A Salman Rushdie.

 

"A veces pienso en lo que dirán de nosotros los historiadores futuros. Una sola frase bastará para el hombre moderno: fornicaba y leía periódicos" (de "La caída" de Albert Camus. Traducción de Manuel de Lope. Debolsillo Penguin).

Es bien sabido que este Observatorio no descansa en agosto. Al contrario, en este mes, la relajación de las costumbres, la escasez de noticias urgentes y los efectos del exceso de calor sobre unas redacciones ya de por sí adelgazadas y precarias, aumentan si cabe el peligro de la inflación de metáforas de saldo, de los incendios forestales provocados por clichés de tercera. Así, la inevitable sección "El hacha de piedra" de Montero Glez, reincide en meter la palabra "cuántico" sin ton ni son para intentar superar el síndrome del papel en blanco: "Relatos cuánticos para un verano envuelto en la incertidumbre del entorno", el titular ya te da ganas de perderte en la "incertidumbre del entorno", pero el primer párrafo te hace preguntarte si no será el autor el que se ha hundido demasiado en ella:

"La realidad es una línea discontinua que se desplaza en unidades de acción a través de la elasticidad del tiempo. Debido a esto, el sujeto observador de dicha realidad forma parte de ella, igual que si fuese un elemento imprescindible, un punto que contiene todos los demás puntos y que ha dejado de ser borroso para convertirse en una entidad concreta." 

Con semejante inicio, no sorprende que más adelante el principio de incertidumbre se convierta "en el principio de causalidad que enunció Heisenberg en 1927", que Bohr sea "filósofo de la ciencia", que en su "Cuarteto de Alejandría", "Durrell roza la ecuación de Paul Dirac por la cual se procede a unificar la mecánica cuántica con la relatividad, adelantando al narrador hasta las líneas espectrales atómicas para convertirlo en personaje en la última parte de su Cuarteto." o que Paul Auster, que simplemente cuenta cuatro versiones de la misma vida, "también se nos muestra cuántico en su última novela, 4, 3, 2, 1(Seix Barral) donde nos ilustra acerca de cómo el universo se divide constantemente, pongamos que se atomiza, en otros universos múltiples y paralelos. Con dicha interpretación de la mecánica cuántica, Paul Auster compone una historia que es, a su vez, un retrato generacional a partir de la peripecia de su protagonista desarrollada simultáneamente en cuatro arcos narrativos distintos."

Por supuesto, Auster no nos habla de interpretaciones cuánticas ni de universos paralelos, ¿de verdad haría falta la física cuántica para entender que en la vida de cualquiera las cosas pueden suceder de manera distinta con una cierta probabilidad?. Termina el artículo:

"Por resumir, baste decir que tanto Rayuela de Cortázar, como 4,3,2,1 de Paul Auster o El cuarteto de Alejandría de Lawrence Durrell son tres ejemplos de novelas cuánticas. Cualquiera de ellas nos transporta a un universo paralelo donde uno se encuentra dentro del relato como un personaje más, envuelto en la incertidumbre del entorno."

¡Oh, cielos! ¿De verdad hacía falta resumir?.

Pero está claro que los mejores columnistas del país no quieren añadir nuestro Premio Conde de Negroni a sus rebosantes vitrinas. Por ejemplo, Sergio del Molino, ("El País", 19 de junio) añade un nuevo elemento al por lo visto interminable conjunto de cosas "de Schrödinger": "El escote de Schrödinger". Han leído bien:

"Si en circunstancias filosóficas naturales sería muy difícil comprender el escote de Patrícia Plaja, portavoz del Govern de la Generalitat catalana, la intervención de periodistas y asesores hacen del caso un fenómeno de física cuántica. ¿Existe el escote de Plaja, o es como el gato de Schrodinger, que está vivo y muerto a la vez?"

¿A qué se debe todo esto? Pues al parecer, a que "El equipo de Els Matins de TV3 le subió la camiseta en un cambio de plano de la entrevista que se emitía en directo el miércoles. " ¿No creen que está ya excesivamente barato el latiguillo "de Schrödinger"?

También recae Arcadi Espada en "El Mundo" del 26 de junio:

"En febrero de 2017, ante la posibilidad de un nuevo e incierto juicio, el escritor se acogió a una doctrina Alford, el equivalente en la justicia transaccional norteamericana al Gato [sic] de Schrödinger: el acusado manifiesta su inocencia, al tiempo que admite que los jueces cuentan con pruebas suficientes para declararlo culpable. [...] A este universo cuántico ha llegado ahora la serie de Antonio Campos, estrenada en mayo."

¡Universo cuántico! Está visto que cuando aparece en el horizonte la física cuántica, hasta el individuo más serio no puede evitar hacer frases a medio camino entre Iker Jiménez y el azúcar Lútor. Sin embargo, es posible resistirse, como demuestra Fernando Savater en "El país" el 23 de julio. Está hablando de la novela "Las diabólicas", y uno empieza a ver cómo se balancea por el abismo:

"Una novela de crimen en la que hay y no hay un crimen, una novela de fantasmas en la que hay y no hay fantasma, una investigación en la que es la víctima quien investiga [...]"

Ya uno está viendo venir que se va a dejar caer al abismo, desde donde unas voces le susurran "... de Schrööödinger", "la noveeeela de Schrödinger". Y sin embargo, se resiste y acaba elegantemente la columna. Así que es posible ¡oh, escritores! Aún hay esperanza.

 

Albert Camus en Pornic, 1946. Colección Jean y Catherine Camus. Fondo Albert Camus.

Carlos Sabín
Carlos Sabín

Físico teórico. Investigador "Ramón y Cajal" en el Departamento de Física Teórica de la UAM. Autor de "Verdades y mentiras de la física cuántica".

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