Un diente de homínido en Orce

21/03/2013 0 comentarios
Menear

Hace apenas un par de semanas saltaba la noticia a los medios: la localidad granadina de Orce proporcionaba un diente fósil de homínido, que se convertía así en el resto humano más antiguo conocido en Europa occidental. Con casi 1,4 millones de años, este diente avalaba tan antigua presencia humana en la localidad del Pleistoceno inferior de Barranco León.

El de Orce es un caso sin igual dentro de la paleoantropología española, y casi se podría decir que a nivel mundial. Este precioso pueblo andaluz de unos pocos miles de habitantes saltó a la fama hace ya más de tres décadas, gracias al hallazgo de un fragmento craneal, inicialmente identificado como perteneciente a un niño, en sedimentos de casi 1,5 millones de años. En aquel momento, el paradigma dominante sostenía que la ocupación humana en Europa comenzaba a partir del Pleistoceno Medio, hace alrededor de 500.000 años. Por lo tanto, de confirmarse aquel hallazgo, la salida de los homínidos de África triplicaba su antigüedad, al menos en su llegada a Europa. Obviamente, el hallazgo generó una gran polémica, que desgraciadamente se ha mantenido hasta nuestros días. Partidarios y detractores de la humanidad de este fragmento se enzarzaron en una dura batalla científica que puntualmente invadió los ámbitos políticos y personales, incluso entre personal ajeno al campo de la paleoantropología.

Independientemente de si este resto pertenece o no a un niño (no tengo los conocimientos anatómicos necesarios para poderme pronunciar), en la actualidad todas las partes implicadas están de acuerdo en los puntos más importantes. En primer lugar, coinciden en que los sedimentos donde se encontraron tales restos tienen una edad aproximada de 1,5 millones de años. Asimismo, tras los hallazgos durante la década de 1990 en los yacimientos de Atapuerca (Gran Dolina y Sima del Elefante) y Dmanisi (Georgia), nadie duda de la presencia de homínidos en Europa durante el Pleistoceno Inferior. Finalmente, los restos de talla lítica, poco refinados pero inconfundibles, no dejan lugar a dudas de que el ambiente lacustre que dominaba la cuenca de Baza hace más de un millón de años contó con la presencia de representantes del género Homo en sus alrededores. Por eso, estando de acuerdo en los puntos básicos de la importancia paleontológica de Orce, es una lástima que lo que haya motivado la controversia científica y trascendido a la opinión pública, sean aspectos menores de las discrepancias. El registro fósil continental del Plio-Pleistoceno de Orce y de toda la cuenca sedimentaria de Baza es envidiable, uno de los mejores (si no el mejor) de toda Europa Occidental. Lejos de animar la inocente curiosidad de administraciones y ciudadanos, la polémica ha degenerado en una especie de culebrón venezolano, donde los principales perjudicados son los habitantes de un pueblo que pierde año tras año un potencial turismo científico.

La revista Journal of Human Evolution colgó en su página web hace unos días el artículo revisado y corregido en prensa de I. Toro y colaboradores donde se daba a conocer el diente de Orce. Misteriosamente, en estos momentos en los que escribo, la misma revista lo ha retirado por causas que aún no ha dado a conocer. Se rumorea en algunos blogs y notas de prensa que circulan por la red que el artículo ha recibido quejas por no referenciar otros artículos previos que detallaban unos posibles restos humanos e industrias líticas del mismo yacimiento. Parece que la polémica en Orce continúa, independientemente de que salgan a la luz /nuevos?/ restos humanos. Como participante en varias campañas de excavación en susodicha localidad, deseo desde lo más profundo de mi corazón que algún día Orce recupere el lugar que le corresponde en el pensamiento científico colectivo, lejos de las polémicas que oscurecen su verdadera importancia. Los homínidos, y otros muchos animales, estuvieron allí hace más de un millón de años, no cabe la menor duda. Este es un buen momento para volver ilusionarnos con el registro fósil de Orce, dejando de lado las diferencias del pasado.