Es probable que a mediados de marzo de este año hayan leído en "las noticias" (o sea, que les haya llegado algo por Whatsapp) algo sobre que un grupo de científicos había conseguido realizar algo así como un viaje en el tiempo gracias al ordenador cuántico de IBM. Las versiones diferían sobre si lo que había viajado era un electrón, el propio ordenador cuántico, o todo a la vez. Seguro que ustedes no se creyeron nada. De hecho, como a estas alturas ya tienen un Máster en Paparruchología y Ciencias de la Posverdad por la Universidad Cuantocompleta, esperaron pacientemente unas cuantas horas hasta que empezaron a brotar los artículos del tipo "No-no-es-eso". De hecho, cuando la cosa llegó a los periódicos de papel (sí, siguen existiendo, al menos en mi universo) ya estábamos en esa fase, afortunadamente

Cuando vi estas noticias, me costó trabajo creer que se refirieran a un artículo que yo había leído cuando apareció en el arXiv en 2017. Pero sí, el artículo se había publicado finalmente en Scientific Reportsy era esencialmente el mismo. Yo recordaba bien que el artículo iba de una simulación por ordenador (cuántico) de una inversión temporal de un determinado proceso físico. Pero claro, como nos enseñó Meg Ryan, una cosa es simular algo, y otra que algo realmente ocurra, aunque ambas cosas puedan parecerse mucho. Cada vez que mi hijo juega al Fortnite, se simula una masacre, ¡pero la masacre no ocurre realmente! Cada vez que rebobinamos para ver cómo es posible que James Harden haya vuelto a hacer exactamente el mismo tiro sin que el defensor sea capaz de evitarlo, estamos simulando un viaje en el tiempo de James Harden etc. Modestamente, yo participé en un artículo en el 2011 en el que también proponíamos una simulación cuántica de la inversión temporal (no digital, sino analógica) y el experimento se hizo en 2015

Pero entiendo que la combinación de "ordenador cuántico" y "viaje en el tiempo" en una nota de prensa era irresistible. A mí me pasó una vez algo parecido. En los últimos meses de tesis doctoral tuve una idea y se la comenté a mis compañeros. La cosa acabó en un artículo escrito por cuatro estudiantes de doctorado y que terminó publicándose en Physical Review Letters cuando dos de nosotros ya éramos investigadores postdoctorales. La idea era usar las correlaciones del vacío cuántico para conseguir que dos bits cuánticos estuvieran en un estado con entrelazamiento cuántico. Esto ya lo habíamos hecho con correlaciones entre distintos puntos del espacio, pero la novedad era usar ahora correlaciones entre distintos instantes de tiempo, de ahí que habláramos de correlaciones entre el pasado y el futuro. Escribimos una nota de prensa explicando lo que habíamos hecho, y le pedimos consejo a mi director de tesis y líder del grupo de investigación, quien nos dijo: "habéis puesto entrelazamiento del vacío cuántico, y la gente no lo va a entender". Así que lo cambió por "transferir información entre el pasado y el futuro". No entendimos muy bien qué demonios quería decir con eso (si escribo una carta, la guardo en un cajón y la abro mañana, ¿no estoy haciendo exactamente lo mismo?) pero le hicimos caso igualmente. La frase hizo estragos. La gente pensaba que habíamos hecho una máquina del tiempo. Varios periódicos decidieron copiar literalmente la nota de prensa. Otros le añadían titulares sensacionalistas y comparaciones con "Regreso al futuro" . Ninguno nos preguntaba nada, pero nos citaba igualmente, como si realmente hubieran hablado con nosotros. Una web inglesa decía que habíamos transformado qubits en viajeros temporales y hablaba del experimento como de una "Tardis cuántica" (entonces nunca había visto Dr. Who, pero tras vivir en el Reino Unido, donde el capítulo especial de Navidad tiene un carácter institucional similar al discurso de la Reina, he comprendido que es el mayor halago (falso, por supuesto) que mi trabajo ha recibido jamás). Hice una entrevista en la radio que empezaba con "¿podemos decir que han hecho ustedes una máquina del tiempo?" (o algo similar), a lo que yo contestaba, simplemente "no", para que no hubiera ninguna duda. Pero el entrevistador ni se inmutó, y continuó exactamente igual que si hubiera contestado "sí". Tuvimos hasta nuestra propia versión satírica. Una cadena de televisión nacional nos contactó porque querían hablar del asunto en las noticias de la noche. Por supuesto, solo les interesaban los viajes en el tiempo. Pero en esta ocasión mi amigo Borja Peropadre les explicó exactamente en qué consistían nuestros resultados. La cosa ya les interesó menos y la noticia nunca salió. 

Lo único realmente bueno de todo aquello es que Investigación y Ciencia me dio la oportunidad de explicarlo bien, en este artículo. Y ese fue el comienzo de mi colaboración con la revista, que llega hasta ahora mismo, con este cuaderno de bitácora en que aflijo a mis dos o tres lectoras con mis obsesiones, como los viajes en el tiempo. Por cierto, espero ya que todos hayan visto "Avengers: endgame", porque en mi próxima entrada la destriparé completamente. Sirva esto como primera alerta de "spoilers". 

 Meg Ryan, en plena simulación

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Carlos Sabín
Carlos Sabín

Físico teórico. Investigador "Junior Leader" en el Instituto de Física Fundamental del CSIC.

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