Las Feynman Lectures on Physics han supuesto para muchos profesores una gran fuente de inspiración. Sólo voy a poner dos ejemplos que me cautivaron. Uno es cómo razona que las fuerzas eléctricas son de una magnitud mucho mayor que las gravitatorias, en la primera página del segundo tomo. Yo empiezo las clases de electrostática así, al estilo de Feynman: "Imaginemos que vamos al electricista y le pedimos que nos ponga medio kilo de electrones". El otro caso es el capítulo del "agua seca", en el que plantea la aproximación de un líquido con viscosidad despreciable. En Investigación y Ciencia salió una noticia sobre su figura hace poco.

Pero ahora no pensaba hablar de eso, sino del esfuerzo docente que supuso. El curso se planteó para que los estudiantes del California Institute of Technology (el Caltech) recibieran una visión moderna, atrayente y muy completa de la física (se consideraba que la asignatura de física general en el primer año no recogía los avances recientes). ¿Quién mejor que Feynman para impartir esa materia? Sabio, inquieto, heterodoxo, innovador y sugerente. Las pizarras que llenaba se fueron fotografiando pacientemente, y al cabo de un año (dictó clases de 1961 a 1963) se publicaron las lecciones. El Caltech ha puesto ahora el texto en Internet (sólo está disponible para leer en línea, no se cede el copyright). 

Hace ya años, me llamó la atención el prólogo: da cuenta de las frustraciones de Feynman. Había realizado un gran esfuerzo, pero muchos alumnos no le seguían. Llega a escribir que considera su curso un fracaso, que no sirvió para gran cosa:

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¿Qué fallaba? A mí ese parrafo me ha dado mucho que pensar. Todos coinciden en que Feynman era un gran profesor (¡si hasta le llamaban "The Great Explainer"!), los alumnos eran escogidos y estaban motivados. ¿Entonces? He acabado por convencerme de que no falló nada. Lo más normal cuando se aprende algo difícil (y la física lo es, se mire como se mire) los conceptos no entran de buenas a primeras. Hay que dar un tiempo para que las ideas se asienten hasta que finalmente se comprenden en profundidad. A mí me ha ocurrido muchas veces: estudias una cosa sin acabar de entenderla, hasta que pasado el tiempo (a veces sucede a la vuelta de años), de manera inesperada, se enciende la luz que ilumina la mente. No he descubierto la pólvora: un colega me comenta que en el blog de Terry Tao hay una entrada (más enfocada a las matemáticas) donde se recomienda aprender las cosas una y otra vez. La moraleja es que tanto los profesores como los estudiantes han de tener paciencia. Lo importante, creo yo, es que todos mantengamos viva la ilusión. Y eso no le faltaba a Feynman.

Un último apunte. De vez en cuando escucho que los buenos docentes no tienen por qué ser buenos investigadores y que los buenos investigadores a veces no saben dar clase. Es cierto. Pero me parece que son casos aislados: en mi experiencia, existe una estrecha correlación entre ambas tareas. Quien es buen investigador suele ser buen docente, y viceversa. A la vista queda un ejemplo.

Ángel Garcimartín Montero
Ángel Garcimartín Montero

Catedrático de física (especialidad: materia condensada) en la Universidad de Navarra.

Ha llevado a cabo investigaciones (de carácter marcadamente experimental) sobre dinámica no lineal, inestabilidades, caos y sistemas físicos fuera del equilibrio; la fractura de los materiales frágiles; la transición vítrea, y los medios granulares. Actualmente se interesa en los atascos de materia activa (por ejemplo, los seres vivos).

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Sobre este blog

La materia blanda es la que se deforma fácilmente cuando se somete a esfuerzos o fluctuaciones térmicas: líquidos, coloides, materiales granulares, polímeros, espumas, algunos materiales biológicos. Pero en sentido figurado ¿no es también materia blanda la ciencia, la universidad, o incluso la sociedad?

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