El gran W. B. Yeats escribió hace un siglo su celebrado poema The second coming. En su apocalíptica primera estrofa se incluyen estos versos:

The best lack all conviction, while the worst
are full of passionate intensity.

En la traducción al español El segundo advenimiento de Enrique Caracciolo Trejo (dentro de Antología bilingüe de Alianza Editorial) leemos:

Los mejores de convicción carecen, mientras los peores
llenos están de intensidad apasionada.

Algo así sucede con la divulgación de la física cuántica. Por un lado, la divulgación científica está, en general, mal vista dentro de la comunidad científica. Los buenos científicos (lo reconozcan abiertamente o no) suelen levantar las cejas ante los esfuerzos divulgativos, sobre todo si vienen de gente "de fuera" (periodistas especializados) o de "investigadores jóvenes" (donde el concepto de investigador joven se está ampliando tanto, que incluye ya a alopécicos padres de preadolescente como yo), quienes, según ellos, deberíamos dedicar todos nuestros esfuerzos a escribir artículos técnicos. Por otro lado, estos grandes científicos son personas que están extraordinariamente ocupadas, que ya tienen bastante con atender a sus grandes grupos de investigación, atraer financiación para sus ideas, viajar a congresos y reuniones, la burocracia... En esas condiciones, es lógico que los grandes expertos teóricos y experimentales en información cuántica, computación cuántica etc. crean que tienen cosas mejores que hacer que intentar resolver la enorme confusión existente en la divulgación de los resultados de su campo de investigación. Cuando lo hacen, quizá forzados por la presión de los gobiernos y los financiadores, lo hacen sin ganas, "sin convicción", lo que tal vez explique que solo se les ocurran "gatochadas", o sea, patochadas dizque poéticas sobre felinos centroeuropeos. 

Así que la divulgación de la física cuántica parece estar en manos ahora de nosotros, los peores, siempre llenos (oh, sí) de "intensidad apasionada". Entre nosotros, los peores, no es raro que nos las demos de heterodoxos, ni que finjamos creer que esa heterodoxia es la causa de nuestros males. Así, no es raro tampoco que caigamos en interpretaciones alternativas, más o menos conspiranoicas, al consenso científico. Esto explicaría, a mi juicio, que el mercado este lleno de libros de bohmianos, de everettianos etc. y de otro montón de libros (a veces escritos también por físicos de otros campos) donde se dice que la física cuántica es una cosa misteriosa que los físicos no entendemos y, por tanto, que estamos todo el rato debatiendo sonre ella, cada uno con su interpretación favorita, porque ya decía Einstein, y ya decía Feynman, y ya decía Wigner. Sin embargo, casi no recuerdo un solo libro en el que se explique sin aspavientos la intrepretación ortodoxa, la que ha salido triunfante de décadas de sofisticados experimentos y poderosos ataques teóricos, la que asumimos la inmensa mayoría de los físicos que trabajamos en el campo, la que ha permitido que entendamos tan bien la física cuántica, que ya estemos creando nuevas tecnologías. Es como si el mercado estuviera inundado de libros sobre el cambio climático escritos por el 2 o el 3 % de negacionistas, y no por el 97 o el 98 % restante. 

La situación es preocupante y tiene difícil solución, sobre todo si uno no cree en un segundo advenimiento...

 William Butler Yeats Chicago Daily News (1920) DN-0071801 Chicago History Musseum

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Carlos Sabín
Carlos Sabín

Físico teórico. Investigador "Junior Leader" en el Instituto de Física Fundamental del CSIC.

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