No se tome lo que le ofrezca Goswami, ni aunque sea por compasión (Arsenic and old lace, Frank Capra 1944).

                                                                              

Hace unas semanas me entrevistaron para una serie de podcasts llamada "Conversaciones con sentido". El entrevistador Xavier Pont me había dicho que había leído mi libro "Verdades y mentiras de la física cuántica" y le había gustado mucho. Yo siempre acepto todas las invitaciones amables, y además me lo suelo pasar muy bien en las entrevistas. Este caso no fue una excepción, a pesar de que las preguntas derivaron hacia un tema que para mí no tiene mayor interés: el supuesto papel de la consciencia en la mecánica cuántica. Como sabrán las dos o tres lectoras cuyos navegadores les redirigen por error a este cuaderno de bitácora, este mito de la física cuántica se basa en un artículo escrito por Wigner en tono especulativo hace décadas, del cual el mismo Wigner renegó más adelante. Hoy no hay un solo investigador en física cuántica que crea que la consciencia hace colapsar la función de onda, a pesar del eco que esta paparrucha tiene en redes sociales y blogs del inframundo. Aunque (o quizá precisamente gracias a que) creo que siempre he sido muy claro sobre este punto en el blog, en el libro y en la propia entrevista (en la que tuve ocasión de declararme por primera vez en público como "completamente materialista", cosa que me hizo mucha ilusión), Xavier insistió por correo electrónico en recomendarme la lectura de "El universo autoconsciente" de Amit Goswami. El motivo sería que, al contrario que otros charlatanes, curanderos y místicos que arrastran por el lodo el sintagma "cuántico", a los que Xavier y yo coincidíamos en criticar, este Goswami sabría de lo que hablaba, ya que entre otras cosas tendría un doctorado. 

Ingenuamente, ya que jamás había oído hablar de este Goswami, he leído el libro, pensando que efectivamente podía encontrarme con algo diferente. Y desde luego, es diferente. Pero porque es peor. 

De todos los expendedores de ponzoña intelectual y moral, de todos los escupidores de huesos de aceituna ideológica, los peores y más peligrosos son sin duda aquellos que tienen un doctorado. Si ya advertimos la última vez de que la inteligencia no garantizaba que uno estuviera en lo cierto, ya que la inteligencia era una máquina que podía ponerse a trabajar a favor de la mentira, imagínense un doctorado, ¡para el cual ni siquiera hace falta ser inteligente! Efectivamente, solo alguien con un doctorado puede evacuar un párrafo como este (traducción mía):

"¿Tenemos procesamiento de información no local? Podemos defender muy bien la no localidad si aceptamos nuestra espiritualidad. Otro argumento controvertido a favor de la  no-localidad es la existencia de experiencias paranormales. Personas a lo largo de los siglos han afirmado tener la capacidad de telepatía, la transmisión de información de mente a mente sin señales locales, y ahora parece haber alguna evidencia científica de ello."

Bien, esto es una patochada, y los títulos de quien la diga dan igual: es una mezcla de cosas demostrablemente falsas con otras indemostrables para argumentar a favor de algo que solo puede plantearse en términos científicos. Pero claro, es que la respuesta en términos científicos es: no, no tenemos procesamiento de información no-local, como he explicado muchas veces. Sin embargo, como demuestran decenas de párrafos semejantes a este en el libro, Goswami no tiene mayor interés en la verdad científica, sino en poner de pie una especie de agenda filosófica, política, religiosa y (¡ay!) médica.

Efectivamente, si buscamos en Google vemos que Goswami no era en realidad distinto a los vendedores de chatarra averiada de los que hablábamos antes: treinta años después de este libro, y redefinido ahora como "activista cuántico" (adapatación a los tiempos), Goswami sigue dedicado a la manufactura y distribución de crecepelo intelectual: libros, vídeos y (oh, cielos) supuestos títulos de máster y doctorado con precios de varios miles de dólares anuales, expedidos por Quantum Activism Vishwalayan (QAV), institución creada por él mismo y que cuenta con nada menos que cinco (5) profesores. ¿Las materias? "La ciencia cuántica de la salud (medicina intregrativa), la prosperidad (liderazgo empresarial) y la felicidad (psicología transpersonal)" (sic). Pero no se preocupen si no tienen tanto dinero. Por sólo 99 dólares pueden disfrutar de un curso con vídeos llamado "Aprovechando el poder del amor gracias a la nueva física".  

Pero la cosa aún puede ser peor. Veamos alguna de sus últimas aportaciones intelectuales. El 9 de junio de 2020 firma en su página web, junto con otros dos colegas del QAV, una pieza titulada "La pandemia de coronavirus: el problema y su solución cuántica para salvar la salud y la economía global (parte I)". En ella nos explica que "no existen las enfermades reales; más bien, lo que la medicina establecida llama una "enfermedad" es en realidad un "programa especialmente significativo de la naturaleza" "(esta gran reflexión se la atribuye a un Dr. Ryke Geerd Hamer). Las vacunas no son la solución, ya que "contienen muchas sustancias tóxicas para el cuerpo humano y el cerebro- mercurio, formaldehído, glifosato etc." Las mascarillas "crean un estado de hipoxia", hacen que "la gente se ponga azul y su temperatura aumente hasta llegar al pánico", además se inhalan más sustancias químicas "debido al plástico", lo que hace que "exhales más dióxido de carbono". Por si fuera poco "irritan tu cara y te hacen más susceptible a los patógenos, infecciones, parásitos etc. En resumen: te hacen más vulnerable, no menos". También hay que tener en cuenta el problema de la "tecnología 5G. Hay más de dos mil estudios que nos advierten de los efectos dañinos de estos campos electromagnéticos, que atacan especialmente el corazón, el cerebro y la inmunidad general". 

¿Qué hacer entonces? Veamos. Entre sus múltiples consejos figuran:

"

  • Póngase aceite de coco virgen en las fosas nasales (2 gotas)
  • Haga gárgaras con agua salada templada
  • Enjuague con aceite: tome un bocado de aceite; chasquear y hacer gárgaras ayudará a destruir posibles virus de la boca y la garganta.
  • Beba té verde / negro junto con especias: jengibre, pimienta negra, clavo, canela; deje que la mezcla hierva durante dos minutos y luego añada zumo de limón antes de beber
  • Hierva canela, cúrcuma, jengibre, pimienta negra y clavo en agua; añada zumo de limón y beba [...]
  • Beba agua templada, coma sopas calientes, use una sauna, haga gárgaras con agua muy salada o una tintura de propóleo [...]
  • Beba oro y plata coloidales [...]
  • Aromaterapia: inhale cualquiera de los siguientes aceites esenciales de grado terapéutico: menta, eucalipto, albahaca, árbol de té, limón, lavanda, romero. [...]
  • Homeopatía: una recomendación es tomar álbum de arsénico CH 30 una vez al día con el estómago vacío durante tres días; repita todos los meses. El alcanfor se usa cuando no hay síntomas claros de Covid-19."

(Hay otras muchas recomendaciones de brebajes y condumios varios, pero solo he puesto aquí las más ridículas y peligrosas). Además, habría que tener en cuenta que el virus "entra por los chakras de la garganta", lo cual acaba provocando la aparición de inflamasomas y es la causa de la tormenta de citoquinas. "Como esta es principalmente una enfermedad de los chakras de la garganta, no es de extrañar que se haya descubierto que tararear es un remedio eficaz contra los inflamasomas". Ahí lo tienen: la crisis mundial se podría haber evitado si todos tarareásemos lo suficiente. Mejor no nos leemos la segunda parte, ¿no creen?

¿Es casualidad que sean las mismas personas que propagan y divulgan una visión mística y acientífica de la física cuántica, las que la usan para intentar enriquecerse a costa de la ignorancia, la ingenuidad o la desesperación de los incautos (o sea, potencialmente, todos nosotros)?  Juzguen ustedes. 

 

Carlos Sabín
Carlos Sabín

Físico teórico. Investigador "Ramón y Cajal" en el Departamento de Física Teórica de la UAM. Autor de "Verdades y mentiras de la física cuántica".

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