Algo que me resulta fascinante en Paleontología es la agilidad con la que unas ideas se suceden a otras en base a la modelización, la experimentación y el hallazgo de nuevos fósiles. Esto es mucho más evidente cuando el tema tratado tiene una cierta ‘pegada’ mediática o cuando hay muchos investigadores centrados en un mismo tema. En mi último post intenté detallar cómo se había evidenciado la actividad carroñera de Tarbosaurus, un tiranosáurido asiático equiparable en dimensiones al famoso Tyrannosaurus rex.  Pues bien, pocos días más tarde se publicaba en la revista Biology Letters un nuevo estudio (1) donde se llevaba a cabo una nueva estimación de la fuerza del mordisco en un adulto y en un juvenil de T. rex mediante modelos virtuales de sus cráneos y mandíbulas.

La modelización requirió de un buen software y toda una serie de premisas: datos obtenidos de bibliografía, estudios previos, suposiciones en orientación y fuerza de músculos masticatorios y una calibración/test del modelo utilizando datos obtenidos en seres vivos actuales. Los resultados bien valen el esfuerzo que refleja el estudio: el mordisco de T. rex podía llegar a ser de promedio 6 veces mayor de los que se había calculado anteriormente en base a las marcas dejadas en los huesos de sus víctimas!

El nuevo modelo estima que los dientes posteriores de un adulto podrían llegar a ejercer fuerzas de entre 35.000 y 57.000 Newtons. A la vista de tales resultados, ahora parece irrisoria la fuerza de entre 6.400 y 13.400 Newtons calculada previamente(2). Pero lo más destacable del estudio es que teniendo en cuenta el crecimiento alométrico de T. rex, se deduce que los individuos juveniles no estaban dotados de un mordisco tan fuerte, ni siquiera a nivel proporcional (al menos no isométricamente). ¿Qué significa esto a nivel ecológico? Pues significa que los tiranosaurios adultos no entraban en competición con los juveniles.

Los T. rex sufrían un cambio de sus proporciones corporales a partir de los 11 años de vida, en un fenómeno equiparable a la pubertad de los humanos. A partir de esta edad era cuando el aparato masticatorio adquiría una mayor importancia, en detrimento de otras cualidades como su capacidad para la carrera o la longitud relativa de sus brazos.  Sin duda, si estos modelos están bien calibrados, aportan una evidencia inequívoca en el cambio de hábitos alimentarios de los T. rex al llegar a una cierta edad. Los adultos de T. rex, concluyen los autores de este estudio, habrían sido especialistas en presas de gran tamaño, apaciguando así la competencia directa con otros dinosaurios carnívoros contemporáneos más ágiles, incluyendo a sus individuos más jóvenes.  El debate ‘carroñero-depredador’ que se cierne sobre los tiranosaurios sigue más vivo que nunca.

 

Referencias

(1) Bates, K.T. & Falkingham, P.L. 2012. Estimating maximum bite performance in Tyrannosaurus rex using multi-body dynamics. Biology Letters. doi:10.1098/rsbl.2012.0056

(2) Erickson, G.M., Van Kirk, S.D., Su, J., Levenston, M.E., Caler, W.E. 1996. Bite-force estimation for Tyrannosaurus rex from tooth-marked bones. Nature, 382: 706–708. doi:10.1038/382706a0.

 

 

Marc Furió Bruno
Marc Furió Bruno

Investigador del Institut Català de Paleontologia (Universitat Autònoma de Barcelona)

Sobre este blog

"El pasado es el mejor profeta del futuro". Lord Byron.

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