Una variante genética hace que seamos más glotones

01/11/2018 0 comentarios
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La conducta de ingesta de alimentos está dirigida en gran medida por dos sistemas biológicos: el sistema homeostático que regula la sensación de hambre y saciedad, y el sistema de placer, que regula la recompensa y el apetito. Comer es necesario para estar vivos, cuando la reserva energética disponible es baja, el hambre nos indica que tenemos que comer; y cuando lo hacemos, el circuito de placer nos recompensa con una sensación de bienestar por haber hecho lo correcto; esto además nos "engancha" a ese acto para que repitamos en el futuro.

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La conducta de ingesta de alimentos está dirigida en gran medida por dos sistemas biológicos: el sistema homeostático que regula la sensación de hambre y saciedad, y el sistema de placer, que regula la recompensa y el apetito. Comer es necesario para estar vivos, cuando la reserva energética disponible es baja, el hambre nos indica que tenemos que comer; y cuando lo hacemos, el circuito de placer nos recompensa con una sensación de bienestar por haber hecho lo correcto; esto además nos "engancha" a ese acto para que repitamos en el futuro.

Este último sistema está implicado también en otras conductas dirigidas por el placer y que si se practican descontroladamente pueden acabar provocando adicción, como son la conducta sexual, el consumo de drogas y alcohol, la participación en juegos de azar o algunas actividades consumistas.

En este circuito juegan un papel crucial las endorfinas y sus receptores. Las endorfinas son hormonas para las cuales existen receptores en el sistema nervioso (cerebro y médula espinal) por lo que al ser liberadas tienen efecto sobre el comportamiento, produciendo analgesia (disminución del dolor físico) y sensación de bienestar. Por eso mismo, a las endorfinas se les llama vulgarmente "las hormonas de la felicidad". Sustancias análogas a estas endorfinas son las drogas opiáceas como la heroína o la morfina. Estas sustancias se unen a los receptores de las endorfinas en el cerebro, produciendo las mismos efectos que éstas, pero mucho más potentes, con lo que su grado de adicción también es mucho mayor.

Teniendo esto en cuenta, un grupo de investigación canadiense, dirigido por el profesor Kennedy del centro de adicciones y salud mental de Toronto, se planteó la posibilidad de que los genes que codifican para los receptores de endorfinas, podrían estar relacionados con el hecho de que haya personas que presentan una mayor avidez por la comida, presentando cuadros de comportamiento similares a los de un adicto. Los resultados de este estudio fueron publicados en la revista International Journal of Obesity, y demuestran que una variante genética del receptor de endorfinas MU1, está asociada con una mayor tendencia a comer demasiado y con una mayor preferencia por los dulces y la comida rica en grasas.

Los investigadores estudiaron diferentes variantes genéticas del gen oprm1, que codifica para el receptor opiáceo MU1, y las preferencias culinarias y conducta de ingesta en un grupo de 300 individuos de ambos sexos, con edades superiores a los 25 años, y que gozaban de una buena salud.

Los científicos encontraron que los individuos con las variantes G/G en uno de los marcadores funcionales estudiados, tenían una preferencia mayor por los dulces y la comida rica en grasas que los individuos que no poseían esa variante del gen. Además de esto, los investigadores también vieron que estas preferencias se relacionaron claramente con conductas que implicaban una ingesta excesiva de comida, lo que a su vez estaba correlacionado con un alto índice de masa corporal y riesgo de obesidad.

Teniendo esto en cuenta, los autores concluyeron que una parte del comportamiento de preferencia por los dulces y la comida rica en grasas puede deberse a factores genéticos, concretamente, a las variantes existentes del gen del receptor opiáceo MU1, que está implicado en el circuito de recompensa. Estos resultados, de ser confirmados, pueden ser de un gran valor desde un punto de vista de la salud pública, ya que los portadores de esta variante genética tienen más tendencia al consumo de este tipo de comida y a consumirla en mayor cantidad, por lo tanto, tienen un riesgo mayor de sufrir obesidad y enfermedades cardiovasculares. Teniendo esto en cuenta, el saber qué variante genética tiene un individuo en particular puede acabar desembocando en la elaboración de un tratamiento personalizado dependiendo del caso, con lo que se ganará en eficacia y seguridad para el paciente.

Referencias
Davis C, Zai C, Levitan RD, Kaplan AS, Carter JC, Reid-Westoby C, Curtis C, Wight K, & Kennedy JL (2011). Opiates, overeating and obesity: a psychogenetic analysis. International journal of obesity (2005) PMID: 21266954