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¿Cuántos de vosotros os habéis pinchado con una aguja al coser un zurcido? ¿O habéis cortado un papel sin seguir la línea? Todo es cuestión de precisión y, en cirugía, es un concepto esencial.

En la edad antigua, la medicina estaba poco desarrollada y la cirugía era despreciada por los filósofos, pues la entendían como una aberración al cuerpo humano. El único tratamiento aceptado por aquél entonces era todo el que venía dado por la madre naturaleza. Los principales pioneros de la cirugía fueron los árabes, que empezaron a escribir, entre otros procedimientos, el tratamiento de las fracturas, las amputaciones y la ligadura de las arterias en los siglos X-XI.

Sin embargo, a día de hoy todo esto ha evolucionado de una forma inimaginable. Tanto, que actualmente un cirujano desde Barcelona puede operar remotamente a un paciente en Sevilla. ¿Cómo es posible os preguntareis? La respuesta tiene nombre propio: el Da Vinci del siglo XXI.

El sistema quirúrgico Da Vinci [Wikimedia Commons by https://www.intuitive.com]

El sistema quirúrgico Da Vinci es un equipo de alta tecnología que proporciona al cirujano mayor precisión, habilidad, control y visión anatómica del paciente en el quirófano de forma poco invasiva. Está compuesto por una consola de diseño ergonómico para el cirujano, un carro con cuatro brazos robóticos, un sistema de visualización de alta calidad e instrumentos propios de una operación quirúrgica adaptados para fijarse al final de los brazos robóticos y diseñados para permitir al profesional mantener su destreza natural.

El control remoto constituye una de las grandes ventajas de este equipo, ya que permite al experto realizar una operación a pesar de hallarse a una gran distancia geográfica del paciente. Ello facilita llevar a cabo intervenciones quirúrgicas en cualquier hospital que disponga del equipo necesario.

En general, los procedimientos donde participa el robot Da Vinci cursan con menor dolor y pérdida de sangre. Además el tiempo de hospitalización también resulta más corto y el paciente se recupera con mayor celeridad.

De entre sus aplicaciones, destacan la cirugía del cáncer de próstata, la cirugía renal, la cirugía de vejiga (cistectomía) o la cirugía ginecológica.

La Mona Lisa de Leonardo Da Vinci [Wikimedia Commons]

Aunque todo parece idílico, toda tecnología puntera tiene algún inconveniente. En este caso, se trata del coste: en torno a los 2 millones de euros. Aun asíla comunidad científica trabaja para que estos tipos de sistemas quirúrgicos sean más accesibles y de este modo poder ampliar el radio de acción de los cirujanos, incluyendo entornos rurales o de difícil acceso donde no cuentan ni con hospitales, ni quirófanos, ni cirujanos.

Así que si alguna vez vais a ver "La Mona Lisa" en el museo del Louvre o el "Hombre de Vitrubio" en la Galería de la Academia de Venecia, recordad que, a día de hoy, el nombre Da Vinci sigue ligado a obras de arte, anatómicas en este caso, salvando la vida de miles de personas.

Irene Marco-Rius y Marc Azagra
Irene Marco-Rius y Marc Azagra

Irene Marco-Rius es graduada en Física por la Universidad Autónoma de Barcelona, Máster en Física Médica por la Universidad de Heidelberg y Doctora en Bioquímica por la Universidad de Cambridge. Actualmente es investigadora del Instituto de Bioingeniería de Cataluña (IBEC). Su interés se centra en las técnicas de imagen molecular para el diagnóstico precoz de enfermedades.

Marc Azagra es estudiante de doctorado en el Instituto de Bioingeniería de Cataluña (IBEC). Graduado en química por la Universidad Autónoma de Barcelona, Máster en química industrial e investigación avanzada, máster en química Fina aplicando RMN y LC-MS. Su investigación se basa en técnicas de imagen molecular y espectroscopia por resonancia magnética para estudiar enfermedades.

Sobre este blog

En este cuaderno de bitácora daremos a conocer las diferentes modalidades de diagnóstico por la imagen, nos adentraremos en el mundo de la robótica que guía a los cirujanos, hablaremos de curiosidades químicas y mucho más.

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