La polémica

Como ya se predijo en el anterior post de este blog, las conclusiones del trabajo de Lordkipanidze y colaboradores (1) no han tardado en levantar una gran polvareda a nivel científico. Cabe recordar que el citado estudio concluía que muchos de los fósiles de homínidos hallados en sedimentos de entre 2 y 1,5 millones de años en África y Asia podrían pertenecer a una única especie. Llegar a esta conclusión se sustentaba en el supuesto de que los cinco cráneos hallados en Dmanisi (Figura 1) pertenecieron a una misma población o al menos a un conjunto de individuos relacionados entre ellos. Previamente otros autores habían ido más allá, llegando a barajar la posibilidad de que los cinco individuos contabilizados hasta la fecha formasen un mismo grupo familiar que hubiera perecido súbitamente (2).

Figura 1. Los cinco cráneos hallados en el yacimiento de Dmanisi muestran una inusual variabilidad

Figura 1. Los cinco cráneos hallados en el yacimiento de Dmanisi muestran una inusual variabilidad. El ejemplar D4500 se representa a la derecha, destacando unos rasgos ciertamente arcaicos dentro del género Homo, tales como un marcado prognatismo y unos contundentes arcos supraciliares. Imagen de Marcia Ponce de León y Christoph Zollikofer (Universidad de Zurich, Suiza), publicada en la página heritagedaily.com (http://www.heritagedaily.com/2013/10/unique-skull-find-rebuts-theories-on-species-diversity-in-early-humans/99245)

En la reciente publicación de Lordkipanidze y colaboradores, se relativizaba la gran variabilidad morfológica de cráneos y mandíbulas mediante morfometría geométrica tridimensional, y se hacían encajar dentro de la variabilidad habitual para ciertos primates, incluida nuestra especie, H. sapiens. El artículo ha sido objeto de una rápida y contundente respuesta por parte de un equipo de paleoantropólogos liderado por Jefrey H. Schwartz (3), quienes según criterios morfológicos clásicos defienden las diferencias interespecíficas dentro del yacimiento, y abogan por la validez de la especie (de momento endémica del Cáucaso) H. georgicus.

A estas discrepancias partiendo de los restos craneales, el equipo investigador liderado por José María Bermúdez de Castro ha querido añadir otros rasgos visibles a nivel mandibular (Figura 2). En el estudio sobre su variabilidad (4) concluyen que hay rasgos diferenciales muy significativos en éstas, que nada tienen que ver con el tamaño o el dimorfismo sexual, pues aparecen en estadios ontogénicos muy tempranos. Esto se opone a la visión de Margvelashvili y colaboradores (5), que recientemente daban su explicación a la diversidad de tamaño y forma recurriendo a la paleopatología y los procesos de remodelado mandibular por desgaste dental. De hecho, las discrepancias sobre la explicación a la variabilidad morfológica de las mandíbulas de Dmanisi no son nuevas, y el tema ya había sido objeto de debate previamente entre otros equipos investigadores (6, 7).

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Figura 2. La gran diferencia entre forma, tamaño y proporciones entre los ejemplares D2600 (a) y D2735 (b) ha suscitado una gran controversia. Modificado de Bermúdez de Castro et al. (4).

En cualquier caso, para Bermúdez de Castro y su equipo, la mandíbula D2600 que encaja con el cráneo recientemente publicado (D4500) presenta unos caracteres muy arcaicos tratándose de Homo. En su estudio se contempla la posibilidad de que en el yacimiento exista una cierta mezcla temporal, y que no todos estos restos fósiles estén asociados a sedimentos de una misma edad. En esta línea, la observación de Javier Baena y colaboradores (8) de que en el yacimiento coexisten dos técnicas de talla de piedra distintas adquiriría un significado muy revelador si se confirmarse una correlación con la estratigrafía. Podría ser que el yacimiento albergase dos etapas distintas, con dos especies distintas de homínidos, e incluso dos técnicas de talla lítica distintas.

 

La importancia de discriminar entre especies

Uno se preguntará hasta qué punto es necesario un debate así. ¿No se exceden los paleontólogos al dedicar tanto esfuerzo a una cuestión tan (aparentemente) banal?  Contundentemente, no. Las consecuencias de que fuese una sola especie o varias las que viviesen o conviviesen durante el Pleistoceno Inferior van mucho más allá del campo de la paleoantropología. Es una cuestión filosófica que se adentra en lo más profundo de nuestra esencia humana y busca las pautas generales de este sendero evolutivo sin retorno. Si queremos saber quiénes somos, debemos saber si nuestro camino fue errante y disperso, con una cladogénesis errática continua, una especiación tortuosa y diferentes "candidatos  al trono", o si más bien fue un destino anunciado, un linaje distinto que ya nos protegía y nos ensalzaba hace dos millones de años como seres "únicos" en la naturaleza.

En la primera opción, distintas especies de homínidos bípedos con capacidad para tallar piedras se habrían disputado las tierras de África (y por lo que ahora conocemos, también parte de Eurasia). Nuestra naturaleza genérica (relativa a Homo) aun nos otorgaría un papel secundario, limitado por factores climáticos, faunísticos, o ambos, donde las distintas especies vagarían por el territorio tras los recursos ambientales que les fueran favorables. Y cuando no fuera así, las presiones naturales se encargarían de favorecer unos genes respecto a otros hasta modificar la frecuencia de unos fenotipos concretos. De esta forma, las especies estarían morfológicamente limitadas para poner en valor los atributos que les diferenciasen (y en su caso les favoreciesen) ante posibles competidores de un nicho ecológico muy cercano. Mantener unas características constantes sería un requisito para la compatibilidad genética, a la vez que una consecuencia de una cierta endogamia y de las limitaciones físicas propias de un ser que no ha adquirido una autonomía suficiente como para desligarse enérgicamente de las constricciones ambientales.

En el segundo supuesto, una única especie se habría alzado con un alto porcentaje del control de la cultura social homínida de la época, sobreponiéndose a las insalvables restricciones para cualquier otro animal, tales como los alimentos o las limitaciones climáticas menos severas. Esto estaría dejando entrever alguna novedad biológica "extraordinariamente ventajosa" para la época, que habría reducido las limitaciones geográficas y morfológicas de esta especie. Y posibles causas no faltan: habilidad refinada en la manipulación de objetos, planificación de acciones o capacidad para el almacenamiento de datos (o todas ellas a la vez), podrían otorgar una ventaja biológica sin igual para poder viajar más allá de los hábitats conocidos por los homínidos hasta entonces. Podríamos estar hablando de la "expansión globalizadora" como un fenómeno intrínsecamente humano, ya presente desde nuestra misma aparición como género. A su vez, esto explicaría la gran variabilidad de H. erectus, que podría quedar libre de restricciones morfológico-funcionales severas al ser suplidas por otras habilidades altamente ventajosas, y que desembocarían en una mayor tasa de supervivencia. De alguna forma, en esta segunda visión de un Homo arcaico con apenas 600 centímetros cúbicos de capacidad craneal de promedio (menos de la mitad de la del actual H. sapiens), ya habría adquirido nuestra característica más notable: una gran capacidad para modificar su entorno y sobreponerse a las variables aleatorias naturales.

Como reflexión final, se podría simplificar la cuestión diciendo que determinar si las especies de homínido representadas en Dmanisi son una o dos, influye en saber si "la esencia de la humanidad" cabe en un cráneo de 600 centímetros cúbicos o no. Si así fuera, deberíamos replantearnos los mecanismos de especiación posteriores que hubieran podido afectar a la evolución humana, sabiendo que este proceso no se detuvo con la aparición de nuestro género. Estos primeros Homo, posiblemente ya conscientes de su propia existencia, aun debieron estar sometidos a presiones ecológicas, sociales, o ambas, que influyeron sobre su fenotipo con el paso del tiempo. Determinar cuáles es nuestro cometido. Sólo respondiendo preguntas de esta índole encontraremos un punto de apoyo al que agarrarnos tras despertar cognitivamente como parte integrante del universo miles de millones de años después del Big Bang.

 

Referencias

(1) Lordkipanidze et al. 2013. A complete skull from Dmanisi, Georgia, and the Evolutionary Biology of Early Homo. Science, 342: 326-331.

(2) de Lumley et al. 2008. Impact probable du volcanisme sur le décès des Hominides de Dmanisi. Comptes Rendus Palevol, 7 : 61-79.

(3) Schwartz et al. 2014. Comment on "A complete skull from Dmanisi, Georgia, and the evolutionary biology of Early Homo". Science, 344: 360a

(4) Bermúdez de Castro et al. 2014. On the variability of the Dmanisi Mandibles. PLoS ONE, 9(2): e88212.

(5) Margvelashvili et al. 2013. Tooth wear and dentoalveolar remodeling are key factors of morphological variation in the Dmanisi mandibles. PNAS, 110(43): 17278–17283.

(6) Skinner et al. 2006. Mandibular size and shape variation in the hominins at Dmanisi, Republic of Georgia. Journal of Human Evolution, 51: 36-49.

(7) Rightmire et al. 2008. Variation in the mandibles from Dmanisi, Georgia. Journal of Human Evolution, 54: 904-908.

(8) Baena et al. 2010. Technical and technological complexity in the beginning: The study of Dmanisi lithic assemblage. Quaternary International, 223-224: 45–53.

Marc Furió Bruno
Marc Furió Bruno

Investigador del Institut Català de Paleontologia (Universitat Autònoma de Barcelona)

Sobre este blog

"El pasado es el mejor profeta del futuro". Lord Byron.

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