La alimentación o la reproducción podrían parecer a priori los desencadenantes de las largas migraciones que efectúan las distintas especies de cetáceos. Sin embargo, los científicos acaban de comprobar que la respuesta a la pregunta que titula este post no es tan evidente. Las ballenas migran principalmente para facilitar la muda de su piel.

Las ballenas son los mamíferos que efectúan las migraciones más largas, habiéndose documentado viajes de hasta 25000 km en el caso de las ballenas grises (Eschichtius robustus) y de 18000 km en el caso de las ballenas jorobadas (Megaptera novaeangliae).

A lo largo de los años los científicos han propuesto diversas hipótesis más o menos documentadas que podrían explicar las migraciones tanto de especies de ballenas dentadas como barbadas. El denominado paradigma "alimentación/apareamiento" se basa en la observación que las ballenas realizan viajes hacia latitudes altas durante los meses de junio-julio a zonas ricas en recursos alimentarios y hacia latitudes bajas en los meses de enero-febrero a las zonas de apareamiento. Sin embargo, esta explicación plantea algunos interrogantes. ¿Por qué migran hacia latitudes altas en busca de alimento cuando es precisamente el momento de mayor disponibilidad del mismo en latitudes más bajas?. Otra explicación es que las ballenas migrarían de vuelta a latitudes más bajas para dar a luz a sus crías dada una menor presencia de depredadores.

Sin embargo, hay una falta clara de consenso entre las múltiples observaciones y las explicaciones científicas propuestas, lo que parece sugerir la existencia de alguna otra razón desconocida que explique las larguísimas migraciones de las ballenas.

Imagen tomada de Pitman et al, 2019 en la que se representa la migración de un individuo de <em>Orcinus orca</em> desde la Antártida hacia el Norte (línea roja) y su regreso hacia aguas más frías (línea amarilla). La migración se efectúa comienza en el mes de diciembre y se lleva a cabo durante aproximadamente seis meses, hasta alcanzar las latitudes más altas en el mes de junio.

Un estudio reciente (1) ha realizado múltiples seguimientos fotográficos y vía satélite de 62 individuos de diferentes ecotipos de orcas (Orcinus orca) a lo largo de varios años (2009-2016). Las orcas se pueden subdividir en cuatro ecotipos distintos basándose en su morfología, hábitat, preferencias de alimentación y comportamiento, confirmándose también la diferencia entre ellos a un nivel genético.

Los científicos observaron como algunos individuos se desplazaban hasta 9400 km desde la Península Antártica hasta el Sur de del Océano Atlántico a lo largo de la costa de Argentina pero no lo hacían para dar a luz como parecían plantear algunas hipótesis previas. Las fotografías y el seguimiento de los individuos incluidos en el estudio revelaron que las crías nacían en las aguas de la Antártida. 

 

 

Las ballenas, al igual que otros mamíferos como los humanos, el mantenimiento de la epidermis es una necesidad fisiológica al constituir la primera línea de defensa y protección frente a bacterias y enfermedades por lo que la capa de células epidérmicas debe renovarse periódicamente.

Los investigadores observaron como en las aguas frías de la Antártida, las orcas son incapaces de llevar a cabo la muda de la epidermis. Esto se debe a que deben de conservar la temperatura de su cuerpo  y el flujo sanguíneo se retira de la epidermis hacia el interior de su cuerpo.  Durante la migración y al llegar a aguas más cálidas, el flujo sanguíneo de la epidermis se restablece  por lo que esta se puede renovar ya que este proceso necesita que las células permanezcan metabólicamente activas.

Fotografías tomadas de Pitman et al, 2019 que muestran a orcas en aguas de la Antártida recubiertas de una capa amarillenta de diatomeas. En aguas frías son incapaces de desprenderse de ella y deben migrar hacia zonas más cálidas para que el metabolismo de la epidermis esté activo y permita su renovación.

Pero lo más curioso es que este proceso fisiológico no solo depende de la latitud y la temperatura de las aguas. En la Antártida, la piel de las orcas se cubre de una capa amarilla formada por elevadas concentraciones de diatomeas siendo Bennetella ceticola la especie más común encontrada en la piel de los cetáceos. Esta película de diatomeas acumula a su vez elevadas concentraciones de bacterias que pueden ser perjudiciales para los cetáceos y por ello se hace realmente necesario eliminarla.

Así pues, las orcas migran a los trópicos recubiertas de esta capa amarillenta de algas unicelulares, allí mudan su piel desprendiéndose de ella y regresan "limpias" a las aguas de la Antártida, recobrando sus característicos parches de piel blanca.

Este descubrimiento plantea a su vez otras incógnitas que se deberán resolver, como por ejemplo cómo la muda de las ballenas afecta a los ecosistemas marinos y cómo se lleva a cabo este proceso en especies de cetáceos que no efectúan migración.

Bibliografía

1- Robert Pitman et al. Skin in the game: Epidermal molt as a driver of long-distance migration in whales. Marine Mammal Science. 19 December 2019. https://doi.org/10.1111/mms.12661

Maria Cristina Rodríguez Fontenla
Maria Cristina Rodríguez Fontenla

Licenciada en biología y doctora en medicina molecular. Investigadora en genética de los trastornos del neurodesarrollo en el CiMUS (Centro Singular de Investigación en Medicina Molecular y Enfermedades Crónicas), Universidad de Santiago de Compostela.


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Sobre este blog

«Produce una inmensa tristeza pensar que la naturaleza habla mientras el género humano no la escucha.»

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