ConcheroUn basurero puede informarnos, por ejemplo, sobre el componente animal de la dieta de sus creadores, pues los huesos y las conchas permanecen sin descomponerse durante milenios. Gracias a ellos,  podemos conocer qué vertebrados y moluscos eran consumidos por grupos humanos antiguos, una información que resulta muy útil para reconstruir el impacto de las sociedades preindustriales sobre los recursos naturales. La excavación de antiguos basureros ha demostrado la extinción local de numerosas especies de aves marinas debido a la expansión de los polinesios y la desaparición de la vaca marina de Steller (Hydrodamalis gigas) de las Islas Aleutianas debido a la presión de los cazadores-recolectores locales, para ser luego rematada en su último reducto, frente a Kamchatcka, por cazadores rusos durante el siglo XVIII.

El estudio de los basureros también ha permitido demostrar que hasta el siglo X, el pescado de agua dulce constituía el grueso de las especies consumidas por los habitantes de las Islas Británicas. Sólo en las Orcadas, al norte de Escocia, se consumían preferentemente especies marinas, por motivos obvios. Esto indica que  para cumplir con los períodos de abstinencia impuestos por el cristianismo se consumía el pescado disponible localmente. Hasta aquí, nada realmente sorprendente, teniendo en cuenta los problemas existentes en la época para conservar y transportar productos perecederos. Ahora bien, en el siglo XI se produjo un cambio radical; los peces de agua dulce pasaron a representar menos del 30 % de los ejemplares presentes en los basureros, siendo reemplazados principalmente por el arenque (Clupea harengus) y en menor medida el bacalao (Gadus morhua) y otros gádidos. Este patrón se conservó sin cambios durante el resto de la Edad Media y ha seguido así prácticamente hasta la llegada del pescado congelado, durante la segunda mitad del siglo XX.

Existen tres posibles explicaciones para el incremento en la importancia de la pesca marítima como fuente de pescado para los habitantes de las Islas Británicas a partir del siglo XI. En primer lugar, es posible que las poblaciones de peces continentales hubieran disminuido debido a la construcción de represas para los molinos y al incremento de la erosión causada por la expansión de la agricultura durante el Óptimo Climático Medieval. Por otra parte, parece que los métodos para conservar en salazón el arenque y el bacalao se desarrollaron precisamente en esa época. Finalmente, es posible que se produjera algún tipo de mejora en los sistemas de pesca que permitiera capturar con mayor facilidad especies gregarias como el arenque y los gádidos. En cualquier caso, los datos arqueológicos demuestran el nacimiento, hacia el siglo XI y en el Mar del Norte, de una industria pesquera destinada a la exportación, es decir, mucho antes de lo indicado por los documentos escritos.

Algo similar habría sucedido poco después en Noruega, pues los resultados del análisis de isótopos estables de los huesos de bacalao procedentes de los basureros de diversas ciudades ribereñas del Báltico apuntan hacia el mar de Barents como su zona de origen. Asumiendo que el paisaje isotópico del Báltico, el mar del Norte y del mar de Barents no haya cambiado durante el último milenio, lo que es mucho suponer, se puede concluir que hasta el siglo XII la mayor parte del bacalao consumido en el Báltico tenía un origen local, aunque también se importaba una parte no despreciable. En cambio, durante los siglos XIII y XIV el bacalao consumido en Tallin, Uppsala, Gdansk y otras ciudades ribereñas del Báltico procedía principalmente del norte de Noruega. Si esta interpretación resulta correcta, debía existir una pesquería industrial de bacalao dirigida al comercio internacional, ya a finales del siglo XIII. Por otra parte, el consumo de bacalao de origen local habría aumentado nuevamente durante el siglo XV, no sólo en ciudades ribereñas, sino también tierra adentro. Esto sugiere el  desarrollo de una pesquería industrial también el Báltico un siglo depués del desarrollo de la pesquería industrial en el norte de Noruega. Podemos suponer, entonces, que el inicio del impacto humano a gran escala sobre las poblaciones de peces del norte de Europa podría haberse producido ya en la Edad Media.

No obstante, explotación no es necesariamente sinónimo de impacto ecológico relevante. Los concheros del canal de Beagle, en la Tierra del Fuego argentina, atestiguan un descenso continuado de la importancia de los lobos marinos finos (Arctocephalus australis) en la dieta de los antiguos cazadores-recolectores, en paralelo al incremento del consumo de pescado. Esto podría interpretarse como el resultado del agotamiento paulatino de las poblaciones de lobos marinos debidos a su caza continuada durante varios milenios. Sin embargo, el análisis de isótopos estables de nitrógeno de las valvas de cholgas (Aulacomya atra) y lapas (Nacella magellanica) revela un descenso paralelo de la producción primaria marina de la zona durante la segunda mitad del Holoceno. La conclusión es que los antepasados de los yámanas sólo eran capaces de cazar grandes cantidades de lobos marinos cuando la población de los últimos aumentaba notablemente debido a una elevada producción primaria marina. El caer la productividad, descendía la abundancia de lobos marinos y con ella la eficiencia de los cazadores, que pasaban a explotar otras especies entonces más abundantes.

Aún nos falta mucho por conocer a cerca del impacto humano sobre los recursos marinos en el pasado. Carecemos aún de una visión global y hemos de contentarnos con una colección de pequeñas historias locales de mayor o menor interés. Excavar en basureros antiguos, algo no muy atractivo de entrada, y analizar los restos que ahí aparecen nos proporciona la información esencial para llenar ese vacío.

Bibliografía

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Luis Cardona Pascual
Luis Cardona Pascual

Profesor agregado de zoología en el Departamento de Biología Evolutiva, Ecología y Ciencias Ambientales de la Universidad de Barcelona. Centra su investigación de la biología, gestión y conservación de vertebrados marinos, principalmente peces, tortugas y mamíferos.

Sobre este blog

Durante siglos, el mar fue un gran desconocido. Lo ignorábamos todo de un espacio plagado de peligros y habitado por seres fantásticos. Aun hoy, se presenta a los océanos como una de las últimas fronteras. No lo son. La ciencia ha desvanecido las leyendas de un océano tenebroso y ha revelando una realidad fascinante. Intentaremos reflexionar aquí sobre el significado de estos descubrimientos.

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