para los ordenadores actuales (por ejemplo, la factorización en números primos de números compuestos de gran tamaño, lo que tendrá importantes consecuencias en los sistemas de criptografía). Sin embargo, hay un problema que no podrán resolver, y que tal vez ayuden a agravar. Si hacemos caso a Umberto Eco, es el gran problema de nuestro tiempo: "cómo filtrar la información en Internet".

La justamente celebrada revolución provocada por la gran facilidad en el acceso a la información que propicia Internet ha tenido sin embargo una consecuencia inesperada: como en el tango que tanto gustaba a Serrat ("todo es igual, nada es mejor/lo mismo un burro que un gran profesor"), la información inunda hoy las redes sociales en un cambalache en el que resulta cada vez más díficil encontrar la luz de los hechos contrastados y verificables. La lectura del periódico era para Hegel la oración matinal del hombre moderno, pero ha sido sustituida por el análisis de lo que nuestros amigos comentan o encuentran en las redes sociales. A este primer filtro se superpone el de Facebook y Google, que seleccionan aquello que creen nos va a resultar más interesante, de acuerdo a nuestro historial de búsquedas y visitas. El resultado es ya objeto de análisis riguroso para las ciencias sociales: la creación de burbujas ideológicas, cámaras de eco ("echo chambers") en las que sólo se tiene acceso a una visión muy determinada del mundo. Como en la caverna platónica, los habitantes virtuales de estas burbujas creen estar enterándose de lo que sucede, pero en realidad, a través de sus anteojos ideológicos sólo es posible ver sombras.

 Ilustración gráfica del mito de la caverna de Platón.

Los peligros son evidentes y graves. Abolidos los mecanismos de control del buen periodismo, la información falsa circula sin problemas y, apoyada en un creciente uso sensacionalista y emocional de las "noticias", ayuda a cimentar mitos fundacionales sobre los que construir movimientos de masas extremos e impermeables a la evidencia. Los ejemplos son múltiples: sin salirnos de los temas relevantes para la ciencia podemos mencionar la enorme cantidad de datos falsos sobre los que se construye la oposición a las vacunas o los alimentos transgénicos

De seguir así, la esperada revolución de la información cuántica no podrá hacer honor a su nombre. Urge señalar el camino de salida de la caverna, pues fuera de ella nos espera el sol de la discusión crítica, libre y bien informada. La única brújula o GPS posible es la capacidad de analizar rigurosamente la información y sus fuentes para poder distinguir entre el lodo los hechos luminosos y desnudos. El nombre de ese aparato, creo, es cultura.

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Carlos Sabín
Carlos Sabín

Físico teórico. Investigador "Junior Leader" en el Instituto de Física Fundamental del CSIC.

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