Pardelas devoradoras de sardina y petreles comedores de pienso

18/01/2018 0 comentarios
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La humanidad ha alterado el mar hasta extremos difíciles de imaginar. No sólo hemos modificado la abundancia de las especies, transformado la composición de las comunidades y variado la extensión de los ecosistemas. También hemos cambiado la dieta de numerosas especies, bien al reducir la abundancia de sus presas naturales, bien al ofrecerles acceso a nuevas fuentes de alimento.

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El paíño es una de las especies de aves marinas cuya dieta ha variado en el Mediterráneo occidental fruto de la actividad humana. [Foto: Martin Lofgren]

No todo el pescado capturado se lleva a puerto. Una parte apreciable, en torno al 40 % para las flotas de arrastre del Mediterráneo, se arroja de nuevo al mar tras ser levado a bordo. Los motivos son diversos y van desde la falta de valor comercial hasta la prohibición de desembarcar ciertas especies y clases de talla. La importancia de estos descartes para las aves marinas ha sido documentada desde hace tiempo y sus efectos sobre la demografía de ciertas especies, como la gaviota de Audouin (Ichthyatus audouinii), son bien conocidos. Menos conocidos resultan, en cambio, ciertos cambios en la estructura de las redes tróficas marinas derivados de la utilización de los descartes.

La sardina (Sardina pilchardus) y la anchoa (Engraulis encrasicolus) son las dos especies de pequeños peces pelágicos más abundantes sobre la plataforma continental y el talud superior del Mediterráneo occidental. En general, la biomasa de sardina es muy superior a la de anchoa, por lo que no debería sorprendernos que la primera sea el principal componente de la dieta de numerosas aves marinas en la región. La sorpresa salta al analizar la dieta de los peces depredadores, pues la sardina es como mucho una especie secundaria durante el verano, tras otras como la anchoa o los jureles (Trachurus spp.). ¿A qué se debe esta diferencia? Pues muy posiblemente a la peculiar distribución de la sardina y al efecto de los descartes pesqueros.

Durante el verano, la sardina se concentra en zonas muy concretas de la parte superior de la plataforma continental, caracterizadas por una temperatura del agua más fresca y elevados niveles de fitoplancton. En cambio, otras especies de pequeños peces pelágicos se distribuyen de forma mucho más homogénea por la plataforma continental. En consecuencia, para muchos depredadores pelágicos resulta más sencillo localizar y alimentarse de anchoas y jureles que de sardinas. No sucede lo mismo con los pescadores, que tienden a pescar más sardina que anchoa gracias a la proximidad de la primera a la costa y a la existencia de sondas capaces de localizar fácilmente los cardúmenes. La sardina también domina los descartes de la flota de arrastre cuando trabaja cerca de la costa, pues se estropea muy fácilmente al ser capturada con este aparejo y suele ser devuelta la mar. Y ahí reside una de las claves del misterio.

La mayor parte de las aves marinas presentes en el Mediterráneo durante el verano no bucean (gaviotas) o lo hacen a poca profundidad (pardelas). ¿Cómo se las apañan entonces para captura peces? De forma natural, dependían de la acción de otros depredadores, como delfines y atunes, que atacan a los cardúmenes de pequeños pelágicos desde abajo. Para intentar huir, los peces se acercan a la superficie, pero entonces resultan vulnerables a las aves. El descenso de las poblaciones de grandes depredadores y la proliferación de barcos de arrastre, fáciles de localizar desde el cielo, ha llevado a las aves a depender de estos últimos para alimentarse. Por lo tanto, si la sardina es la especie más descartada, es también la más consumida.

No sucede lo mismo con los peces depredadores, incapaces de encontrar a los barcos de arrastre sin salir a la superficie y por lo tanto incapaces de aprovechar sus descartes. Por lo tanto, es muy posible que históricamente, los peces depredadores y las aves marinas utilizasen las mismas presas, principalmente peces pelágicos diferentes de la sardina. En cambio, ahora existen dos redes tróficas paralelas, una asociada a la pesca de arrastre y dependiente en gran medida de la sardina, y otra basada en las otras especies de pequeños peces pelágicos e independiente de los descartes.

Pero el caso más sorprende es el del paíño (Hydrobate pelagicus). La dieta de esta pequeña ave oceánica no buceadora es muy mal conocida, pero parece basarse en el zooplancton asociado a la superficie del mar, el llamado neuston. Sin embargo, los marcadores químicos que nos informan de su nivel trófico presentan valores sorprendentemente elevados, más coherentes con una dieta ictiófaga. La razón para dicha discrepancia no puede ser más sorprendente. La principal colonia de cría del paíño en el Mediterráneo español se encuentra en un islote del litoral de Murcia y los paíños parecen consumir de forma abundante los restos de pienso que floran entorno a las granjas marinas de la zona. Trabajos previos ya habían indicado la dependencia de especies como el jurel mediterraneo (Trachurus mediterraneus) de los restos de pienso de las granjas marinas. Pero que también dependa parcialmente de ellos un ave como el paiño, símbolo del mar abierto, demuestra hasta dónde llega nuestro impacto en las redes tróficas marinas.

 

Bibliografía
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