La sincronía interpersonal está muy extendida en la cultura humana y los grupos no humanos. Esto es porque la sincronización interpersonal, tanto a nivel conductual como fisiológico, contribuye a la configuración del grupo, aumentando la cooperación, el gusto recíproco y el vínculo relacional. A su vez, la cooperación y la coordinación entre individuos son componentes centrales del desarrollo social, y esta agrupación social ha sido crucial para la supervivencia y el éxito reproductivo de los individuos. Por eso el carácter social del ser humano es universal en todas las culturas, porque es una característica biológica que ha sido fijada por la evolución por su beneficio para la supervivencia y el éxito reproductivo.

Es un hecho que los grupos que son más cohesivos tienden a ser más efectivos que los grupos que son menos cohesivos.

A nivel neural, la prueba fehaciente de que somos seres sociales, y ese comportamiento ha sido seleccionado por la evolución, se ve reflejado en la existencia de la activación del circuito de recompensa en el cerebro y la actividad de las neuronas espejo ante actividades prosociales y grupales.

Este es un mecanismo evolutivo que facilita el vínculo social, la cohesión grupal y el sentido de pertenencia. Surge durante la infancia a través de la sincronía entre padres e hijos y luego se convierte en la piedra angular del desarrollo social. Esta experiencia temprana de sincronía afecta el desarrollo del cerebro y se vuelve fundamental para potenciar la autorregulación, la empatía y el juego simbólico.

En los grupos más amplios existe la sincronización diádica de cerebro a cerebro en actividades tan diversas como por ejemplo la emergencia de liderazgo o la participación de los estudiantes en la clase, lo que apoya la dinámica de grupo.

Más allá de la activación neuronal, la coordinación interpersonal y la cohesión grupal se pueden producir -y medir- mediante parámetros fisiológicos, como son los patrones cardíacos y respiratorios, que muestran el acoplamiento del Sistema Nervioso Autónomo (SNA), y correlacionar estos con los resultados de test que midan la cohesión grupal. Esto se puede comprovar en tareas tan simples como la coordinación durante la acción de tocar con el dedo rítmicamente, que en un estudio reciente demostró que proporcionaba puntuaciones elevadas de afiliación, comportamiento prosocial y cooperación.

Si se produce una buena sincronía fisiológica temprana en el proceso grupal, se conseguirá una mayor coordinación conductual, lo que se traducirá en un mayor rendimiento y eficiencia, así como satisfacción y sentido de pertenencia. La prueba de esto es que al medir la sincronía de los intervalos entre latidos (IEL) del corazón, se encontró que cuanto más sincronizados estaban los componentes del grupo, mejor era su coordinación conductual.

Se considera que el IEL durante las interacciones sociales no amenazantes es parte del "sistema de participación social", un mecanismo que surgió durante la evolución para apoyar y facilitar las interacciones sociales. Este sistema permite cambios sutiles en el IEL de acuerdo con las demandas de la interacción social. Además, estas sutiles modulaciones son mediadas por neuromoduladores específicos (oxitocina y vasopresina) que están ampliamente implicados en el vínculo, el apego y la sociabilidad.

En definitiva, la sincronización fisiológica y conductual aumenta la cohesión grupal, promueve la coordinación y cooperación interpersonal, y originar sensaciones positivas de pertenencia a grupo, incrementando el rendimiento, la satisfacción y la efectividad en la realización de tareas conjuntas.

 

Referencias

Gordon, I., Gilboa, A., Cohen, S., Milstein, N., Haimovich, N., Pinhasi, S., & Siegman, S. (2020). physiological and Behavioral Synchrony predict Group cohesion and performance. Scientific Reports, 10(1), 1-12.

Julio Rodríguez
Julio Rodríguez

Científico, biólogo, doctor en medicina molecular, psicólogo, escritor y divulgador. Diagnóstico genético en Fundación Pública Galega de Medicina Xenómica (FPGMX). Investigador en genética de trastornos psiquiátricos en la Fundación Instituto de Investigación Sanitaria (FIDIS) y la Universidad de Santiago de Compostela (USC). Trabajé un tiempo en la Universidad de Oxford y en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) de Madrid. (Perfil científico)

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Prevenir el narcisismo y Lo que dice la ciencia sobre educación y crianza son mis libros de divulgación.

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