Trabajar en el mundo de la paleontología tiene la ventaja de poder vivir momentos épicos. El gran componente azaroso de esta disciplina facilita que, debido al factor sorpresa, el hallazgo de una pieza espectacular durante una excavación resulte en una sensación indescriptible, tanto para el excavador en sí mismo, como para el equipo de investigación en general. Quien les escribe tuvo el enorme privilegio de vivir esta sensación en su propia piel el día 4 de agosto de 2005. Esto sucedió en el yacimiento Pleistoceno de Dmanisi, en Georgia, gracias a un programa de intercambio de investigadores entre dicho país y España, promovido por la Fundación Duques de Soria.

Figura 1

Figura 1. Parte del equipo científico español que trabajó en Dmanisi en Agosto de 2005. De izquierda a derecha: Almudena Alcázar de Velasco, Elena Lacasa, Marc Furió, Jordi Agustí, Pilar Fernández y María Martinón.

Tras una dura jornada de lavado y tamizado de sedimento en busca de restos fósiles de pequeños vertebrados, el bloguero, como parte del equipo que allí trabajaba (Figura 1), esperaba el turno de comida. De repente se advirtieron unos gritos a lo lejos que exclamaban algo en georgiano. Provenían de Tamuna Bidzinashvili, una excavadora que llegaba corriendo exhausta, casi sin aliento, habiendo recorrido los desnivelados casi dos kilómetros que separan el campamento base del yacimiento en cuestión. Pudimos ver la cara de sorpresa de los georgianos que entendían lo que decía, y que se apresuraron a traducírnoslo: "¡Nuevo cráneo humano!" Era el quinto que proporcionaba Dmanisi, así que a priori no tenía por qué ser algo tan excepcional. Pero aun no siendo conscientes de la magnitud de aquel descubrimiento, nos faltó tiempo a todos los que allí estábamos para subirnos al camión que suele desplazar al equipo excavador entre ambos puntos (Figura 2). La orden oficial era permanecer en el campamento hasta después de comer, pero nadie la acató. La impaciencia por ver ese nuevo cráneo nos invadía.

Figura 2

Figura 2. La paleoantropóloga Almudena Alcázar de Velasco durante el traslado hacia el yacimiento, en una muestra evidente de la emoción colectiva del momento.

El cosquilleo que experimentamos mientras estábamos de camino al yacimiento es algo indescriptible. Duró seis minutos en su estado "básico", pero se multiplicó al llegar a la cuadrícula que había visto aflorar los restos craneales de este nuevo espécimen, el llamado "Cráneo número 5 de Dmanisi" (científicamente D4500) que se publica en el presente número de Science (1). Comenzaban a brotar de la tierra unos arcos supraciliares extraordinariamente desarrollados y parte de las órbitas de un cráneo inequívocamente humano, en un gesto que se advertía como amenazante por parte de aquella desamparada calavera (Figura 3). La sensación no se puede explicar; es algo que hay que vivir por uno mismo. Daba miedo y satisfacción a la vez. Aquel fósil emanaba una energía desmesurada, quizás inducida y potenciada por las expectativas científicas de quienes estábamos allí observándola, atónitos ante lo que se presumía como uno de los mayores hallazgos de la paleoantropología de los últimos tiempos.

Figura 3

Figura 3. Primera aparición del cráneo 5 de Dmanisi (D4500).

No, aquello no era un diente aislado o un fragmento sólo reconocible por paleoantropólogos o médicos forenses especialistas en anatomía humana; aquello era un cráneo identificable como tal a ojos de cualquiera, que aunque no se dejaba ver su totalidad, insinuaba ya claramente su carácter "rebelde" respecto a las premisas de la antropología física clásica. Con los días, el proceso encaminado a su extracción fue liberando la envolvente costra de matriz endurecida que lo cubría, dejando al descubierto rasgos que no correspondían a lo esperado en ese yacimiento. Cada nuevo centímetro que afloraba era examinado minuciosamente por todos los especialistas y no-especialistas que trabajábamos en Dmanisi.

Figura 4

Figura 4. Noche del 4 de agosto de 2005. Debate ante las primeras fotografías del fósil D4500 proyectadas en un ordenador portátil. 

Fueron realmente memorables las largas noches de debate ante las fotografías diarias proyectadas en un ordenador portátil (Figura 4). Cada nuevo elemento anatómico que se hacía visible, cada pequeña pista de lo que aquel hallazgo pudiera revelar, suscitaba nuevas preguntas. ¿Hasta qué punto se parecía a los otros cráneos que se habían encontrado hasta la fecha? ¿Podía pertenecer a una especie distinta? Si ese fuera el caso, ¿qué hacían dos especies diferentes de homínidos conviviendo en un lugar aparentemente tan inhóspito? Y si pertenecían a la misma especie, ¿cómo se explicaba una variabilidad aparentemente tan grande dentro de una misma población? Parte de la respuesta se encuentra en el nuevo artículo publicado en Science, aunque este hallazgo todavía debe proporcionar más datos y seguramente, agitará el debate científico sobre la salida de África de nuestros más remotos antepasados del género Homo.
Dmanisi es un lugar mágico, una apartada aldea en el sur de un pequeño y humilde país llamado Georgia, en el Cáucaso, entre los mares Negro y Caspio. Su estratégica situación, a medio camino entre Europa y Asia, entre Rusia y Turquía, parece propicia para albergar los restos de una primera salida de homínidos bípedos del continente Africano. Pero eso es a gran escala. A pequeña escala, el yacimiento se sitúa en lo alto de una colina que muestra unos escarpados márgenes de roca negra producto de la solidificación de lava donde a priori ningún geólogo con un mínimo de sentido común apostaría encontrar restos fósiles. Y sin embargo, allí están. Culminando la serie de coladas basálticas, una hondonada cubierta por capas de cenizas volcánicas decorada en sus niveles superficiales por restos arqueológicos medievales, proporciona desde hace algo más de dos décadas restos de homínidos arcaicos de casi dos millones de años de antigüedad.
Gran parte de la gracia del yacimiento es precisamente esa: que se encuentra rodeado de materiales escupidos por un volcán relativamente cercano, que junto al estudio de las faunas fósiles y el magnetismo impregnado en sus rocas, permite precisar con inusual exactitud la edad geológica de estos fósiles. Evidencias de sus primitivos utensilios de piedra y exóticas faunas extintas tales como hienas gigantes, tigres con dientes de sable y versiones modificadas de elefantes, avestruces, guepardos, lobos, puercoespines o musarañas acompañan los restos mortales de estos pequeños seres de alrededor de metro y medio de altura.

Figura 5

Figura 5. El bloguero observando en directo los trabajos de extracción del cráneo 5 de Dmanisi.

El hallazgo paralizó prácticamente el resto de la excavación al focalizar todos los esfuerzos en extraer esta pieza en perfecto estado (Figura 5). No merecía menos. Las expectativas de esa campaña se habían superado con creces.

Figura 6Figura 6. La paleoantropóloga María Martinón Torres durante los trabajos de extracción del nuevo cráneo de Dmanisi supervisados por el director de la excavación, David Lordkipanidze.

Y tras varias (largas) jornadas de minucioso trabajo de micropercusión alrededor del quinto cráneo en posturas inverosímiles (Figura 6), llegó el señalado día de Agosto de 2005 en el que éste estaba a punto para su momento de extracción definitiva. Creo que eso sucedió casi dos semanas después de haber sido descubierto. Lamentablemente, quien escribe estas líneas ya estaba de vuelta en casa, y no pudo vivir este tan ansiado momento. Sin embargo, quienes estuvieron presentes aseguran que la mañana pactada para extraer el cráneo (Figuras 7 y 8) amaneció inestable, que a medida que se acercaba el momento, el cielo comenzó a oscurecerse, y que en el mismo momento en que se extraía el cráneo, un relámpago seguido de su correspondiente trueno marcó el inicio de una intensa lluvia que acabó por provocar la estampida masiva de los allí reunidos. Sin duda, esto queda dentro del campo de la simple anécdota. Pero de lo que no cabe duda alguna es de que tras ese hallazgo físico, han debido pasar más de ocho años hasta que se ha hecho público su estudio. Ocho años de restauración, conservación, observación, comparación, descripción y discusión hasta poder plasmar en unas pocas hojas las conclusiones más relevantes derivadas de este fósil sin igual. Sirva esto para poder estimar, grosso modo, el volumen de trabajo oculto sobre cada una de las páginas que conforman las revistas científicas de todo el mundo.

 Figura 7

Figura 7. El cráneo 5 de Dmanisi en un avanzado estado de limpieza mostrando su marcado prognatismo.

Figura 8Figura 8. Vista frontal del cráneo 5 de Dmanisi (D4500) días antes de su extracción definitiva.

En un próximo post entraremos a comentar los aspectos pormenorizados de lo que supone este nuevo cráneo a nivel científico. De momento, quien escribe no puede dejar pasar la ocasión de intentar transmitir una sensación única que pocas personas llegan a experimentar a lo largo de una vida, más allá de lo que signifiquen los resultados científicos.

 

Artículo

(1) Lordkipanidze et al. (2013) A complete skull from Dmanisi, Georgia, and the evolutionary biology of early Homo. Science 18 October 2013, Vol. 342: 326-331. DOI: 10.1126/science.1238484. 

Marc Furió Bruno
Marc Furió Bruno

Investigador del Institut Català de Paleontologia (Universitat Autònoma de Barcelona)

Sobre este blog

"El pasado es el mejor profeta del futuro". Lord Byron.

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