El difícil retorno de la corvina

05/05/2015 2 comentarios
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Algunas especies desaparecen sin hacer ruido. Con el tiempo, se vuelven cada vez más raras y tras años de observaciones cada vez más espaciadas, acaban por desvanecerse. Suelen ser organismos de pequeño tamaño, difíciles de observar e inconspicuos. Cuando existían, sólo unos pocos conocían su existencia. Ahora que ya no están, aún son menos quienes lamentan su pérdida. Pero incluso especies de gran tamaño pueden desaparecer sin que nos demos cuenta.

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La corvina (Argyrosomus regius) es un pez de hasta dos metros de longitud y ochenta quilos de peso, propio de fondos arenosos someros. Es una especie típica del Atlántico africano subtropical, pero hasta la década de 1960 estaba presente en gran parte de las costas mediterráneas. En España, abundaba en Andalucía occidental y frecuentaba tanto el litoral valenciano y catalán como la bahía de Palma. Pero al contrario de lo sucedido con otras especies subtropicales, su abundancia en las costas del Mediterráneo español no ha hecho sino disminuir durante los últimos años.

Hoy la única pesquería comercial española de corvina se encuentra en el Golfo de Cádiz y la especie se puede considerar prácticamente extinta en Cataluña y Baleares, sin que nadie la añore. Por algún motivo, este soberbio depredador nunca formó parte del imaginario colectivo de los habitantes del Mediterráneo español. En la bahía de Cádiz, los pescadores creían ver una imagen de la Virgen esculpida en sus macizos otolitos y los llevaban colgados de una cadena, como amuletos. Pero en las zonas de habla catalana, el reig nunca fue popular. Hoy, muy poca gente en la Comunidad Valenciana y Cataluña sabe que, hasta hace unas décadas, las corvinas cazaban muy cerca de la costa, prácticamente allí donde ahora nos bañamos, como atestigua esta vieja foto, tomada en la playa del Prat de Llobregat (Barcelona).

La extinción local de la corvina en el litoral mediterráneo parece ligada a la regulación de los ríos mediante presas y la correspondiente reducción del caudal. Para reproducirse, la corvina forma grandes agregaciones en ambientes someros y turbios, donde los peces logran emparejarse gracias los sonidos producidos  mediante músculos especiales asociados a la vejiga natatoria. Aunque las zonas de puesta pueden ser salobres, una salinidad baja no resulta imprescindible para la reproducción, como demuestra el hecho de que la bahía de Lévrier, en Mauritania, sea una de las principales zonas de freza de la especie, junto al delta del Nilo y el estuario de la Gironde (Francia). Sin embargo, la regulación de los ríos, destinada a garantizar el abastecimiento de agua de boca y de riego y a evitar inundaciones, ha reducido también el transporte de sedimentos. Es posible que de este modo se hayan alterado las condiciones necesarias para la reproducción; quizás el agua no sea lo suficientemente turbia, aunque desconocemos cuál ha sido realmente el parámetro clave.

Paralelamente a la extinción local de la corvina, se ha desarrollado su cultivo comercial. Aunque crece rápido y su carne es excelente, no ha logrado una buena aceptación en el mercado. En España su producción no alcanza las 4000 toneladas, no porque existan problemas para su cría, sino por falta de demanda. Por algún motivo, nadie asocia su nombre a un producto de calidad, al contrario de lo que sucede con el salmón, la dorada y la lubina. Quizá sea el color grisáceo mate de su piel una vez muerta, muy diferente del brillo metálico que asociamos al pescado fresco.

En cualquier caso, el desarrollo de la tecnología para la cría en cautividad de la corvina ha permitido iniciar en Mallorca un programa de reintroducción. Pero no basta con liberar peces nacidos en cautividad para restaurar una población extinta. En primer lugar, porque es necesario eliminar las causas que provocaron la extinción; en este caso se trataría de recuperar el hábitat de puesta. Por si fuera poco, los animales nacidos en cautividad pueden tener problemas para adaptarse al medio natural. Así, el estudio del crecimiento y de la dieta de las corvinas liberadas en Mallorca y pescadas con posterioridad ha demostrado problemas de adaptación durante los primeros meses en libertad, asociados a una baja tasa de crecimiento y una dieta dominada por decápodos y no por peces, como sería lo normal en peces de su misma talla. Ciertamente, algunos de esos animales han logrado sobrevivir más de un año, así que seguramente sea posible  lograr el establecimiento de una población reproductiva salvaje a largo plazo. Pero aún estamos lejos de ello. Será necesario liberar muchos ejemplares y, además, restaurar las zonas de puesta, algo difícil si hablamos de un pez fantasma, que nadie conoce salvo un puñado de pescadores y biólogos.

 

Bibliografía

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Gil, M.M., Palmer, M., Grau, A., Deudero, S., Alconchel, J.I.,  Catalán, I.A. 2013. Adapting to the wild: the case of aquaculture-produced and released meagres Argyrosomus regius. Journal of Fish Biology 84:10–30.

Lagardère, J.P., Mariani, A. 2006.Spawning sounds in meagre Argyrosomus regius recorded in the Gironde estuary, France. Journal of Fish Biology 69: 1697-1708

Quéro, J. C. 1989. Le maigre, Argyrosomus regius (Asso) (Pisces, Sciaenidae) en  Méditerranée occidentale.  Bulletin de la Société zoologique de France 14: 81-89.