Evolución prevista del número de seguidores del movimiento anti-vacunas (en rojo) y pro-vacunas (en azul), extraído del artículo de <em>Nature</em> mencionado en el texto.
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Mucho hemos hablado en este cuaderno de bitácora sobre la desinformación en redes sociales y el fenómeno de las cámaras de eco. El 21 de octubre del 2019 di una charla titulada "Divulgación científica en la era de la posverdad" dentro del curso "Redes y medios sociales para la divulgación de la ciencia" organizado por la Vicepresidencia Adjunta de Cultura Científica del CSIC. Allí, Eduardo Actis, uno de los organizadores, me llamó la atención sobre un artículo del gran Javier Salas en El País, con el sugerente titular "No vives en una burbuja informativa". Como en el momento no había leído el artículo, y ni siquiera conocía su existencia, no pude contestar. Más adelante, lo he podido leer con calma y he visto que se basaba en un artículo académico de investigadores de la Universidad Abierta de Cataluña, Universidad de Barcelona y la Universidad de Oxford. Este trabajo me pareció completamente inadecuado: se trataba de una muestra pequeña y sesgada (voluntarios que rellenaron un cuestionario en línea) y analizaba el tiempo de uso de ¡páginas web de periódicos en ordenadores portátiles! Evidentemente, el foco del trabajo debería haber sido el consumo de "noticias" en redes sociales desde dispositivos móviles. Es probable, sin embargo, que la conclusión sea cierta: no todos vivimos en cámaras de eco todo el tiempo.

Lo que han probado muchos estudios, como los de Walter Quattrociocchi y colaboradores, de los que hemos hablado muchas veces aquí, no es eso, sino que en determinadas redes socialesen determinados temas se forman cámaras de eco. Para ello, se analizan muestras amplísimas y no sesgadas recopildas de las propias redes sociales. El último ejemplo ha aparecido recientemente en arXiv: los resultados (todavía no publicados en una revista científica con revisión por pares) confirman la formación de cámaras de eco sobre temas concretos en redes sociales concretas (Facebook y Twitter).  Así que, siguiendo el titular de Salas, podríamos decir que "Es posible que usted viva en una burbuja informativa... si se informa sobre determinadas cosas solo en las redes sociales".

Quizá el concepto de cámara de eco tenga que ampliarse. De la misma forma que Stephen Hawking demostró que los agujeros negros no eran completamente negros, ya que emitían radiación, los estudios muestran que las cámaras de eco no son perfectas: hay un cierto contacto con el mundo exterior. De hecho, sería crucial entender cómo funcionan esas ventanas al mundo exterior. Tal vez nos vaya la vida en ello, y no exagero. En los últimos días, ha aparecido un artículo en Nature  "The online competition between pro- and anti-vaccination views" (algo así como "La competición en línea entre opiniones pro- y antivacunas"), una impresionante colaboración multidisciplinar de departamentos diversos de varias universidades estadounidenses. Los autores no usan el concepto de cámara de eco, sino que, de alguna manera, analizan su estructura microscópica, sus átomos: los pequeños grupúsculos ("clusters") de páginas de Facebook que se recomiendan unas a otras. Estos grupúsculos son clasificados por los investigadores según su posición sobre las vacunas. Los resultados muestran a 4,2 millones de personas agrupados en 317 grupúsculos de páginas anti-vacunas frente a 6,9 millones agrupados en 124 grupúsculos de páginas a favor de las vacunas. Entre estos dos grupos se sitúa un tercero con, atención, 74,1 millones de individuos agrupados en 885 grupúsculos. Este tercer grupo tiene interés en el asunto (son, por ejemplo, asociaciones de madres y padres de alumnos o grupos similares) pero no muestran una posición definida a favor o en contra de la vacunación (este hecho en sí ya es extremadamante preocupante, pero lo peor viene ahora). ¿Son estos tres grupos universos paralelos sin interacción? (Confío en que me perdonen mis metáforas de físico teórico). Nuestros peores temores se confirman: la comunidad a favor del consenso científico apenas consigue llegar a la gente indecisa, mientras que los grupúsculos anticiencia, aunque de momento tienen menos integrantes, consiguen interaccionar mucho más con el grupo de los indefinidos y, aparentemente, los atraen mejor para su causa. Por deprimente que esto parezca, los datos muestran que el resultado fue ¡el crecimiento del sector antivacunas durante el 2019! Peor aún: durante el terrible brote de sarampión que se llevó por delante a decenas de niños en Samoa (donde la tasa de vacunación había caído hasta un nivel del 31 %) ¡el movimiento antivacunas creció al ritmo más rápido de ese año, mientras que el provacunas creció a su ritmo más lento!

Los investigadores hicieron un modelo con el que consiguieron reproducir la evolución de las dos comunidades durante el año 2019, y lo usaron para predecir cómo será la evolución en los próximos años. Según sus resultados, si la cosa sigue así, en 2030 los antivacunas serán más que los provacunas (ver la figura que encabeza esta entrada de bitácora). Siguiendo los mismos términos de los autores de la investigación, ahí fuera hay una batalla por ganarse "las mentes y los corazones" de la gente... y la ciencia y la razón van perdiendo. 

Carlos Sabín
Carlos Sabín

Físico teórico. Investigador "Junior Leader" en el Instituto de Física Fundamental del CSIC. Autor de "Verdades y mentiras de la física cuántica".

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