Los seres humanos somos grandes cooperadores. Existen numerosos y robustos estudios transculturales sobre el tema y los resultados muestran que ya los niños pequeños están psicológicamente adaptados para la cooperación, mientras que los primates más cercanos a nosotros no.
    Las actividades cooperativas requieren que las personas tengan que invertir recursos y esfuerzo en la búsqueda de objetivos conjuntos a largo plazo, ignorando la satisfacción inmediata y teniendo que confiar en que los otros con los que están cooperando también la retrasarán.
    Por ejemplo, para que las personas compartan su comida con otros deben resistir la tentación inmediata comérsela ellos mismos. Asimismo, un científico que participe en un proyecto de colaboración tiene que invertir parte de su tiempo de ocio en desempeñar una actividad que no es solo para él, y además tiene que confiar que sus colegas también lo están haciendo.
    Las capacidades para realizar estas acciones son las mismas que las que son necesarias para operaciones colectivas a gran escala con problemas tales como el cambio climático, en las que los individuos deben limitar el consumo de sus recursos individuales a favor del objetivo común a largo plazo de conservar el medio ambiente.

    La cooperación, por lo tanto, requiere capacidades como el control inhibitorio y demora de la gratificación. El esfuerzo cognitivo que exige esto se considera el principal impedimento para que conductas de este tipo no sean la tónica general en el reino animal.
    Sorprendentemente, aunque la "postergación de la gratificación" es un tema central en la psicología evolutiva, y a su vez es una característica nuclear para que se den actividades cooperativas, nunca se ha investigado en un contexto de toma de decisiones cooperativas en el que ambos participantes tengan que confiar el uno en el otro para conseguir un objetivo común.
    En el presente estudio se utilizó una versión modificada del famoso "Test de Marshmallow" sobre la "postergación de la gratificación" en la que los que los niños solo se veían recompensados si ambos miembros de la pareja demoraban la gratificación.
    Se utilizaron niños de 5-6 años de dos poblaciones culturalmente distintas (Alemania y Kenia), para evitar el sesgo de las sociedades occidentales, a los que se les dio la siguiente instrucción:


Este es tu lugar, y esta es tu galleta.
El [Niño 2] también tiene una galleta y los dos jugáis un juego juntos.
Tengo que irme en un minuto.
Ambos podéis comer vuestras galletas ahora,
o podéis esperar hasta que yo vuelva.
Si, cuando yo vuelva, ambas galletas siguen ahí y estáis ambos todavía sentados,
ambos obtendréis una segunda galleta.
Si alguno de vosotros se come su galleta antes de que yo vuelva,
ninguno de vosotros obtendrá una la segunda galleta;
vosotros elegís.

    Los datos obtenidos de esta situación cooperativa de confianza se compararon con una situación de test individualista (cada niño se vería beneficiado o perjudicado por su propia decisión de posponer la gratificación), y otra de dependencia (la decisión del [Niño 1] es la que perjudica o beneficia a ambos, independientemente de lo que haga el [Niño 2]).

    Los resultados mostraron que los niños logran postergar la gratificación más veces y más tiempo en la condición de cooperación, a pesar de que ello implica confiar en que su pareja retrase también la gratificación.

    Esto sugiere que, desde el inicio del desarrollo, los niños tienen tendencia a asumir los riesgos sociales inherentes a la toma de decisiones cooperativas, y están psicológicamente equipados para ello. Es decir, que los niños están más dispuestos a retrasar la gratificación para fines cooperativos que para fines individuales.
    Finalmente, resaltar que estos hallazgos suman una evidencia transcultural al creciente campo de resultados que muestran que, desde el principio, los niños prefieren, encuentran más placer, y están más motivados para participar en actividades cooperativas que individualistas o egoístas.

    También indican que la capacidad de postergar la gratificación no es un rasgo fijo de la personalidad, sino que depende del contexto en el que se usa; esto sugiere que actuar sobre este sentido de interdependencia de todos los seres humanos puede ayudar a fomentar comportamientos cooperativos a escala global.

Referencias
Children Delay Gratification for Cooperative Ends Rebecca Koomen, Sebastian Grueneisen, Esther Herrmann First Published January 9, 2020

Julio Rodríguez
Julio Rodríguez

Científico, Biólogo, Doctor en Medicina Molecular, psicólogo, escritor y divulgador. Diagnóstico genético en Fundación Pública Galega de Medicina Xenómica (FPGMX).

Investigador en genética de trastornos psiquiátricos en la Fundación Instituto de Investigación Sanitaria (FIDIS) y la Universidad de Santiago de Compostela (USC).

Trabajé un tiempo en la Universidad de Oxford y en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) de Madrid.

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 "Prevenir el narcisismo" y "Lo que dice la Ciencia sobre educación y crianza" son mis libros de divulgación.

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