Cualquier pesquería moderna no regulada acaba colapsándose antes o después. Tal es nuestra capacidad extractiva. Para evitarlo, es necesario ajustar el volumen de capturas a la capacidad reproductiva de la población explotada, algo teóricamente fácil si se dispone de un modelo de poblaciones correcto y de los medios técnicos necesarios para estimar todos los parámetros del mismo. También es necesario disponer de un sistema de registro capaz de documentar de forma rápida y eficaz el volumen de capturas, para cerrar la pesquería una vez alcanzada la cuota. Las dificultades para lograr ambos objetivos son grandes y, sin embargo, el fracaso generalizado de las políticas de gestión pesquera basadas en cuotas globales no radica únicamente en la inexactitud los modelos y en la ineficiencia de los sistemas de registro. Reside, principalmente, en la forma en que los pescadores toman sus decisiones.

     Una pesquería gestionada mediante el establecimiento de una única cuota de pesca anual constituye un juego de suma cero. En esta situación, las ganancias de cada participante constituyen necesariamente pérdidas para los otros, porque el tamaño del mercado ha sido fijado de antemano; es la cuota establecida para esa especie en ese caladero. En la jerga profesional, dicha cuota se denomina TAC, siglas de total allowed catch o, forzando mucho el idioma, total autorizado de capturas.

     Los pescadores son los últimos cazadores-recolectores de Occidente. Para ellos, todo pescado que permanece en el mar tras una jornada de pesca es una captura perdida. Por eso, siempre desean tener un barco mayor. Esta pulsión, intrínseca a un oficio de resultados inciertos, se convierte en la única decisión razonable en cuanto se impone una cuota global. Esto se debe a que el tiempo efectivo de pesca es el factor individual más importante para determinar el éxito de un pescador en una pesquería gestionada mediante una cuota global. Y a su vez, el tiempo efectivo de pesca depende, en gran medida, del tamaño del barco, pues con él aumenta la potencia de los motores, la seguridad para operar con mala mar y la capacidad de bodega.

       Pero en un juego de suma cero, si uno gana, otro pierde. Algunos pescadores lograran capturar una fracción de la cuota total superior a la que les correspondería si aquella se repartiera a partes iguales. Pero otros no, porque no se habrán arriesgado los suficiente en al compra del barco, habrán tomado decisiones equivocadas sobre dónde realizar los lances, no se atreverán a navegar con fuerza 6, querrán pasar algunos días más en casa o, simplemente, tendrán mala suerte y perderán el aparejo o se les averiará la hélice. Los perdedores no podrán ganar suficiente dinero para devolver los préstamos solicitados y se verán en un aprieto.

     Hasta aquí, nada que no suceda en cualquier otro negocio, desde la venta de churros a la comercialización de estilográficas. Pero existen dos matices importantes. En primer lugar, la dinámica competitiva provoca la sobrecapitalización de la flota, porque cada pescador habrá comprado el barco más grande que podía y, en conjunto, el dinero invertido en la flota habrá superado al valor de las capturas. Ciertamente, algunos pescadores podrán  devolver holgadamente sus préstamos, pero la mayoría no lo logrará y, en conjunto la pesquería estará arruinada. Y con ella, quines le prestaron el dinero.

     En semejante situación, la mayor parte de los empresarios de otros sectores abandonarían la actividad, por ruinosa, salvo en la automoción, la minería del carbón y algún otro. Pero los pescadores no. Para ellos, sus problemas nacen de una  cuota artificial, impuesta arbitrariamente por la Administración. Como la flota tiene capacidad para pescar el doble, el triple o el cuádruple de la cuota original, por decir algo, la sobrecapacidad generada por la competencia se presenta a menudo como la solución. Los pescadores podrían pescar más (si les dejaran), ya que en el mar esos peces existen (los biólogos no saben nada), pero no se les deja capturarlos por culpa de unos modelos inexactos y por la manía de proteger a los peces y no a los pescadores. Se entra sí en es un círculo vicioso, en que la presión para lograr mayores  cuotas no cesa de aumentar, y la capacidad de los peces para reproducirse no deja de disminuir en paralelo al incremento de las cuotas.

     Una forma de cambiar la situación es repartir la cuota global de forma equitativa entre los pescadores, es decir, establecer una cuota pesquera transferible (CPT o más conocida como ITQ, del inglés individual transferable quota). En este nuevo escenario, tener un barco grande seguirá ayudando, pero ya no será el factor decisivo para tener éxito. Que un pescador logre alcanzar su cuota individual dependerá sólo de su pericia, y de la suerte, pero no de las decisiones de los restantes pescadores. El pescador ya no competirá con otros pescadores, sino sólo contra el mar y los peces. El incentivo para cambiar a un barco mayor se diluirá, alejando la flota de la sobrecapitalización y de la sobrecapacidad.

     Allí donde se han aplicado, las cuotas pesqueras transferibles han logrado mejorar notablemente la situación de las poblaciones explotadas. Además, han roto la dinámica de reclamar permanentemente cuotas cada vez mayores. Por eso, la Comisión Europea, en la recientemente aprobada reforma de Política Pesquera Común, ha optado por introducirlas, aunque no en todas las pesquerías.  Y lo ha hecho con una serie de salvaguardas destinadas a evitar los problemas de concentración de cuotas detectados, por ejemplo en Nueva Zelanda.

      Sin embargo, a los pescadores, la idea de implantar CPTs, nos les ha gustado nada. Cada uno de ellos está convencido de ser el mejor pescador del mar, el único que realmente sabe de peces y de pesca. Para ellos, mejor poder pelear por una fracción del TAC, que asumir las limitadas expectativas impuestas por las CTPs. Aunque puestos a elegir, lpara ellos lo mejor sería la ausencia de regulación alguna, porque ¿para qué dejar peces en el mar si mañana nadie sabe seguirán estando ahí?

 

Bibliografía

Clark, C.W. 2006. The worldwide crisis in fisheries. Economic models and human behaviour. Cambridge University Press.

Longhurst, A., 2010. Mismanagement of marine fisheries. Cambridge Univesity Press.

Worm, B. et al. 2009. Rebuilding global fisheries. Science 325: 578-585.

Luis Cardona Pascual
Luis Cardona Pascual

Profesor agregado de zoología en el Departamento de Biología Evolutiva, Ecología y Ciencias Ambientales de la Universidad de Barcelona. Centra su investigación de la biología, gestión y conservación de vertebrados marinos, principalmente peces, tortugas y mamíferos.

Sobre este blog

Durante siglos, el mar fue un gran desconocido. Lo ignorábamos todo de un espacio plagado de peligros y habitado por seres fantásticos. Aun hoy, se presenta a los océanos como una de las últimas fronteras. No lo son. La ciencia ha desvanecido las leyendas de un océano tenebroso y ha revelando una realidad fascinante. Intentaremos reflexionar aquí sobre el significado de estos descubrimientos.

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