El mar está frío para los lagartos

24/07/2015 0 comentarios
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Los tetrápodos han vuelto una y otra vez al mar tras evolucionar en tierra firme. Tortugas marinas, delfines, alcas, focas, y pingüinos son varios ejemplos de esta readaptación al medio marino a partir de ancestos terrestres. Sin embargo, los lagartos no han tenido mucho éxito en desandar este camino. 

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La iguana marina de las Galápagos (Amblyrhynchus cristatus) es el único lagarto marino del mundo, aunque tampoco es muy marina que digamos. Sí, de acuerdo, en los documentales se las ve sumergidas en los rompientes, sujetas a las rocas con las garras mientras arrancan algas a bocados. Pero como suele suceder con la mayor parte de lo emitido por televisión, esas imágenes sólo reflejan la parte más espectacular de la realidad. Porque las iguanas marinas de las Galápagos pasan la mayor parte del tiempo fuera del agua, asoleándose en la orilla. Cuando tienen hambre, la mayoría se conforman con chapotear en la orilla durante la bajamar a la búsqueda de algas. Sólo los grandes machos, con un peso superior a 1,8 kilogramos, bucean activamente para alimentarse; sólo ellos aparecen en los documentales.

A primera vista, la existencia de una única especie de lagarto marino en todo el mundo no debería sorprendernos, pues los reptiles son, al fin y al cabo, animales terrestres. Fueron ellos quienes, dentro de los vertebrados, lograron independizarse por completo del agua gracias al desarrollo del huevo amniótico y de la epidermis queratinizada. ¿Por qué deberían, entonces, existir lagartos marinos?

Ciertamente no existe ninguna obligación para ello, pero desde sus primeros pasos en tierra firme, hace unos 380 millones de años, los tetrápodos han vuelto al mar una y otra vez. Entre los reptiles actuales existen siete especies de tortugas marinas y unas sesenta especies de serpientes marinas, así como dos especies de cocodrilos parcialmente marinos. Además, en el pasado existieron numerosas especies de cocodrilos marinos y otros grupos de grandes reptiles del Mesozoico (plesiosaurios, ictiosaurios y mesosarurios) fueron exclusivamente marinos. Cabe decir que en esa época también existieron tres grupos de lagartos marinos (aigialosaurios, dolicosaurios y mososaurios), todos ellos emparentados con los varánidos. Este detalle resulta importante, porque los varánidos son los mayores lagartos actuales y además uno de los pocos grupos con especies asociadas en cierto modo a medios acuáticos.

Por otra parte, actualmente existen numerosas tortugas y serpientes de agua dulce, hábitat ocupado así mismo por la mayoría de los cocodrilos actuales. En cambio, entres los lagartos sólo algunos varanos y los basíliscos, emparentados con las iguanas, son parcialmente acuáticos. Por si fuera poco, en las serpientes y en las tortugas la transición al medio acuático se ha producido de forma independiente en varias ocasiones. Así que la escasez de lagartos acuáticos resulta, en realidad, muy intrigante, sobre todo pensando en las numerosas especies que habitan pequeños islotes con poco alimento. ¿Por qué no se aventaran bajo el agua a la búsqueda de comida?

Obviamente, la necesidad de poner huevos en tierra firme no es una limitación para colonizar el mar, como demuestran las tortugas marinas y algunas serpientes marinas ovíparas. Tampoco lo es la necesidad de eliminar el exceso de sales del agua marina, pues tanto las tortugas marinas como la iguana marina o los cocodrilos han desarrollado, de modo independiente, sistemas para hacerlo. La necesidad de respirar aire no resulta un escollo insalvable, pues todos los tetrápodos marinos siguen haciéndolo. En realidad, lo que limita la capacidad de los lagartos para colonizar el mar es su temperatura.

Al igual que los restantes reptiles actuales, los lagartos son ectotermos, es decir, su temperatura corporal depende de la temperatura exterior. Pero a diferencia de los restantes reptiles actuales, los lagartos han evolucionado para ser operativos a temperaturas corporales muy elevadas, situadas generalmente entre los 35 y los 40 ºC. Para lograrlo, la mayoría deben exponerse al sol un buen rato antes de empezar a cazar. Sólo algunas especies, como las salamanquesas, son operativas a temperaturas netamente inferiores, lo que les permite ser nocturnas. Lo mismo sucede con las tortugas y las serpientes, capaces de ser operativas a temperaturas muy inferiores a las de muchos lagartos y por lo tanto con numerosas especies nocturnas. Entre los lagartos, los varanos parcialmente acuáticos son operativos a temperaturas algo más bajas que el resto, generalmente inferiores a los 33 ºC

La temperatura del agua marina rara vez supera los 26 ºC en la superficie de los mares tropicales, disminuyendo rápidamente con la profundidad. En estas condiciones, incluso el Caribe resulta frío para un lagarto. ¿Cómo se las apaña entonces la iguana de las Galápagos, que además vive en una zona de afloramiento de aguas frías? Pues pasando la mayor parte del tiempo asoleándose en la orilla. Únicamente cuando ha alcanzado la temperatura corporal adecuada (36 ºC) se adentra en el agua, saliendo en cuanto su cuerpo alcanza los 26 ºC.

En este punto es necesario recordar que la disipación del calor desde un animal acuático hacia el medio circundante depende de la relación entre la superficie y el volumen corporales. Este cociente disminuye con la talla, por lo que una iguana grande pierde calor mucho más despacio que una pequeña. Además, el tiempo que un animal de respiración aérea puede pasar sumergido depende directamente de su tasa metabólica. Como la tasa metabólica presenta alometría negativa con el tamaño corporal, cuanto mayor sea el animal, más tiempo puede pasar sumergido. Así que para ser acuático, un lagarto necesita ser grande.

Todo esto explica por qué únicamente los grandes machos de iguana marina de las Galápagos se sumergen para comer. Los jóvenes y las hembras simplemente se enfrían demasiado rápido como para que les salga a cuenta hacerlo. Esta necesidad de mantener una temperatura corporal elevada también explica por qué los lagartos han tenido menos éxito en colonizar el mar, y las aguas dulces, que otros grupos de reptiles capaces de operar a temperaturas inferiores. Y también explica por qué los únicos lagartos marinos conocidos han sido un iguánido actual y varios parientes mesozoicos de los varanos; sólo los miembros de estas familias alcanzan un tamaño corporal lo suficientemente grande como para disipar lentamente el calor almacenado en sus cuerpos tras asolearse en la orilla. De todos modos, ignoramos cómo termorregulaban los lagartos mesozoicos, aunque quizas fueran endotermos, como las actuales tortugas laúd (Dermochelys coriacea).

Así que cuando una pequeña lagartija de las que habitan los islotes de las Baleares cae por casualidad al mar, no tiene muchos incentivos para permanecer allí. Simplemente, el agua está demasiado fría para ella, incluso en pleno verano.

 

Bibliografía

Trillmich, K.G.K., Trillmich, F. 1986. Foraging strategies of the marine iguana Amblyrhinchus cristatus. Behavioral Ecology and Sociobiology 18: 259-266.

Wikelski, B. et al. 1993. Ontogenetic changes in food intake and digestion rate of the herbivorous marine iguana (Amblyrhinchus cristatus, Bell). Oecologia 94: 373-379.