El resurgir del espadín

31/12/2012 0 comentarios
Menear

    La fauna del Mediterráneo es una mezcla de especies boreales y especies subtropicales. Las primeras penetraron durante las fases glaciales del Pleistoceno, sobreviviendo a las fases cálidas acantonadas en el Golfo de León, el alto Adriático y el Egeo. Por el contrario, las especies subtropicales invadieron el  Mediterráneo durante las fases cálidas del Pleistoceno, refugiándose durante las glaciaciones en el Golfo de Sirte y las costas del Próximo Oriente. Actualmente, y debido al cambio climático, las especies subtropicales se vuelven cada vez más abundantes a lo largo de las costas europeas del Mediterráneo, mientras las especies de origen boreal desaparecen de las regiones meridionales de la cuenca y se rarifican en las costas europeas.

    El espadín (Sprattus sprattus) es una de estas últimas. La presencia en el Mediterráneo de este pariente del arenque (Clupea harengus) es antigua, como atestiguan los datos moleculares y las diferencias morfológicas que permiten diferenciar a la subespecie mediterránea (Sprattus sprattus phalericus) de las propias del Atlántico europeo y del Báltico. Hasta la década de 1970,  el espadín era lo suficientemente abundante en las islas Baleares como para registrarse en las estadísticas de pesca, pero desde entonces parece haber desaparecido de las aguas del archipiélago. En Cataluña nunca parece haber sido abundante, pero en el Golfo de León sí, hasta el punto de soportar  una pesquería relativamente importante. No obstante, también en esa región la población de espadín entró en declive hace unas décadas, cayendo de forma continuada los desembarques pesqueros en los puertos del sur de Francia. El declive del espadín fue tan acusado que a menudo se lo citaba como uno de los ejemplos más claros de las consecuencias del cambio climático sobre las especies boreales presentes en el Mediterráneo.

    Y sin embargo, el espadín parece haber resurgido en el Golfo de León,  a tenor de los resultados de varias pescas experimentales realizadas este año por el IFREMER. En ellas se capturaron básicamente espadines y medusas, junto a unas pocas sardinas (Sardina pilchardus) y anchoas (Engraulis encrasicolus). ¿Cómo es posible que el espadín sea ahora la especie de pequeño pelágico más abundante si hace apenas dos décadas su extinción parecía inminente? ¿Se ha revertido el cambio climático y estamos entrando en una nueva glaciación? ¿O bien el espadín se ha adaptado a la nueva situación? Nada de ello. Simplemente se han encadenado varios años buenos para el reclutamiento del espadín debido a inviernos relativamente fríos.

    El tamaño de las poblaciones  de peces marinos suele establecerse durante su fase larvaria, cuando la tasa de supervivencia varía enormemente en función de las condiciones oceanográficas. Las diferencias son de tal magnitud que a menudo la dinámica de una pesquería queda profundamente influida por estas variaciones en el reclutamiento. Así sucedió con la población de anchoa de Golfo de Vizcaya, que se colapsó a mediados de la pasada década debido a tres o cuatro años seguidos de mal reclutamiento. En cambio, el reclutamiento de arenques en el mar del Norte registra fuertes incrementos periódicos, que se traducen en la aparición de cohortes excepcionalmente numerosas, cuyo impacto en la pesquería se prolonga durante varios años.

    El rango de temperatura adecuado para el desarrollo de las larvas del espadín se sitúa entre 5 y 12ºC, aunque los huevos son viable a temperaturas de hasta 17ºC. Actualmente, la temperatura superficial del agua en la mayor parte del Mediterráneo occidental rara vez disminuye por debajo de los 13ºC, lo que explica la desaparición del espadín de las islas Baleares y de Cataluña. En cambio, en el Golfo de León, la temperatura suele descender hasta los 12ºC y en ocasiones hasta los 11ºC. Por eso el espadín sigue presente en la región, aunque seguramente no puede reproducirse con éxito todos los años. Si nos fijamos en la temperatura superficial del Golfo de León durante la última década, veremos que fue los suficientemente baja como para permitir  la reproducción del espadín  entre 2002 y 2005 y nuevamente en 2010, es decir, uno de cada dos años. Seguramente, un buen reclutamiento en 2010 explica el aparente resurgir de la especie, aunque también revela cual es su talón de Aquiles, pues si 2010 no hubiera sido frío, la reproducción del espadín se habría visto comprometida y la viabilidad de la población en riesgo.

    El espadín madura sexualmente al año de vida y  vive un máximo de seis, aunque la mayor parte de los ejemplares mueren antes de los cinco años. Esto significa que si se suceden más de seis años cálidos seguidos, los ejemplares de la última cohorte morirán sin haberse reproducido y la población desaparecerá.  Lo contrario sucede, por ejemplo, con la carpa (Cyprinus carpio) en el sur de Suecia. Este pez de agua dulce sólo se reproduce cuando la temperatura del agua supera los 18ºC, algo que en el sur de Suecia sólo sucede una vez cada diez años de media. Ahora bien, la carpa pueden vivir más de veinte años, gracias a lo cual cada ejemplar se reproduce al menos una vez en su vida en el sur de Suecia y la carpa puede sobrevivir en una región donde su reproducción resulta inviable la mayor parte de los años e imposible si nos fijáramos únicamente en la temperatura media estival. Sin embargo, la corta vida del espadín le hace más vulnerable a periodos largos de bajo o nulo éxito reproductivo.

    Por otra parte, tanto la anchoa como la sardina escasean cada vez más en el Golfo de León debido a la sobrpesca, lo hace aumentar la abundancia relativa del espadín, aunque la absoluta no varíe. Tampoco  puede descartarse la existencia de fenómenos competitivos entre estas tres especie y que en un contexto de intensa explotación pesquera el espadín se vea favorecido, aunque no tenemos ningún dato en el que sustentar esta hipótesis. Pero en cualquier caso, cuando se encadenen más de seis años seguidos con una temperatura invernal superior a los 13ºC en el Golfo del León, el espadín seguramente se extinguirá definitivamente, a menos que se nos pase por alto algún detalle importante de su biología. Por lo tanto, el aparente resurgir del espadín bien podría ser el canto del cisne de esta especie en el Mediterráneo occidental.

Bibliografía

Costalago, D. 2012. Trophic ecology of small pelagic fish in the north-western Mediterranean. Tesis Doctoral, Universidad de Barcelona.

Debes, P.V., Zachos, F.E., Hanel, R. 2008. Mitochondrial phylogeography of the European sprat (Sprattus sprattus L., Clupeidae) reveals isolated climatically vulnerable populations in the Mediterranean Sea and range expansion in the northeast Atlantic. Molecular Ecology  17, 3873–3888.

Francour, P., Boudouresque, C.F., Harmelin, J.G., Harmelin-Vivien, M.L., Quignard, J.P. 1994. Are the Mediterranean waters becoming warmer? Information from biological indicators. Marine Pollution Bulletin 28: 523-526.

Peck, M.A., Baumann, H., Bernreuther, M., Clemmesen, C, Herrmann, J-P., Haslob, H., Huwer, B., Kanstinger, P., Köster, F.W., Petereit, C., Temming, A., Voss, R. 2012. The ecophysiology of Sprattus sprattus in the Baltic and North Seas. Progress in Oceanography 103: 42-57.