Aunque era muy atractivo, esta orientación planteaba demasiadas preguntas inquietantes. Además de las preocupaciones habituales en relación con la interpretación de las "obras", muchos se preguntaron si existía alguna justificación para suponer que los pobladores paleolíticos poseían una capacidad estética moderna esencial que pudiese ser llamada "arte". Si no fueran capaces de poseer esa capacidad, se concluiría que las pinturas de las cuevas eran simplemente eso, pinturas, y se procedería a intentar arrojar un poco de luz sobre la mente Paleolítica.

Frustrados debido que no se conseguía llegar a nada claro para poder entender los símbolos paleolíticos, algunos empezaron a buscar alternativas para su explicación. Una de las más convincentes vino de la mano del arqueólogo cognitivo David Lewis-Williams.

Después de haber estudiado el arte rupestre a lo largo y ancho del mundo, Lewis-Williams se dio cuenta de que ciertos tipos de símbolos aparecían regularmente en el tiempo y en el espacio, es decir, que se encontraban las mismas pinturas en lugares muy alejados físicamente y en distintas épocas –aunque permitiendo siempre un tiempo geológico en el que existiese la misma especie de homínido-. Este dato es muy llamativo, ya que estamos en el paleolítico, no hay Internet, ni televisión, ni mensajería, ni siquiera ferias o comercio, es decir, la probabilidad de que los pueblos que realizaron estos símbolos recurrentes llegaran a haber entrado en contacto los unos con los otros, es muy pequeña, por no decir que nula.
En otras palabras, el hecho de que distintos pueblos paleolíticos hayan llegado a realizar los mismo "dibujos" no se puede explicar por "difusión cultural", si no que tiene que haber otra explicación.

Debido a este fenómeno Lewis-Williams llama a estos símbolos recurrentes "formas entópicas".

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Cómo se podría entonces esta similitud de formas en el arte rupestre de todo el mundo? Lewis-Williams aporta un modelo neuropsicológico: las imágenes son el resultado de una arquitectura cerebral cognitiva universal.

Nuestros cerebros están construidos para procesar de una manera particular la información visual y llevar a cabo funciones específicas relacionadas con los sentidos. Diversos trabajos científicos han comprobado que cuando experimentamos estados alterados de conciencia (EAC) y llegamos a la etapa de estallido alucinatorio, las imágenes mentales que generamos –y percibimos- son las mismas –o muy similares- a lo largo del tiempo y el espacio. Es decir, que una persona de España del S XXI bajo los efectos de una determinada droga alucinógena experimenta las mismas alucinaciones que un habitante de Groenlandia del S X.

Según lo que sabemos gracias a la etnografía y la etnohistoria sobre los EAC y los chamanes, el autor concluye que las formas entópicas son derivadas de prácticas chamanísticas; es decir, que los chamanes son los responsables de las pinturas rupestres encontradas en las cuevas de toda Europa. Este argumento es potente ya que se ajusta al principio de parsimonia y se basa en un fundamento biológico.

Sin embargo, en 2004, Kevin Sharpe y Leslie Van Gelder sugirieron que unas estrías de hace 13000 años encontradas en la cueva de Rouffignac, Francia, fueron realizadas por niños. En el 2006 estos mismos autores confirmaron experimentalmente estos resultados precisando que fueron niños de entre 2 y 5 años de edad los que hicieron esos "dibujos". Por si esto fuera poco, este año, una estudiante de doctorado de la Universidad de Cambridge, Jessica Cooney, descubrió que los niños paleolíticos fueron responsables de mucha más "arte" en Ruffignac de la que se creyó en un principio; afirmación que tiraba por tierra la explicación chamanística.

Teniendo esto en cuenta, la explicación más plausible es que los símbolos encontrados en diversas cuevas paleolíticas de Europa no son más simples "dibujos" realizados por la razón que fuera, quizá con un significado ritual o simplemente para pasar el rato. La "coincidencia" que se da entre zonas alejadas espacial y temporalmente puede que sea debido a la posesión de una arquitectura cerebral y mecanismo de percepción e interpretación de la información sensorial similar, como apuntaba Lewis-Williams, pero sin tener que recurrir a un estado alterado de conciencia.

Referencias

-Lewis-Williams, David, & Dowson, T.A. (1988). «The Signs of All Times: Entoptic Phenomena» en Upper Palaeolithic Art Current Anthropology, 29 (2), 201-245
-Sharpe, Kevin, & Van Gelder, Leslie (2006). «Evidence for Cave Marking by Paleolithic Children» en Antiquity, 80 (310), 937-947
-http://www.cam.ac.uk/research/features/prehistoric-pre-school/

Julio Rodríguez
Julio Rodríguez

Científico, Biólogo, Doctor en Medicina Molecular, psicólogo, escritor y divulgador. Diagnóstico genético en Fundación Pública Galega de Medicina Xenómica (FPGMX).

Investigador en genética de trastornos psiquiátricos en la Fundación Instituto de Investigación Sanitaria (FIDIS) y la Universidad de Santiago de Compostela (USC).

Trabajé un tiempo en la Universidad de Oxford y en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) de Madrid.

Colaboro divulgando ciencia con Ángel Carracedo en @RadioGalega y @radiocarbasSER

 "Prevenir el narcisismo" y "Lo que dice la Ciencia sobre educación y crianza" son mis libros de divulgación.

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