No, no estás soñando, Leo. Te están contando lo del gato otra vez.

Un fantasma recorre el mundo, y es el fantasma de un gato. ¿No les pasa a ustedes también que ya ven en todas partes al felino austrohúngaro, como le pasaba a Piolín con Silvestre? Columnas de prensa, series, novelas... en todos los segundos, en todas las visiones. Hace poco, mi mujer, que sabe lo que me entusiasman los viajes en el tiempo, me convenció para ver la serie "Dark". Me interesó bastante al principio, porque parecía que por fin se exploraba la idea, de verdad y con todas sus consecuencias, de "lo que pasó, pasó": bucles de tiempo en los que no se puede cambiar nada; intentar cambiarlo es en realidad lo que hace que las cosas sucedan de la manera en que suceden. Me equivoqué, claro. Tras horas y horas de escuchar, bajo el calor isótropo, homogéneo de Madrid, cosas como "el principio es el fin", "el fin es el principio", "todo está conectado" y otros aforismos oraculares, dichos todos ellos muy despacio, con muchas pausas y cara de intenso, la serie se traiciona a sí misma e introduce cambios, universos paralelos... como cualquier película de viajes en el tiempo, solo que mucho más pesada. ¿Y cómo se justifica todo esto? Efectivamente, con el comodín de la física cuántica: en el 3x06 y el 3x07 se empieza a hablar de entrelazamiento cuántico y el odioso gato. Entonces saqué mi tótem particular y comprobé que no me había quedado dormido y estaba soñando, como DiCaprio en "Origen". Y no, desafortunadamente, estaba ocurriendo: en la pantalla, alguien vestido de científico (pelo alborotado, gafas, bolígrafos asomando en la solapa) nos explicaba otra vez la tabarra de siempre: que si un átomo, un veneno, un minino, que si vivo, que si muerto. 

Así que ya ven, este Observatorio no puede descansar ni un segundo. En la prensa, todo sigue en la misma tendencia que previmos en anteriores informes, es decir, la catástrofe. Empezaremos con nuestro miembro de honor, que ha conseguido aparecer en todos nuestros informes, el gran Daniel Gascón, quien ha vuelto a recaer con una columna titulada "Responsabilidad de Schrödinger" el 15 de agosto en El País. Ninguna explicación hay para este título en toda la columna hasta que llegamos a su frase final: "El problema merecería, por lo menos, un comité de Schrödinger". De verdad, pobre Erwin. ¿Qué culpa tiene él? Al parecer, ya basta con poner su nombre para justificar cualquier cosa: vean esto de El País Semanal el 29 de mayo de 2020: "Los días de Schrödinger. “Mis días están pasando lento y rápido, tengo la sensación de que cada día es muy largo pero cuando me doy cuenta ya se ha pasado”, arranca Eva Hache". Jo, qué profundo, ¿no? 

Un poco más macabro se pone el poeta Antonio Lucas en El Mundo, en una columna titulada "El fin de la multitud": "Observo al anciano caminar solo, delatando el fin de las multitudes. Es la paradoja del gato de Schrödinger a dos patas". También Íñigo Domínguez, que escribió artículos excelentes para Jot Down, sin recurrir a la física cuántica, no lo ha podido evitar ante el vértigo de la columna en blanco, y escribió esto el 15 de marzo en El País, en la pieza "¿Quién está haciendo el amor con tu señora?": "No tengo ni idea de física cuántica, pero el principio de incertidumbre de Heisenberg dice algo así como que el observador modifica lo observado, y quizá puede aplicarse a esto: es como si contagiáramos nuestra velocidad al virus mirándolo todo el rato". No queda más remedio que estar de acuerdo con él: no tiene ni idea de física cuántica. 

A estas alturas: ¿queda algún columnista que no haya usado estas metáforas? Convocaríamos un premio, si no tuviéramos miedo a que quedara desierto. Lo diremos una vez más. ¡déjenlo ya! Ya no es original, no tiene gracia, y la mayor parte de las veces no se entiende ni tiene sentido.

Sin embargo, a este Observatorio le ha gustado un encuentro imprevisto en la última novela de Ian McEwan, "Máquinas como yo" (Anagrama, 2019. Traducción de Jesús Zulaika). La historia trata sobre un robot inteligente llamado Adán. En la página 170, la conversación con su dueño llega al tema de la física cuántica. Me echo a temblar, sobre todo cuando el humano saca a relucir la tristemente célebre frase de Feynman sobre no entender la física cuántica, que recordarán las dos o tres lectoras que siguen cayendo por error en este cuaderno de bitácora (la frase, naturalmente, está mal citada, pero eso es comprensible tratándose solo de un hombre). Sin embargo, el robot inteligente contesta con tino, como si hubiera leído los informes de este Observatorio:

"Adán negó con la cabeza.

 - Una falsa paradoja, si es que es una paradoja. Decenas de miles de personas la entienden, y millones hacen uso de ella. Es cuestión de tiempo, Charlie. La relatividad general estuvo una vez más allá de nuestra comprensión. Hoy es algo rutinario para estudiantes de primer año de carrera. Lo mismo pasó con el cálculo infinitesimal. Hoy lo manejan los adolescentes de catorce años. Un día la mecánica cuántica será algo común y corriente".

Tiene razón Adán. Y ¿saben qué será lo mejor de ese día? Que ya nadie dirá que es un día "de Schrödinger".

Carlos Sabín
Carlos Sabín

Físico teórico. Investigador "Junior Leader" en el Instituto de Física Fundamental del CSIC. Autor de "Verdades y mentiras de la física cuántica".

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